Sizigias y cuadraturas lunares

  • La tinta, el papel y la navaja de afeitar

    La literatura es el espejo de la soledad.

    El suicidio, un tópico demasiado recurrente, encuentra fascinante la intimidad que ahonda entre las hojas de los libros. read more

  • La Nueva Carne

    Las corrientes estéticas y filosóficas encuentran una nueva forma de expresión.

    Modifican, con cinceles afilados y herramientas fantasioquirúrgicas, el cuerpo del ser humano.

    Damos vida a la Nueva Carne. read more

  • El sexo autómata

    A mi única, mi Dea ex Machina

    Pulsiones mecánicas. Sonido de engranes y chirrido de las máquinas de la sexualidad robotizada.

    El mundo del sexo es, ahora, el del objeto motorizado.

    Hoffmann imagina –y Freud avala- la carga sexual inherente a una doncella mecánica. Aunque en El hombre de la arena, el personaje de Olimpia nos evoca, de cierta manera, la sensación de lo siniestro, la concepción de una mujer autómata provoca, a su vez, un erotismo idealizado.

    Belleza, artificialidad y sometimiento. Tres aspiraciones básicas del hombre contemporáneo. Azuzados, quizás, por las fronteras tecnológicas, el inconsciente registra la posibilidad de obtener, en un robot, a la mujer perfecta.

    Erigir el cuerpo como un simple objeto y convertir al objeto en el verdadero cuerpo.

    Entiéndase así, la deshumanización del sexo opuesto.

    Atestados por imágenes de “perfección” femenina, mass-media es hoy, el Spalanzani de nuestras Olimpias centuplicadas.

    Millones de comerciales, programas y revistas han ido creando a nuestra Eva idealizada (aunque eso sí, entiéndase que este ideal nos ha sido impuesto por no decir invaginado en el cerebro).

    Construcción y reconstrucción de figuras según las insuficiencias del público.

    Veneramos a las replicantes. Una y otra, la imagen de exquisitez sexual se pondera con la vacuidad del recipiente.

    Pero de la misma manera en la que Venus transformó en carne la escultura de Pigmalión, habrá que preguntarnos, ¿quién, entre los dioses, hará reales nuestras fantasías de condicionamiento?

    Recordamos así, a “Las Hortensias”, de Felisberto Hernández. Donde la obsesión de un  hombre con unas muñecas que simulan mujeres reales, termina con la sustitución del erotismo velado de su esposa.

    Pero no importa, para aquellos a los que el pudor (o el dinero) no les permita comprar una sex doll, podemos entregarles una de esas millones de mujeres que se han encargado de artificializarse al grado de convertirse en el sueño imposible del desvalido.

    Quizás, el cometido de toda esta robotización descontrolada, es la completa aniquilación de nuestro sexo.

    Sucede que el enaltecimiento exacerbado de la mujer perfecta implica, también, la exaltación de los complejos masculinos.

    Suscítese así, la rebelión mundial de robo-ciber-castradoras quienes, en su batalla orgiástica, terminarán por controlar los parámetros del erotismo. Potencialícense las Andreidas, las falsas Marías y las Nexus 6, de manera que, en un futuro similar al de Metrópolis, sean ellas quienes controlen la Artefacto Universal.

    Considerada por algunos la primera novela de ciencia ficción mexicana, Querens, de Pedro Castera, explora, de manera indirecta, el tópico de la autómata. La diferencia es que, en este texto, la mujer es controlada a través del magnetismo y no, como en otros casos, por el condicionamiento maquinal.

    El objetivo es el mismo: insertar nuestras ideas y pensamientos en un cuerpo en apariencia vacío, con el objeto de poder controlar el sexo opuesto y predisponerlo a nuestra voluntad.

    Tal vez, de lograr nuestros propósitos y convertir el sexo en mera y apabullante simulación, concebiríamos, previo cortejo de tornillos y rompimiento de hímenes plásticos, frágiles niños de porcelana que se romperían a la primera caricia paternal.

    Fotografía: Adrián Duchateau - Hotel Pop Life, D.F.


