Término medio

  • Mecánica potencial | Por Luis Bugarini

    (Web)

    Observatorio

    Un cambio de geografía nos obliga a fundarnos de nuevo y además revela nuestras carencias. En otros lugares se habla con otras palabras, otro acento y gestos para tal o cual situación. Es el cruce de un umbral. Algo que H.G. Wells llama “presupuestos mentales distintos” en El País de los Ciegos, ese relato fantástico sobre una civilización andina que floreció sin ayuda de la vista. read more

  • Obras completas de Erzsébet Báthory | Por Luis Bugarini

    Basándose en uno de los fragmentos que se conserva de la Biblioteca histórica de Diódoro Sículo, el padre Ángel María Garibay (1892-1967) rastrea el origen del mito vampírico en su Mitología griega (1964) hasta la legendaria figura de Lamia que, al ser seducida por Zeus, procreó con él varios hijos a los que Hera, esposa del Dios, asesinaba conforme llegaban al mundo. read more

  • Albert Speer ante la historia | Por Luis Bugarini

    En las librerías circulan libros singulares que comparten sus aportaciones con varias disciplinas. La lectura de autores como Bruce Chatwin o Theodor Sturgeon se recomienda entre asiduos, pues apenas figuran en las historias literarias de rigor. Es el caso de las Memorias de Albert Speer (1905-1981), un militante del nacionalsocialismo que fue el principal arquitecto de Hitler y que derivó, años después, en Ministro de Armamento y Municiones. Enunciado así, el libro se antojaría una previsible apología, pero el testimonio de Speer es estremecedor.
    Aparecidas en alemán con el título Erinnerungen (1969), la traducción española tardó más de treinta años en aparecer. El acercamiento a la tragedia del nacionalsocialismo por parte de algún memorialista participante en los hechos no es nuevo: en los setenta la editorial Bruguera hizo la traducción de las memorias de Goebbels (1897-1945) en dos volúmenes que, debido a su aire politizado y desafiante, no se reeditaron y son ilocalizables. El caso de Speer es diferente. Son páginas que abarcan un largo periodo de tiempo: desde los inicios de Hitler como alborotador de la vida política alemana, hasta su desaparición física en el búnker de Berlín el 30 de abril de 1945. ¿Cómo realizar un acercamiento a una figura que se ha vuelto mítica? Tanto se ha escrito sobre Hitler que los libros aparecen y desaparecen con fugacidad pasmosa. Además, no sólo su figura se ha vuelto inabarcable, sino también la propia Segunda Guerra Mundial y los campos de concentración.
    A diferencia de Hitler, Speer no se quitó la vida y enfrentó, al igual que otros dirigentes del régimen, los juicios de Nuremberg. La banalización cinematográfica del juicio ha impedido un acercamiento histórico más aséptico, pues aunque Alemania haya perdido la guerra, se actuó en contra principios jurídicos elementales, como la imparcialidad de los jueces o el respeto al debido proceso. Así, esos juicios aún son objeto de disputa. Lo que ofrece Speer es una aproximación meditada. ¿En qué radica esa distancia ese aspecto profiláctico? Él tuvo un lugar privilegiado en el régimen. Su calidad de arquitecto del Reich lo acercó al núcleo de los íntimos de Hitler y desde ahí presenció la decadencia del experimento nazi.
    La redacción de las Memorias sucedió mientras Speer purgaba una sentencia a veinte años de cárcel por su participación en el gobierno nazi, y la distancia no genera un mea culpa: Speer es equilibrado en su valoración. Retrata la vida cotidiana de los dirigentes del Reich, las penurias de Hitler, la presencia de Eva Braun y las intrigas de un régimen cercano a una corte imperial. Al lado de los hechos de repercusión histórica, se detallan las minucias: Hitler no comía carne roja y tenía recelo ante la comida que le servían; temía, además, perder su figura y bromeaba sobre la barriga de su homólogo italiano; amaba a sus perros y Eva Braun recibía un trato distante cuando había reuniones con funcionarios de importancia. Se agradecen los trazos de frivolidad en los momentos álgidos y frente a las disputas entre los allegados del dictador, lo que transforma al lector en un personaje expectante ante una sucesión de vertiginosa de hechos.
    Speer era un militante atípico en la barandilla nacionalsocialista: hombre taciturno y distante, se ganó la confianza de Hitler con sus obras arquitectónicas, todas logradas en tiempos asombrosos. Dado su carácter reflexivo y apartado de las contiendas políticas en los mandos medios, tuvo un sitio de privilegio al lado de Hitler. Ese carácter no lo alejó de las murmuraciones y el juego de manipulación de Ribbentrop o Himmler. Con todo, sobrellevó las intrigas y logró permanecer cercano a Hitler, con el que llegó a tener algún roce, eventualmente. A diferencia de otros colaboradores, Hitler sentía respeto por Speer, un hombre cuya único interés era pasar el mayor tiempo posible con su familia.
