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Cinécdoque: Entrevista con Luis Reséndiz | Valeria Villalobos

(WEB)

“El pensamiento se enciende cuando las luces se apagan”, dice Luis Reséndiz (Coatzacoalcos, 1988) con motivo de la experiencia implícita en una sala de cine. Ver una película y dirigirle la atención es detonar una reacción en cadena de ideas, sentimientos y futuras realidades: el cine nos configura. Cinécdoque (Ciudad de México: Dharma Books + Publishing, 2017. pp. 189) reúne más de una docena de ensayos, algunos inéditos y otros previamente publicados, dedicados al análisis y crítica de la industria del llamado “cine comercial” y sus prejuicios.

Para Reséndiz el cine configura nuestra realidad. Es un arte que ha adoctrinado nuestra mirada, que nos ha ayudado a moldear nuestros miedos y nuestros deseos. Ha estructurado los ideales de muchos de los más comunes sentimientos y emociones. Nos ha enseñado a conmovernos, a sospechar y, desde luego, a temer. Por ello, Cinécdoque analiza películas que se han infiltrado en el imaginario colectivo de nuestra época, filmes como It, Star Wars o Back to the Future; pero también estudia las épocas de su generación analizando los medios de consumo, de producción y las razones personales y comerciales que motivaron a ciertos directores a elaborar estas grandes cintas.

Reséndiz también compara el impacto económico y social que tuvieron estas obras, indaga en la industria de la producción cinematográfica que las posibilitó, sus costos y las estrategias multimillonarias (o aparentemente multimillonarias) implicadas en su creación. Asimismo, nos encontramos con apuntes sobre la necesidad, o necedad, de ciertas secuelas y precuelas, y consideraciones sobre las estrategias comerciales de los “blockbusters de arte” y los blockbusters de bajo presupuesto que han resultado ser una enorme mina de oro.

Mientras el autor realiza este análisis, retoma y cita a expertos de la industria del cine: críticos, directores, actores o productores que han pasado a la historia; desde luego, no sin una buena dosis de crítica aguda y socarrona. Sin dejar atrás el humor, Reséndiz retoma las escenas más representativas del cine de los últimos 40 años, las ridiculiza, y, de paso, se mofa de conceptos como “cine de arte” o “cine comercial” para proponer unos más puntuales como “cine de abuelitas”.

Reséndiz hace de su dinámico libro un espacio íntimo, constantemente nos remonta a la experiencia del cine en casa: el cine permanencia voluntaria de Canal Cinco, las antenas de conejo y los ya extintos videocentros. A su vez, el autor nos deja entrar en su vida personal. Describe algunos traumas infantiles, la distorsión de ciertas conductas que le ha generado el cine, así como su relación con su padre. Con una fuerte atención a su iniciación como crítico de cine, Reséndiz expone las películas que fueron sus propios monstruos de infancia y el camino que lo acercó cada vez más al séptimo arte.

Sin pretensiones de tener la última palabra en la discusión, Luis Reséndiz en Cinécdoque acomete con humor y destreza una acertada crítica a favor del “cine popular” y cuestiona con simplicidad las disciplinadas definiciones, los rígidos conceptos y los acríticos prejuicios en torno a las películas que se han vuelto un referente social y que han ayudado a encuadrar nuestra realidad.

 

  1. Cuéntanos ¿cómo llegaste al mundo del cine?

Llegué porque en casa había televisión y los niños nos quedábamos solos y la televisión estaba ahí. Mis primeras películas las vi en televisión, muchas veces en la señal abierta, con defectos de doblaje, traducción y hasta los infames cortes censuradores o reductores que en esos tiempos (y ahora, pero en menor medida) poblaban a las películas que pasaban. Es decir, ya es un lugar común decirlo, pero pues qué es una entrevista sin lugares comunes salidos de la premura con la que se contesta: freudianamente, al cine llegué desde niño y nunca lo he dejado.

  1. ¿Cómo fue el proceso de gestación de Cinécdoque? ¿Qué buscas con él y qué no simplemente no pretendes?