    Adrián Duchateau (Fotógrafo)

    Adrián Duchateau

    Ha tenido colaboración con revistas como Elle, Gatopardo, Travesías, 192, Periódico FRENTE, Escala, Quien, Ok; Participación en el libro Sonidos Urbanos, Exposición septiembre 2010 Ya-ax condesa, proyecto Recolecciones, Exposición Mayo 2011, Rompope Gallery. Postproducción de fotografía en proyectos de publicidad para Axe, Movistar, Harpic, Superama, Oreo, Ritz, Bimbo, Flanax, Pirwi, Copertone, Nes-Quick entre otros.

  • Ucronía mexicana

    El día que los nazis conquistaron la tierra (Reboot)

    La historia no existe.

    Relatar, compilar e interpretar hechos históricos es, simplemente, un proceso de ficcionalización  similar al que se emplea cuando tejemos un cuento.

    La llamada “crisis de la historia” lo demuestra: el sinfín de posibilidades que pudieron ocurrir en un distinto plano de existencia, ha generado igual número de dimensiones alternas.

    El universo es al final, un multi-verso cuyas estrofas conforman una infinita y muy sublime, poética contrafractual.

    En incontables ocasiones, la literatura ha imaginado la hipótesis de la multidimensionalidad como la yuxtaposición de realidades especulares.  Un encuentro de existencias opuestas. Lo que aquí es, allá, en algún otro sitio, sucede de modo distinto.

    Para entender esto último no es necesario acudir a filósofos petulantes o teorías enmarañadas. Basta, solamente, visitar el mundo de los comics y entender que “crisis del tiempo”, “infinitas tierras” y “universos paralelos”, son temas cotidianos para Linterna Verde o Superman.

    Por su parte, la literatura ha abordado el tópico desde una perspectiva distinta: alterar un hecho histórico del pasado para conjeturar sobre las posibilidades del presente.

    Aparece así, la llamada ucronía.

    Quizás la más popular corresponde al autor norteamericano Philip K. Dick, quien en su novela, El hombre en el castillo,  imagina un mundo donde las Potencias del Eje ganaron la Segunda Guerra Mundial.

    Quizás la más popular.

    Sin duda no la primera.

    Veinte años antes de la publicación de El hombre en el castillo, Diego Cañedo, en El réferi cuenta nueve, construye un México invadido por el Nacional Socialismo Alemán.

    Su visión futurista, como el resto de las visiones que emergen en los géneros literarios menos convencionales, se hundió, inmediatamente, en las aguas del intelectualismo revolucionario.

    O tal vez navegó hasta llegar al océano de una dimensión alterna.

    Probablemente, en algún otro sitio, El réferi cuenta nueve es considerada una obra invaluable, modelo de literatura nacional.

    Se trata de otro México; uno en donde imaginarse sometidos a la voluntad de una potencia foránea resulta impensable e inclusive, algo cómico. Un lugar donde las ucronías escritas por mexicanos, adornan las estanterías de las bibliotecas más mediocres.

    Y en donde un columnista (quizás, en este caso, uno exitoso) escribe sobre la posibilidad de que hay un mundo paralelo en el que nadie ha leído la obra de Diego Cañedo.

    Fotografía: Adrián Duchateau


    Adrián Duchateau (Fotógrafo)

    Adrián Duchateau

    Ha tenido colaboración con revistas como Elle, Gatopardo, Travesías, 192, Periódico FRENTE, Escala, Quien, Ok; Participación en el libro Sonidos Urbanos, Exposición septiembre 2010 Ya-ax condesa, proyecto Recolecciones, Exposición Mayo 2011, Rompope Gallery. Postproducción de fotografía en proyectos de publicidad para Axe, Movistar, Harpic, Superama, Oreo, Ritz, Bimbo, Flanax, Pirwi, Copertone, Nes-Quick entre otros.

  • El sexo que habla

    El mundo del sexo es ahora, el del sexo sin cuerpo.

    Autonomía orgánica implica supresión absoluta de corporalidad.

    Para Pascal Bruckner y Alain Finkielkraut, la idea del órgano sin cuerpo deriva de los movimientos de cámara utilizados en el cine pornográfico. A diferencia del erotismo tradicional, el porno no deja nada para la imaginación. El plato se devora completo. Sin disfraces ni disimulo.