    ¿Qué encontramos, entonces, además de una historia personal de la Segunda Guerra Mundial? Speer puso atención en detalles que pasan desapercibidos para el historiador. De los aspectos que más llaman la atención del volumen es el registro pormenorizado de uno de los personajes centrales del siglo XX: Hitler. Mitificado hasta la paranoia, Speer lo exhibe como un individuo inseguro pero con gran capacidad de trabajo, dependiente de sus colaboradores aunque incapacitado para dejarles tomar una decisión de importancia sin antes consultarlo con él, generoso para escuchar las peticiones de los demás pero riguroso para imponer su voluntad sobre quienes intentaban violentar sus disposiciones. Queda un Hitler humanizado, de carne y hueso, lejos del hálito áulico de sus apologistas. Speer no es condescendiente, analiza sus discursos y busca las claves de su poder frente a las masas. Imposibilitado para ofrecer respuestas y con su propia incertidumbre frente al juicio de la Historia, se limita a sembrar más preguntas.
    Hitler admite la consideración de haber sido uno de los estadistas del siglo, con una capacidad organizativa sobresaliente y un olfato bélico nada desestimable; y admite la condena inmediata, el recelo que produce la avaricia desmedida y la descalificación satanizadora de todo lo que no se comprende a cabalidad. Esta consideración bipolar, que mucha de la bibliografía sobre el personaje jamás ha estimado como posible debido al actual modelo político del mundo, es otro de los méritos de las Memorias. Los maniqueísmos, producidos por un intenso bombardeo de imágenes y películas, han perpetuado una imagen deslucida de una tentativa política que no por desmedida concluye desestimable. Puede que la cercanía impida una valoración más justa.
    La relación minuciosa de los hechos, desde la perspectiva de un arquitecto, no pierde importancia y las consideraciones de Speer están lejos de ser las impresiones de alguien sorprendido por los hechos de la contienda. La pérdida de Stalingrado fue la piedra de toque que sirvió para despertarlo, a él y a muchos otros, de su letargo. Fue la primera gran derrota y todo, al parecer, fue un asunto de orgullo nacional, en donde Hitler, temeroso de la opinión de la prensa extranjera, ordenó una retirada que hubiera sido más meritoria que el derroche de tantas vidas de jóvenes alemanes. Lo cierto es que conforme avanza la maquinaria de las derrotas políticas y militares, Hitler comienza a perder la seguridad que un tiempo estimó infinita.
    Se le puede reprochar todo a Speer, incluso la construcción y diseño de los campos de concentración, aun cuando él no tenía conciencia de su finalidad, excepto la redacción de unas memorias aburridas, pausadas o apologistas. ¿Cabe hacer la defensa o la condena de un hecho histórico que aún no se entiende en proporción y consecuencias? Speer manifiesta incertidumbre y los veinte años que pasó recluido en prisión apenas si sirvieron para darle una perspectiva sobre lo ocurrido. Auschwitz comenzó a sonar en sus oídos a mediados de 1944, cuando la mayoría de los mandos había perdido fe en el destino de la guerra y Alemania se hundía en el pozo de la tragedia. No fue sino hasta ese momento pues Speer, como Ministro de Armamento, pasaba más tiempo pensando cómo emplear los millones de marcos que recibía para ampliar el dominio bélico frente a los Aliados. Cifras, números, mano de obra, etc., todo eso lo mantuvo alejado de Auschwitz, una realidad que salió a la luz terminada la guerra. Ese desconocimiento le valió ser condenado a prisión y no a la pena capital a la que fueron condenados varios colegas del régimen. De igual modo, la actitud de Speer originó rumores en el seno del Partido. En uno de los episodios álgidos de las Memorias, Speer le muestra a Hitler el fragmento de una nota anónima publicada en el Observer:

    Speer no es uno de esos nazis extravagantes y pintorescos. De hecho ni siquiera se sabe si tiene opiniones políticas. Se habría podido adscribir a cualquier otro Partido político, si hacerlo le hubiera servido para conseguir trabajo y una carrera. Simboliza al tipo de hombre que se está volviendo cada día más importante en todos los Estados que participan en la guerra: el técnico puro, el hombre brillante que no proviene de una clase social ni tiene antepasados gloriosos y cuyo único objetivo es abrirse paso en el mundo gracias a sus facultades como técnico y como organizador. Este es su tiempo. Puede que nos deshagamos de los Hitler y de los Himmler, pero los Speer, sea lo que fuere lo que pueda pasarle a este en particular, seguirán mucho tiempo entre nosotros.