Cinécdoque nació llamándose Videotepec, que era el nombre de un blog en WordPress que abrí para escribir de cine además de los espacios más formales en los que publicaba. Después, pensé que podría escribir una novela, una historia tipo Stardust Memories pero con un crítico de cine viejo como protagonista, una idea terrible, vaya, y pensaba intercalar ensayos y comentarios sobre crítica entre los capítulos, como si fueran textos del personaje y no míos, pero al final me di cuenta de que la trama era horrible y deseché la idea. Finalmente, tomé un cuaderno, le pegué la palabra “Cinécdoque” en la portada y empecé a llenarlo de apuntes a mano. Al mismo tiempo, revisé textos viejos y me di cuenta que marcaban un rumbo un tanto involuntario: fue ahí cuando decidí apropiarme de ese rumbo —es decir, el del cine hollywoodense— y recorrerlo a cabalidad, con compromiso y disciplina, agotarlo. Cinécdoque no bastó para lograrlo, así que habrá que seguir caminando.

  1. ¿De dónde viene el título?

Del blog de crítica cinematográfica que mantuvieron Alonso Ruvalcaba, Mauricio González y Gabriel Lara Villegas. Yo leía ese blog cuando conocí a Alonso y un día pensé que ese era mejor título que Videotepec. Le pedí permiso, aclaro (aunque ya una vez que lo había hecho). Me lo apropié porque me parecía perfecto para definir el oficio del crítico: como uno no alcanza todas las dimensiones de una obra —sería imposible realizar un trabajo totalizante con todas las películas que se analizan, y al final acaso el crítico no sería crítico sino un loquito que dedicó su vida a una o dos películas: qué dicha poder ser ese loquito—, toma algunas características y a partir de ahí empieza a desgranar la mazorca. Es decir, toma uno la parte para explicar el todo, es decir, realiza crítica mediante la sinécdoque.

  1. En tu libro realizas un análisis de ciertos blockbusters que se han vuelto clásicos populares, como Star Wars, La bruja de Blair o Indiana Jones, ¿por qué dedicarte a la crítica cinematográfica de este tipo de filmes cuando lo que parece está creciendo y llamando la atención de la crítica es el “cine independiente”?

Varias razones: salvo honrosas excepciones, la crítica de cine en México me parece una escena más bien gris, y mucho de eso se debe a su denodada resistencia a acometer el cine popular desde una perspectiva seria —formal, principalmente, pero también social y discursiva—. Se le desprecia, vaya. Y a mí me gusta la basura de todo tipo: me gustan los comics, los superhéroes, me gusta la piratería. Encuentro más fascinante el desprestigio que el prestigio. Y el cine popular, por popular, no es prestigioso, o no siempre, o se acostumbra mirarlo como por encima del hombro… En ese sentido, pues, no me interesa escribir sobre las honduras de Haneke —a quien disfruto muchísimo y es uno de mis directores favoritos— sino de las de Volver al futuro, que son masivas y acaso nos son más comunes. El cine independiente me gusta (vaya, ni siquiera encuentro diferencia a la hora de ver películas entre uno y otro) pero de ese ya se escribe mucho y bien (y a veces no tan bien); prefiero escribir del cine que ve más gente y que pocas veces se aborda con seriedad y rigor desde espacios no-académicos, aunque los espacios académicos tampoco lo abordan tanto como uno quisiera.

  1. En tu libro cuentas un par de divertidas anécdotas sobre las visitas a los videocentros o cineclubes, ¿cómo crees que plataformas como Netflix están cambiando la industria del cine? ¿Y cómo es que estas plataformas han cambiado tu experiencia personal del cine?