    Close-up’s que absorben en pantalla la esencia pura de la cópula, han logrado “escindir” a los miembros para convertirlos en entidades independientes.

    La era del genitocentrismo es la era de la Emancipación Genital.

    En el filme francés de 1975, Le sexe qui parle, la protagonista de la historia no es  Penelope Lamour. La vagina loquens de Jöelle es quien ostenta (con admirable elocuencia) el desarrollo dramático de la obra.

    No cabe duda, el sexo habla cuando el cuerpo calla. La abolición absoluta de metonimias y metáforas para representarlo implica la apoteosis de lo genital.

    Sexo es el dios sin un conjunto y, tal como en el caso del alma, no es necesario percibirlo. Basta creer en él.

    Desde el inmenso habano que ostenta en boca cualquier Don Juan universal, hasta la estrechez y brillo de unos pendientes o una bolsa de mano. Sociabilizar implica un tributo a nuestros íconos de voluptuosidad.

    Pero la finalidad, debe decirse, ya no es el orgasmo. El lenguaje de la seducción apunta, únicamente, a la veneración de los órganos. Lo demás es accesorio. Un mero desahogo de la carne.

    El sexo es el huésped incómodo que habita junto a las parejas.

    Bajo el vientre se encuentra el campo de batalla.

    Allá arriba, los rostros se miran y, quizás, intercambian una sonrisa.

    Allá abajo se intensifica la disputa. El combate busca la aniquilación absoluta del opuesto.

    Sucede así, que en el caso del personaje de La nariz, de Nicolai Gogol, el miembro homónimo del mayor Kovaliov ha decidido separarse de su dueño. En el colmo de esta insubordinación rinológica, ella decide uniformarse, ocupar un cargo público y salir a la calle. Es más, tan alto es su cinismo y su desvergüenza, que se niega a aceptar que es una simple nariz y no un auténtico consejero de estado.

    De la misma manera, el culto genital acabará por otorgar el báculo social a nuestros órganos. Instáurese así, un proselitismo encaminado a sustituir políticos por miembros sexuales.  Ahítos por la sed de liderazgo, la rebelión implica, tal como en el caso de la nariz que se le escapó al mayor Kovaliov, que en materia diplomática, ellos tengan mejor madera para liderar una nación.

    Foto: Adrián Duchateau

     


    Adrián Duchateau

    Adrián Duchateau (Fotógrafo)

    Ha tenido colaboración con revistas como Elle, Gatopardo, Travesías, 192, Periódico FRENTE, Escala, Quien, Ok; Participación en el libro Sonidos Urbanos, Exposición septiembre 2010 Ya-ax condesa, proyecto Recolecciones, Exposición Mayo 2011, Rompope Gallery. Postproducción de fotografía en proyectos de publicidad para Axe, Movistar, Harpic, Superama, Oreo, Ritz, Bimbo, Flanax, Pirwi, Copertone, Nes-Quick entre otros.

  • El miedo no usa rostro

    Arrebujado entre unas sábanas sudadas, a punto de gritar o de soltar la orina contenida, nuestro niño interior nos recuerda la época en la que mirábamos la oscuridad con reconcomio.

    Si las encarnaciones provenían de la mente, del armario o de debajo de la cama, es cosa que a la memoria no le compete juzgar. El hecho es que los monstruos existen. Y si no se reconocen fácilmente es porque van mutando con el desplazamiento generacional.

    El Coco no tiene rostro.

    Tampoco raza o alcurnia. Con una nomenclatura que bien puede recordarnos el balbuceo infantil (Öcü, Baba Yaga, Bubak, Bogeyman) su presencia cosmopolita indica que el Coco es partidario de la política transnacional: enemigo de toda frontera, en su saco no se discrimina por razones sociológicas.

    En su efigie arquetípica, Coco es el antihéroe de las mil caras.

    Bien pudo ser, en la imaginación de algunos, la figura del Max Schreck en Nosferatu. Quizás, en cabeza de otros, aparecía como algún familiar que, esquivando las sombras, llegaba hasta su cama para recostarse sobre el edredón mojado.