    Esta nota lo retrata, en gran medida. Causó revuelo no sólo en el Partido, que veía en Speer a un sucesor de Hitler, sino también en este último, que lo veía crecer en importancia y su figura era conocida y vigilada desde el exterior. Con todo, él prefirió mantenerse en la oscuridad y el silencio y evitaba el roce público a diferencia de otros, como Goebbels o Hess. No es complicado hacer el símil entre el funcionamiento del régimen nazi con una corte del siglo XVII. En el Reich, al igual que en las cortes absolutistas francesas, todo giraba alrededor de Hitler. Su presencia era omnímoda. Speer ironiza la actitud servil de los demás, desde su perspectiva privilegiada de arquitecto del régimen, una posición que lo acercaba a Hitler por sus tempranas aspiraciones artísticas. Aunque a esta comparación le hace falta el componente del campo de concentración, de la maquinaria de asesinato colectivo. Speer, calmado y susceptible, confiesa su responsabilidad después de haber escuchado el primer rumor:

    No hice pregunta alguna, ni a Himmler, ni a Hitler, ni hablé de ello con mis amigos. No hice ninguna investigación. No quería saber lo que estaba ocurriendo ahí. En aquel momento, mientras Hanke me ponía sobre aviso, toda mi responsabilidad se hacía real. Mi ceguera voluntaria contrarresta todo lo positivo que quise y debía hacer en el último periodo de la guerra. Comparadas con esta ceguera, mis actividades se reducen a nada. Precisamente porque en aquella ocasión fallé, aún hoy me sigo sintiendo personalmente responsable de Auschwitz.

    La sombra de Auschwitz se siente en cada página. ¿Alemania valía la pena, esto es, un sacrificio de proporciones bíblicas por un ideal quimérico? Quizá no, confiesa Speer, pero Alemania tragó el señuelo. Con nada puede atenuarse su responsabilidad histórica, política y humana. Se agradece la redacción de esas Memorias que dan luces sobre los caminos de la naturaleza humana en tiempos de vivencia extrema: guerra, desesperación e impotencia.

    Zeugenaussage Albert Speer

    Texto exclu­sivo de la ver­sión dig­i­tal.


     Escrito por Luis Bugarini

    (Ciu­dad de Méx­ico, 1978). Es escritor y crítico literario.

  • Conversación con Pablo Paniagua | Por Luis Bugarini

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    [Pablo Paniagua (Madrid, 1959) ha ganado notoriedad en internet y la “blogósfera” debido a su interés y esfuerzo por difundir la “literatura fractal”, una modalidad estilística y narrativa que nos explica en esta charla. Naturalizado mexicano, vive en el centro de la ciudad de Guanajuato, desde donde escribe narrativa y ensayo, además de elaborar su obra gráfica. Con cuatro títulos publicados en papel —Palabras fractales, Exex, El mono cibernético y La novela perdida de Borges—, su labor literaria gana terreno y se presenta como una oferta lateral a la discursividad institucional. En el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2013, en donde presentó la edición mexicana de La novela, Paniagua abrió para Revista Crítica el gabinete de curiosidades, y esto fue lo que dijo.]

    *

    —¿Qué es la literatura fractal?

    Hay diferentes definiciones, aunque ninguna es buena porque acotan. Diría que es aquella que hace referencia a sí misma, y se reproduce a través de diferentes dinámicas con una tendencia hacia el infinito.

    —Leo en Palabras fractales (Literatura Indie*, 2013) que uno de los principales exponentes es Jorge Luis Borges. ¿Desde qué momento puede rastrearse la literatura fractal?

    Aparece desde la Biblia, que contiene historias fractales. Pero el concepto teórico aparece hasta 1974, expuesto por el matemático Benoit Mandelbrot. Borges, no obstante, lo prefigura en sus juegos con el infinito, los laberintos, el doble, los espejos, etc. Hay acentos fractales en su obra. Recordemos: “Dentro de un tigre había otro tigre y dentro de él, otro”. También figura en El libro de arena, La biblioteca de Babel: la “inteligencia borgiana” es fractal; es un juego similar al de las cajas chinas y las muñecas rusas.

    —Y además de él, ¿a quién podría considerarse como cultivador de esta modalidad literaria, así sea involuntariamente?

