Carlos Flores

Residuos urbanos | Edgardo Cozarinsky

 

Pongo en relación tres textos, uno literario, los otros dos periodísticos. Transcribo el primero sin modificación alguna. En los siguientes reordeno la información, estorbada por ripios, sintaxis y ortografía erráticas, frecuentes en los matutinos de Buenos Aires.

(a) Cuando yo vivía en Nápoles, había en la puerta de mi palacio una mendiga a la que yo arrojaba monedas antes de subir al coche. Un día, sorprendido que no me diera nunca las gracias, miré a la mendiga; entonces vi que lo que había tomado por una mendiga mas bien era una cajón de madera, pintado de verde, que contenía tierra colorada y algunas bananas medio podridas. (Max Jacob: Le Cornet à Dés, 1917, incluido por Borges y Bioy Casares en su antología Cuentos breves y extraordinarios.)

(b) En Corrientes y Libertad, un hombre de unos 30 años sufrió diversas heridas tras ser arrojado dentro de un camión recolector de basura. Se hallaba en esa esquina, en situación de calle, durmiendo en un container de residuos del gobierno de la Ciudad. El camión recolector, con la ayuda de dos empleados, enganchó el contenedor para arrojar la basura a la compactadora y el hombre cayó dentro del vehículo. Se salvó por cuestión de segundos ya que su presencia fue detectada por las cámaras internas del camión. Tras el episodio, el hombre fue retirado en estado de inconciencia. Fue trasladado por una ambulancia al hospital Argerich. Las cámaras internas del vehículo lo detectaron cuando estaba a punto de ser compactado. (La Nación, 25-04-2014.)

(c) Un policía de la Federal reconoció que vio a una mujer durmiendo en un contenedor de residuos en Retiro, avenida del Libertador 0-50, la madrugada en que los empleados de la empresa recolectora declararon que, como la mujer se negaba a salir del contenedor, habían dado aviso a un patrullero. Un suboficial le pidió que saliera del contenedor en el que dormía. Según su relato, la mujer le dijo que se había peleado con su familia pero “que ya se iba a arreglar”. El suboficial aseguró que vio a la mujer retirarse del lugar, pero admitió que no tomó sus datos. Se trataría de (—), de 31 años y oriunda del Chaco; sufría de esquizofrenia y estaba en Buenos Aires con su madre para recibir un tratamiento psiquiátrico. El 16 de mayo salió del hotel en el que se alojaba y no regresó. Su cuerpo fue hallado el martes en una de las cintas clasificadoras de residuos en el predio de la Ceamse en José León Suárez. La autopsia determinó que había sufrido un traumatismo cráneo-facial. (La Nación, 07-06-2014.)

En el texto de Max Jacob opera la ironía. Invierte lo que sería una perspectiva convencionalmente insensible, considerar al mendigo como un desecho al que se arrojan al pasar unas monedas: reconocimiento rápido, poco costoso, de coparticipación en la especie humana, que no llega a comprometer la mirada, preservada de un espectáculo (que se supone) sórdido. Es sumamente eficaz el cierre del breve relato (“y algunas bananas medio podridas”) con la palabra más intensa – “podridas” – reforzada por el adverbio que hubiese debido mitigarla – “medio” – y en cambio delata la precisión de la mirada.

En los recortes periodísticos, es la persona “en situación de calle” – eufemismo que merecería una desarticulación minuciosa –, no necesariamente un mendigo, quien es incluido en la basura, en un caso recuperada in extremis por la mirada virtual de una cámara de vigilancia, en el otro solo identificada post mortem en un vaciadero municipal. La gente “sin techo” – aproximación gradual a la renuncia del eufemismo – ha buscado para dormir un contenedor de basura. En él han hallado refugio, y con la basura terminaron mimetizándose, hasta el punto de correr peligro de ser “compactados” – otra palabra que merece atención – con ella, en el primer caso, o en el segundo terminar efectivamente en un vaciadero de basuras. La ironía juguetona de Jacob tiene su reflejo invertido en la parquedad del informe periodístico, en la ausencia de énfasis con que el diario registra estos episodios.

Un siglo, apenas, separa estos textos. Aun sin devoción por las lecturas historicistas, puede medirse ese lapso por algunos datos, como una nota al margen del texto.

Hace poco más de un siglo, en 1914, estalló la primera guerra mundial. Una crisis diplomática avivó los nacionalismos latentes, cayeron cuatro imperios y murieron en las trincheras nueve millones de civiles arrastrados por esos mismos gobiernos que iban a caer. Muchos de esas víctimas perecieron asfixiadas por los gases tóxicos que se experimentaban por primera vez.

Max Jacob, que se había convertido al catolicismo en 1915, estaba retirado en un monasterio en 1942, cuando la Francia ocupada por el nacional-socialismo impuso el porte de la estrella amarilla a los judíos; en solidaridad con dos hermanas, un hermano y un cuñado, deportados a Auschwitz, decidió coserla a su hábito. Poco después fue arrestado. En el campo transitorio de Drancy, una pulmonía le permitió morir antes de que pudiese ser también él embarcado hacia Auschwitz, donde los adelantos de la industria química permitieron que otro gas, el Zyklon B, liquidara a los prisioneros.

En los años 1960, los Estados Unidos emplearon napalm en su guerra de Vietnam, quemando vivas a poblaciones civiles junto con guerrilleros del Vietcong. Esa gasolina gelatinosa, ensayada en su forma experimental en 1945 en el bombardeo de Dresde y en Japón, iba a conocer una versión más eficaz, usada por Irán,  Irak, Israel, Serbia, y muchos otros estados, en esas guerras civiles que, como predijo Ernst Jünger hacia 1944, iban a suplantar en el futuro a las guerras mundiales.

A fines del siglo xx y principios del xxi, ya no parece necesario recurrir a la química. La economía triunfante ha convertido en fenómeno masivo lo que era antes marginal: no tener techo, perder el que se tenía, vivir en la calle, convertir al individuo en residuo.

A modo de puntos suspensivos, añado: estar a punto de ser “compactado” por un camión recolector de basura o, de no intervenir salvación in extremis, terminar en un basural.

Carlos Flores

Carlos Flores