Tareas no hechas
La mañana del diente de león
Hay mañanas limpias, limpias por dentro de uno; ya sabemos que todas las mañanas son iguales de distinta manera, dependiendo de cómo esté uno por dentro. Esta era linda en el pecho de él. Y también preciosa por fuera. El sol apelotonado entre dos montañas como un dibujo de niño, llenando de amarillo el aire y haciendo fulgurar los colores vivos de la flores en los antejardines; la calle limpia y vacía a esas horas del domingo, la gente saludable y vital con sus ropas deportivas; y él, recién bañado, bien dormido, fresco, con un soplo de entusiasmo sin propósito inflando el pecho y el alma templada de contentura sin razón y agradecimiento abstracto.
En el parque un globo se libera del manojo del vendedor y sube lentamente seguido por la mirada estupefacta de una niña de trenzas; junto a la fuente un perro noble se deja pellizcar por una criatura que apenas alcanza a ponerse en pie; más allá un grupo de pequeños saltan y se empujan tratando de atrapar una mota de Diente de león que ondula descendiendo con parsimonia; al lado de él la niña de trenzas con los ojos perdidos, toda ella transportada en el globo que asciende tan lento como desciende la mota de Diente de león, y que llega ahora a la altura del séptimo piso del edificio de enfrente donde, tras la baranda de un balcón, se ve una cabecita rubia relumbrante bajo el Sol y unos pequeños brazos que se mueven en señal de llamado.
Camina hacia el edificio y ve crecer y hacerse nítida la figura del niño que sonríe, se agacha y estira la mano entre las barandas, apuntándole con el índice y el dedo del medio, extendidos a manera de doble cañón. Y luego oye la detonación, el “pum” escandaloso desde el séptimo piso. Él se lleva la mano al pecho, trastabillea, prolonga una caída rimbombante sobre la acera y desde el suelo, como quien hace el mayor esfuerzo en medio de un dolor insoportable, estira los dedos y gatilla con el pulgar mientras de sus labios moribundos sale el “tañu, tañu”. El enemigo parece recibir el impacto abajo del hombro izquierdo porque allí pone su mano mientras se tambalea, cae sentado en el suelo del balcón y luego de arrastrarse unos centímetros junta energías y logra disparar no una sino cinco veces con alevosía, rabia y sincero espíritu de venganza. El cuerpo del hombre tirado en la acera sufre cinco sobresaltos consecutivos, después de los cuales emprende su último acto en este mundo, que consiste tratar de dominar el temblor de la mano para apuntar directamente al corazón del francotirador. Lo logra, suenan un “tañu” y un “pum” y otro “tañu” y el rubio del séptimo piso recibe los tres impactos, en el pulmón derecho, en el cuello y en el corazón. Cae, se arrastra, se reincorpora malamente y con dificultad trepa la baranda hasta ponerse de pie en el borde, desde donde intenta un disparo que no alcanza hacer porque su cuerpo exánime y malherido es arrebatado siete pisos abajo por la fuerza de la gravedad a una velocidad mil veces mayor que la de un globo o una mota de diente de León, hasta que choca contra el pavimento con un ruido seco seguido por un trackk splashhh horrísono y breve.
El hombre se levanta con los ojos desorbitados. Mira al parque, mira a la calle, mira al balcón y vuelve a mirar hacia la calle, en donde empieza a arremolinarse la gente. Levanta la mano con los dedos todavía extendidos a manera de doble cañon y ve el humo casi imperceptible que todavía sale de entre las uñas.
Escrito por Luis Miguel Rivas
Luis Miguel Rivas, comunicador social, escritor y realizador audiovisual. Tanto en sus textos como en sus videos realza el poder de la palabra y demuestra su capacidad para tender puentes en los abismos de la soledad. Recrea el ambiente social de la Medellín de los años ochenta y comienzos de los noventa, con historias comunes de la gente que no es famosa ni vive grandes aventuras; historias que resaltan los conflictos, las dudas, los miedos y sentimientos de personajes sencillos. Como escritor, aunque permanece prácticamente inédito, sus relatos han servido para inspirar los guiones de diferentes producciones audiovisuales y ha recibido las siguientes distinciones: Segundo Puesto Concurso Nacional de Cuento Carlos Castro Saavedra (1996), Mención Concurso Nacional de Cuento Ciudad de Barrancabermeja (1997), Mención Concurso Nacional de Cuento de Navidad (Bogotá — 1997).


