    Pienso en Franz Kafka, por ejemplo. En El castillo, el protagonista quiere ir al castillo y no puede llegar. Se interpone un muro de circunstancias que no permiten el acercamiento. Acontece una dinámica laberíntica en ese planteamiento. También son fractales algunas obras Georges Perec, Michael Ende en Una historia interminable y Paul Auster en La noche del oráculo. Son estructuras formales con historias dentro de oras historias.

    —Se publica la primera edición mexicana de La novela perdida de Borges (Literatura Indie*, 2011), y luego en el 2013 en España con Ediciones Nowtilus y en México con Ediciones Tombooktu. ¿Te asumes como un autor fractal?

    No me quiero encasillar. Tengo obras con acento fractal, pero también otras que no lo son. Más que un escritor, me considero un artista conceptual que trabaja con la palabra, y cada obra mía tiene un planteamiento diferente a otra. Trato de huir de un estilo definido y reinventarme con cada novela. Son experimentos, a fin de cuentas. La idea es que cada una de mis novelas sea distinta a la otra. El estilo es la búsqueda.

    —¿Por qué venir a México, finalmente?

    Porque en España hace mucho frío en invierno, y yo era consciente de que la crisis en España estaba por suceder. No hubo sorpresa para nadie, sin importar lo que digan los diarios. Trato de ver más allá del presente. Salí de España hace diecisiete años, y México ya es mi tierra.

    —¿Cuál es tu opinión del medio cultural mexicano? ¿Hay condiciones para desarrollarse como escritor siendo extranjero?

    He aprendido a base de cometer errores. He tardado nueve años en enseñarme a escribir. Y esto viene al caso porque si uno escribe bien tiene las puertas abiertas. He notado que muchos autores aún están anclados al costumbrismo mexicano, a las tradiciones, al “rulfismo”. Hay que superar a Juan Rulfo y la identidad mexicana. En el mundo globalizado la discursividad tiene que ser universal; que lo que tú escribas pueda leerse en China, Estados Unidos o Afganistán. No puedes seguir con la vista fija en el ombligo, la milpa, las tortillas y el comal de la abuelita…

    —Además de ensayo y narrativa ¿exploras otros registros?

    Antes de escritor fui artista visual. He realizado más de catorce exposiciones individuales y otras cuantas colectivas. Pinto desde los años ochenta. Luego me dediqué a escribir. Ser escritor es ser artista, sólo que trabajas con la palabra. Me interesa la novela, la poesía no. La juzgo un medio artificioso de explicar la realidad. La novela le habla más directo al lector y te permite mezclar géneros: ficción y ensayo. Así lo que hace Enrique Vila-Matas, aunque El mal de Montano me decepcionó por su gran cantidad de cacofonías con los participios, por su forma descuidada. Y, en cuanto a la novela, no me interesa el realismo, me preocupo más por renovar el género buscando nuevas formas. Veo el ejercicio literario con el espíritu que se tenía en las Vanguardias Históricas para romper con lo que le precedía.

    —México atraviesa décadas de violencia por el narco y el crimen organizado. ¿Cuál es la situación de Guanajuato?

    De mi barrio hay dos personas que están en la cárcel: uno por secuestro y otro por homicidio. Pero vivo en un oasis de tranquilidad, en un México irreal: el centro de Guanajuato. Para solucionar la violencia del narco hace falta regular el consumo de las drogas. Antonio Escohotado decía que “de mi piel para adentro yo soy mi dueño, es mi jurisdicción”. Prohibirla es un camino equivocado que afecta a la libertad fundamental de hacer con tu cuerpo y mente lo que quieras…

    —¿En qué estás trabajando?

    Voy a publicar una novela porno-conceptual, que el autor la comenta según la escribe. Mezclo ensayo con ficción para lograr prosa híbrida. También trabajo en una novela ambientada en los años del peace and love, de la revolución psicodélica y con el fondo de la guerra de Vietnam, para explicar, a través de ella, el poder enajenador de las religiones y las ideologías que persiste hoy en día, y proponer, de algún modo, una transición necesaria hacia el posthumanismo.

    Texto exclu­sivo de la ver­sión dig­i­tal de esta revista.


     Escrito por Luis Bugarini

    (Ciu­dad de Méx­ico, 1978). Es escritor y crítico literario.