    “Que viene el coco” advierte uno de los caprichos de Goya. En el grabado, dos niños gritan escondiéndose en los brazos de su madre mientras ella, sospechosamente, contempla al monstruo con una sonrisa que demuestra complicidad.

    Coco son también las siglas del complot paternal. Basta la simple mención de su nombre para condicionar, en términos de Pavlov, a los pequeños más temerosos para hacer lo que las potestades familiares ordenan. Esta conspiración, tan  global como subrepticia,  culmina con la participación de figuras ambivalentes como son el propio Santa Claus. ¿Quién nos asegura que el “hombre del saco”  no es el mismo personaje rechoncho de abrigo rojo y barbas blancas?

    Tal vez, las lecciones de la vida nos hacen comprender que Coco no es un monstruo cabezón o una bruja de nariz puntiaguda. Pero cualquier persona que recorra la ciudad a las tres de la madrugada, distinguirá que las sombras albergan figuras más siniestras que cualquier criatura imaginaria.

    El mundo, en sí, es un armario mal cerrado. Un sótano infinito. Nuestro ático prohibido.

    Las noticias lo confirman: cualquiera puede despertar atrapado en un saco.

    Y el autor de esta pesadilla será siempre, nuestro hombre sin rostro.

    Foto: Adrián Duchateau

     


    Adrián Duchateau

    Adrián Duchateau (Fotógrafo)

    Ha tenido colaboración con revistas como Elle, Gatopardo, Travesías, 192, Periódico FRENTE, Escala, Quien, Ok; Participación en el libro Sonidos Urbanos, Exposición septiembre 2010 Ya-ax condesa, proyecto Recolecciones, Exposición Mayo 2011, Rompope Gallery. Postproducción de fotografía en proyectos de publicidad para Axe, Movistar, Harpic, Superama, Oreo, Ritz, Bimbo, Flanax, Pirwi, Copertone, Nes-Quick entre otros.

  • Desde un globo

    Casualmente, dos de las primeras historias que podrían considerarse precursoras de la “ciencia ficción mexicana”, estipulan que el medio de transporte en el futuro sería a través de globos aerostáticos.

    El primero, un texto de Fósforos Cerillos publicado en 1844, se titula “México en el año 1970”. Le sigue un supuesto artículo del Gacetín de Mérida, escrito en 1849 por Gerónimo del Castillo Lenard, ficcionalmente fechado en enero 30 de 1949.

    Hoy, a tantos años de publicados, podemos afirmarlo: nunca volaremos en globos aerostáticos. La imposibilidad de este supuesto deriva, más bien, de un ineludible complejo de inferioridad. En México, las cosas se miran desde abajo.

    La premisa ficcional del viaje en globo es, sin duda, presunción literaria:

    Si usted mira hacia el cielo aparecerá, sobre su cabeza, el Barón Münchhausen. Si no es la figura, al menos podrá distinguir el síndrome (La epidemia ya pulula en todas partes). Fingir dolencias y malestares para captar la atención –y lástima- de nuestro público. El mundo es un teatro y tras su enorme telón, hay un cielo hipocondriaco.

    Las cinco semanas que transcurrieron en el Victoria de Julio Verne, permitieron al Dr. Fergusson entender, desde su perspectiva industrial, la noción del tercer mundo. Propiamente, el mundo del subsuelo.

    Cierto, nunca volaremos en globos aerostáticos. Pero la ficción revierte su prisión gravitacional con el concepto de utopía. Transformándose después, en lo que llamamos distopías.

    Ni siquiera el sueño puede vivirse con complacencia.

    Volar alto implica una mayor caída.

    Cierto. Nunca volaremos en globos aerostáticos.

    Dejemos la ilusión en la mente de los grandes=europeos novelistas.


    Adrián Duchateau

    Adrián Duchateau (Fotógrafo)

    Ha tenido colaboración con revistas como Elle, Gatopardo, Travesías, 192, Periódico FRENTE, Escala, Quien, Ok; Participación en el libro Sonidos Urbanos, Exposición septiembre 2010 Ya-ax condesa, proyecto Recolecciones, Exposición Mayo 2011, Rompope Gallery. Postproducción de fotografía en proyectos de publicidad para Axe, Movistar, Harpic, Superama, Oreo, Ritz, Bimbo, Flanax, Pirwi, Copertone, Nes-Quick entre otros.

