Lilia Luján

Los elegidos | Roberto A. Cabrera

 

Gregorio: Esperaremos la llamada.

Simón: ¿Y si no telefonea?

G.: Esperaremos.

S.: ¿Y si llama cuando hayamos salido?

G.: No saldremos.

S.: Tarda mucho esa llamada.

G.: Aún no es tarde.

S.: ¿Te dijo que llamaría hoy?

G.: Eso dijo. ¿Acaso lo dudas?

S.: ¿Cuándo te lo dijo?

G.: Ayer, cuando le entregué los cuadernos.

S.: ¿Le diste el mío?

G.: No, el tuyo lo olvidé. Se lo daremos cuando nos cite.

S.: Olvidaste el mío.

G.: No importa. Lo leerá. Eso es seguro. Y oiremos su palabra.

S.: ¿Qué dijo cuando le entregaste los cuadernos?

G.: Los aceptó, en silencio.

S.: En silencio…

G.: Su frente estaba ensombrecida. Su mirada, perdida, lejana…

S.: La visión.

G.: Los impuros han alzado los estandartes. Lo arramblarán todo. Por eso nos ha convocado.

S.: Suena la hora de la guerra bastarda.

G.: Por eso nos ha convocado.

S.: También a los de la tierra de nadie, esos tibios.

G.: También a ellos.

S.: Pero ellos…

G.: Es la hora definitiva. Él ha querido contar también con ellos.

S.: Pero ellos no moverán sus lenguas.

G.: Y, sin embargo, resistirán. Porque los impuros les cortarán la lengua. Y no distinguirán entre los corazones firmes y los tibios. A todos nos ahogarán la voz.

S.: Eso no es posible.

G.: Las falsas monedas se impondrán. Esas palabras sucias. Y la Voz se apagará. Y todo misterio. Y toda elevación.

S.: ¿Y lo que nos debe ser revelado?

G.: Nadie lo oirá. No habrá sino oídos supurantes. Y las lenguas, cortadas.

S.: ¿Y la luz? ¿Y las palabras que incendian? ¿Y su perfecta inmovilidad? ¿Y el fulgor que da respuestas? ¿Y la senda? ¿Y la verdad del agua?

G.: Cenizas.

S.: No lo permitiremos.

G.: Por eso él nos ha convocado.

S.: Por eso le esperamos.

G.: Para salvar la Voz.

S.: Para salvarnos.

G.: Para que la luz no se extinga.

S.: Para que las palabras incendien.

G.: Para que la misión prevalezca.

S.: Y seamos ligeros y audaces.

G.: Y no perdamos la senda que nos ha elegido.

S.: Y seamos dignos de ella.

G.: Y que no pierdan nuestros pies la firmeza.

S.: Ni se extravíen en la tierra de nadie.

G.: Él nos llamará a nosotros.

S.: Esperaremos su llamada.

G.: Y habrá leído los cuadernos.

S.: No habrá leído el mío.

G.: Lo olvidé.

S.: ¿Cómo pudiste olvidarlo?

G.: Lo olvidé. Pero lo leerá. Él lo leerá.

S.: Necesito escuchar su voz, sus silencios.

G.: Lo leerá.

S.: A veces basta la inclinación de su frente. O un ligero fruncir de sus cejas.

G.: Cuando inclina así la cabeza.

S.: Eso puede significar su aprobación.

G.: O un justo desprecio.

S.: Y entonces hay que quemar el cuaderno.

G.: Y estrenar otro. Con humildad.

S.: Sin descanso.

G.: Él nos ha escogido.

S.: ¿Y somos dignos de ello?

G.: Nos llamará.

S.: Lo ha prometido.

G.: Pero no llamará a los tibios. A los de la tierra de nadie. Eso lo haremos nosotros. Cuando él nos llame. Cuando nos convoque. Es justo que así sea.

S.: Por tibios.

G.: Por renegar de la senda.

S.: Por transitarla a trechos.

G.: Como por azar.

S.: Como por descuido.

G.: Es un insulto.

S.: Nos basta el silencio del maestro.

G.: Esperarán en vano la luz.

S.: La luz que se les negará siempre.

G.: Porque la buscan donde se abre la tierra de donde nadie ha vuelto.

S.: Porque han visto la luz y han renegado de ella.

G.: Porque el error los confunde. La arrogancia del que desprecia la verdad.

S.: No hay otra luz que la probada luz de la senda.

G.: Nosotros caminamos por ella.

S.: Es la senda verdadera.

G.: Un gozo.

S.: Un martirio.

G.: Alborozados, como el rey David ante el arca.

S.: Cantando.

G.: Danzando con todas nuestras fuerzas.

S.: Cantando con cítaras.

G.: Con arpas.

S.: Con adufes.

G.: Con sistros.

S.: Con cimbalillos.

G.: Ante el arca.

S.: Nosotros.

G.: Para escándalo de los impuros.

S.: Para escándalo de los tibios.

G.: Él nos llamará.

S.: Nos llamará a nosotros.

G.: Esperaremos su llamada.

S.: Porque nos ha convocado.

G.: Es la hora de la guerra bastarda.

S.: Los impuros no pueden vencer.

G.: No lo consentiremos.

S.: Alzaremos la voz.

G.: Derribaremos sus estandartes.

S.: Para que la palabra verdadera triunfe.

G.: Y la luz de la llama viva.

S.: Y el resplandor.

G.: Y el silencio.

S.: Y la piedra.

G.: Más allá de la piedra.

S.: Más allá de la luz.

G.: La palabra que trasciende la luz.

S.: La piedra.

G.: La casa.

S.: El sol.

G.: Algo simple. Entero.

S.: El instante.

G.: La palabra que nombra ese instante.

S.: El silencio de ese instante.

G.: El fuego de ese silencio.

S.: El instante desnudo, convocado por la palabra.

G.: La palabra que hace visible el silencio.

S.: La palabra que aplastará la ignominia de las voces de la tribu.

G.: Las palabras ajadas de los impuros.

S.: Las monedas sucias.

G.: Él nos llamará.

S.: Nos llamará. Nos llamará a nosotros.

G.: Esperaremos su llamada.

S.: Esperaremos.