La cambian en la medida de que amplían o cambian, de nuevo —la primera vez fue con los formatos domésticos—, los alcances y las formas en que se ve el cine. Uno pensaría que la cambian mucho, pero lo cierto es que hay acá dos factores: el primero, que millones de personas descargábamos y veíamos películas en nuestras computadoras o dispositivos desde hace años; el segundo, que muchos más millones no lo hacían o les daba pereza o solo lo hacían si no tenían que descargar nada. El uso de torrents y p2p, aunque masivo, no es mayoritario entre las audiencias, y entonces Netflix —como suele suceder en el capitalismo— toma una idea, la limpia, la despoja de rugosidades (los derechos de autor, por ejemplo, que se omitían feliz y flagrantemente en los p2p) y la presenta, ya reluciente, a una audiencia mucho mayor. Todo bien con la idea, al menos en principio, pero los problemas llegan cuando nos damos cuenta de que Netflix es tan solo una tajadita de un enorme pastel de cine que estamos perdiéndonos. En alguna clase le puse Bowling for Columbine a mis alumnos, y algunos estaban fascinados, y una alumna me dijo, al terminar la sesión que dejó la película a la mitad, que la terminaría de ver en Netflix. Cuando le dije que no estaba ahí se sorprendió mucho, y le dijo a una amiga suya que no sabía que había películas que no estaban en Netflix. Fue una cosa asombrosa para mí, que crecí entre los cines que pasaban películas de hace seis meses a un precio irrisorio o a 2 x 1 o con permanencia voluntaria, videoclubes, los puestos de películas pirata y los p2p, es decir, con el conocimiento factual de que existe un universo de cine fuera del streaming. Y sí: justo en la semana veía un tuit de alguien que decía que tenía Prime Video, Netflix, Mubi y no recuerdo qué otras plataformas de streaming pagado, y ni una película de George A. Romero disponible. El streaming es fabuloso, y las producciones que Netflix saca a granel también tienen lo suyo, pero existe cierto riesgo de perder la memoria cinematográfica si no se complementa con una sólida colección en formatos físicos y/o digitales.

  1. Es muy interesante que en uno de los capítulos de Cinécdoque recuperas el término “clásico instantáneo”, término que parece un oxímoron difícilmente conciliable. Sin embargo, citas a Humberto Beck para aclarar una de las interpretaciones del concepto: “¿Puede la cultura contemporánea, tan dada a la aceleración y la fragmentariedad, ser capaz de generar un clásico? Desde luego, siempre y cuando el clásico se origine bajo las modalidades de esa misma cultura. En la actualidad, el único clasicismo posible es el instantáneo” ¿Qué crees que lleva a una película a conseguir ese título?

El clásico instantáneo es una especie de termómetro donde podemos medir la recepción de una obra. Hoy en día, muchas películas alcanzan las características del clásico —las lecturas múltiples, la resonancia entre las audiencias, la presencia, pues, en la mente colectiva— pero lo hacen también de forma instantánea, y una vez pasado el tiempo, su permanencia se revela efímera. Pasa con muchas de las películas de Marvel, por ejemplo. Pero existe, también, el clásico instantáneo que se mantiene, que sobrevive: es el caso de, digamos, Mad Max: Fury Road, una película que alcanzó todas las características del clásico apenas unas semanas después de haberse estrenado y hoy continuamos hablando de ella, dos años después, que en tiempo internet son como dos siglos. Esa es una película que permanecerá: su clasicismo en efecto habrá sido instantáneo.

  1. En tu libro mencionas varias experiencias donde revisitas filmes, ¿qué te lleva a volver a ver una película?

Son varias las cosas: la primera es que me guste —The Social Network es una película que habré visto una docena de veces y nunca he escrito nada sobre ella, por ejemplo—, la segunda es que me obsesione —The Social Network no me obsesiona, aunque la disfruto enormemente; por el contrario, Volver al futuro me gusta y me obsesiona—, la tercera es que tenga que escribir de ella. Debido a que casi no reseño estrenos —o los reseño brevemente, en Twitter, Letterboxd o en unas cápsulas de minuto y medio que filmo en la productora donde trabajo—, y debido también a que me gusta escribir ensayos extensos, mayormente llego a un acuerdo con mis editores para que me publiquen revisiones más o menos exhaustivas de sagas que cumplen años, clásicos que urge recordar o películas que reciben una secuela tardía. Ahora mismo estoy terminando una semana maratónica en donde vi nueve películas de El planeta de los simios (una saga que me gusta, me obsesiona y de la que tengo que escribir), y creo que todavía me echaré unos episodios de la serie. Ya veo simios en todos lados. No es queja.