  • Perder la cabeza

    Sinónimo de castración, de locura o rebeldía.

    Perder la cabeza es magia, artimaña y, de vez en cuando, un fetichismo.

    Como toda leyenda, la siguiente historia es debatida aunque no exenta de una irresistible atracción. Se cuenta que el artista canadiense John Fare practicaba un performance donde una máquina le cercenaba, de manera aleatoria, una parte de su cuerpo que remplazaba, después, con una pieza de plástico. La culminación de este acto fue, según algunos, la sustracción de su cabeza; otros hablan de una lobotomía.

    En estos tiempos, todos somos muñecos desmembrados. Imperan los valores intercambiables. Las identidades se difuminan.

    ¿Quién, entonces, sería el Frankenstein de este monstruo?

    El abatimiento espiritual que caracterizó siglos pasados, se ha convertido en el absoluto y contemporáneo, desasosiego intelectual.

    Mientras menos pienso, más existo.

    Jinetes de SleepyHollow. Buscamos, inútilmente, nuestra razón perdida.

    La imagen del Oroborus, serpiente que se muerde la cola, es hoy la del hombre que devora su propia cabeza.

    Sólo la antropofagia nos une: la razón se desayuna, la esperanza se come y para la noche, marchamos de(s)capita(liza)dos.

    Vivir sin cabeza. Sentencia de la Reina de los Inexistentes Corazones.

    Acatemos, silenciosos (no hay boca que permita expresarnos) nuestra condena.

    Fotografía de Adrían Duchateau


    Adrián Duchateau

    Adrián Duchateau (Fotógrafo)

    Ha tenido colaboración con revistas como Elle, Gatopardo, Travesías, 192, Periódico FRENTE, Escala, Quien, Ok; Participación en el libro Sonidos Urbanos, Exposición septiembre 2010 Ya-ax condesa, proyecto Recolecciones, Exposición Mayo 2011, Rompope Gallery. Postproducción de fotografía en proyectos de publicidad para Axe, Movistar, Harpic, Superama, Oreo, Ritz, Bimbo, Flanax, Pirwi, Copertone, Nes-Quick entre otros.

  • Confesiones de un ladrón

    Porque si ya me robe el título por lo menos debería ovacionarlo. Aunque de nombrarlo completo usaría más espacio del deseado. Pero ni modo, se llama Sizigias y cuadraturas lunares ajustadas al meridiano de Mérida de Yucatán por un anctítona o habitador de la luna y dirigidas al Bachiller. Don Ambrosio de Echeverría, entonador que ha sido de kiries funerales en la parroquia del Jesús de dicha ciudad y al presente profesor de logarítmica en el pueblo de Mama de la península de Yucatán, para el año del Señor 1775, primer cuento de ciencia ficción en toda Latinoamérica (si condonamos el hecho de que aún no aparecía la palabreja), por cierto, de afortunada autoría mexicana.

    Pisamos arena blanca primero que Armstrong y escribimos sobre ello antes que Julio Verne.

    Y por eso a Manuel Antonio de Rivas, fraile franciscano que vino con esa peculiar idea de que hay vida afuera de la Tierra (y peor, de que los hombres de la Luna pueden estar más cerca del Creador), lo metimos bajo el lente del microscopio inquisitorial.

    Preocupados por las ideas contenidas en el libro, los inquisidores contendieron sobre la posibilidad de que existiera un infierno en el Sol o de que la posición de los astros afecte el temperamento de las personas en la Tierra.

    Y no debe resultarnos extraño.

    Allá arriba, las cosas se aprecian con mayor objetividad.

    Desde el Ateneo Lunar: mucho ocurre en la tierra de lo que podríamos quejarnos. Escasean, sobre todo, los amantes de la justicia y la equidad. La acelerada rotación de la Tierra provoca un vértigo que impide el correcto desarrollo nacional (lapsus: correcto desarrollo racional, racional).

    Todo es cierto. El mundo de abajo es más lunático que el de los selenitas. ¿Será por la velocidad a la que giramos?

    Todo marcha con demasiada prisa.

    Y por eso me tomo el tiempo de transcribir títulos tan largos y de hablar sobre cosas que no merecen ninguna importancia.

    Fotografía por Adrián Duchateau


    Adrián Duchateau

    Adrián Duchateau (Fotógrafo)

    Ha tenido colaboración con revistas como Elle, Gatopardo, Travesías, 192, Periódico FRENTE, Escala, Quien, Ok; Participación en el libro Sonidos Urbanos, Exposición septiembre 2010 Ya-ax condesa, proyecto Recolecciones, Exposición Mayo 2011, Rompope Gallery. Postproducción de fotografía en proyectos de publicidad para Axe, Movistar, Harpic, Superama, Oreo, Ritz, Bimbo, Flanax, Pirwi, Copertone, Nes-Quick entre otros.

  • El futuro lleva nombre de mujer

    Se llama Eugenesia o, si gusta prescindir de las formalidades, dígale, simplemente, Eugenia.

    Así llamó Eduardo Urzáiz a su Eva futura (el personaje, la novela, la misma ciencia que proveería el futuro de sus ilusiones).

    Si piensa que Huxley fue pionero en la creación de distopías, vuelva la vista al Yucatán de 1919, donde un médico habría de mostrarle al mundo su perspectiva tercermundista del futuro.

    Surge así, Eugenia: Esbozo novelesco de costumbres futuras.

    Y con nombre de mujer bautizamos la transformación de la especie humana; propiamente, la posthumanidad tan temida por Francis Fukuyama.

    Pero primero, un breve recorrido por el panorama biotecnológico de la época:

    En 1931 surge la Sociedad Mexicana de Eugenesia para el Mejoramiento de la Raza. ¿La labor de sus 130 destacados integrantes? La proliferación de rasgos europeos en el mexicano.

    Propiamente, la profilaxis de lo indeseado. En fin, eso que no podemos quitarnos y que llamamos, simplemente, el gen mexicano.

    Para los desesperanzados, los que se sienten menos, los que se han visto despojados de orgullo nacional por cuestiones inherentes a su aspecto físico: la esterilización.

    No es extraño, entonces, que estas medidas se consolidaran con la Ley que Crea la Sección de Eugenesia e Higiene Mental también llamada (si queremos acentuar el efecto futurista) la Ley Número 121, publicada en 1932 en Veracruz y que estipulaba, entre otras cosas, la creación de un organismo que aplicara medidas para prevenir a las nuevas generaciones contra enfermedades y defectos físicos o mentales hereditarios. Siendo más coloquiales: “esterilicemos a todo criminal, borracho y loco como si fueran unos perros (aunque, siendo justos, ellos no se complican la vida preocupándose por el perfeccionamiento de la raza)”.

    Pero todo esto ya ha sido esbozado por Eduardo Urzaíz.

    En Villautopia, Subconfederación de la América Central o, mejor dicho, en el México del año 2218, los fetos ya no gestan en el útero materno y el acondicionamiento de la raza puede ser asegurado a través de la esterilización.

    El novelista plantea, varios años antes que Un mundo feliz, la posibilidad de fecundar el óvulo in vitro para después (y aquí está lo interesante del asunto) depositarlo en la cavidad peritoneal de un hombre. Sí, he dicho bien, ¡de un hombre!

    Porque en Villautopia la gestación ya no requiere del sexo femenino. Se ha hallado una forma de utilizar, este proceso, directamente en los varones.

    Esto, señores, es Villautopia.

    Y a quien no le complazca hágale un favor a la sociedad y, simplemente, esterilícese.

    Fotografía: Adrián Duchateau


    Adrián Duchateau

    Adrián Duchateau (Fotógrafo)

    Ha tenido colaboración con revistas como Elle, Gatopardo, Travesías, 192, Periódico FRENTE, Escala, Quien, Ok; Participación en el libro Sonidos Urbanos, Exposición septiembre 2010 Ya-ax condesa, proyecto Recolecciones, Exposición Mayo 2011, Rompope Gallery. Postproducción de fotografía en proyectos de publicidad para Axe, Movistar, Harpic, Superama, Oreo, Ritz, Bimbo, Flanax, Pirwi, Copertone, Nes-Quick entre otros.