    *Fotografía de Luis Bugarini

  • Antología de mundos imaginarios | Por Luis Bugarini

    En 1940 se publicó en Buenos Aires una Antología de la literatura fantástica firmada por Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo. Nadie imaginó que el volumen, en apariencia convencional y de poco grosor, tendría consecuencias en el panorama de las letras hispánicas. Sus efectos, a más de seis décadas de distancia, siguen nutriendo la manera en que dialogamos con otras tradiciones literarias. Un ejercicio de estadística aplicada a esa antología: de los sesenta y cinco autores incluidos, cincuenta y tres escriben en una lengua distinta del español (con predominancia de la inglesa), y de los doce restantes que sí lo hacen, ocho son argentinos. Los restantes cuatro son Don Juan Manuel, José Zorrilla, Ramón Gómez de la Serna y Elena Garro. Ésta aproximación a nombres, números y nacionalidades, permite deducir la excentricidad del género fantástico en lengua española. Aunque esa cualidad, en este caso particular, no significa ausencia o falta de cultivo.

    Por el dominio que han ejercido escritores de lengua anglosajona sobre el género fantástico, sería fácil repartir cualidades intrínsecas a cada uno de los pueblos. Así, los franceses serían los genuinos poseedores de la literatura erótica, los ingleses de la fantasía y la ciencia ficción y los alemanes de la música y la filosofía —Ortega y Gasset enfatizó la pertinencia de la lengua alemana para las abstracciones filosóficas. Pero este ejercicio es un gigante de barro y se desbarata con el primer tifón de excepciones.

    Esa Antología es uno de esos legados poco visibles pero muy presentes en la tradición literaria en lengua española. A causa de las apasionadas lecturas de Borges de escritores anglosajones —Kipling, Stevenson, Carlyle—, y del repaso disciplinado de los cuentos que Scheherazade relataba cada noche para salvar su vida, Borges tendió un puente entre tradiciones por el que numerosos escritores han incursionado en una forma literaria que igualmente funciona para plantear las interrogantes de la condición humana.

    La colaboración entre Borges y Bioy Casares —quizá la más lúcida y perdurable que se haya dado en la literatura en nuestra lengua— además de la Antología, generó una serie de investigaciones policiales con dos personajes ficticios: Isidro Parodi y Bustos Domecq. Ambos argentinos abrevaron la forma de la novela y el cuento policial de la tradición anglosajona. Esa influencia también produjo otra antología: Los mejores cuentos policiales (1962), que ambos escritores realizaron años después.

    Atribuirle a Borges el descubrimiento de los juegos fantásticos por parte de los escritores en lengua española, confiesa una ingenuidad, pero no así reconocerle el hecho de fundar una poderosa estética: la de la inteligencia aplicada a la ficción. Por su énfasis en los juegos de la imaginación, en la aparición rigurosa de lo súbito, y en el carácter perdidizo de la realidad, su escritura invita a postergar la secuencia de hechos visibles para preguntarse qué hay detrás de ellos.

    Una aproximación al género fantástico presenta un problema de origen: la palabra fantasía se ha diluido. La realidad, por su parte, sufre una escisión a causa del arte contemporáneo: Duchamp no contempló las consecuencias del ready made. ¿Cómo definir a lo fantástico? ¿Cuáles son sus límites? Roger Caillois, en la antología de lo fantástico que realizó para Gallimard, lo identificó como una “tentativa de agresión a la realidad”; David Pringle, por su parte, como el “conjunto de historias que tratan de lo maravilloso, lo mágico y lo sobrenatural”. Las definiciones, estudios y tratados sobre el género se multiplican y aún con todo, el lector sabe cuando vive la experiencia de lo fantástico.

    Ciencia ficción y fantasía no son términos equivalentes. Cada género tiene características propias. Vuelvo a Pringle y en la introducción a su libro Ciencia ficción: las 100 mejores novelas, encuentro una definición del género que puede lograr el asentimiento general: “es una forma de narrativa fantástica que explota las perspectivas imaginarias de la ciencia moderna.” La escritura de ciencia ficción en lengua española detona en muchas direcciones. La influencia anglosajona se disipa aunque aporta lo mejor de sí, y se abren nuevas puertas a la originalidad de los pueblos hispanoamericanos.

    Así, la tarea de Borges, a la distancia, se difunde y fecunda la tradición literaria.

    Bioy_casares_y_Silvina_-Ocampo_por_Pepe_Fernandez-_esta

    Texto exclu­sivo de la ver­sión dig­i­tal de esta revista.


     Escrito por Luis Bugarini

    (Ciu­dad de Méx­ico, 1978). Es escritor y crítico literario.

  • Sobre El siglo de las mujeres de Gabriel Rodríguez Liceaga

    La épica que deriva de la guerra y de las condiciones de vida intrafamiliar, no están lejos. La psique humana también es un campo de batalla.Dentro de sus límites, imprecisos y burlones, se atropellan los deseos, la afectividad y los desórdenes inexplicables del “yo”. Las primeras asociaciones de la infancia, por ejemplo, impregnan el resto del trayecto vital. read more

  • Jugo de manzana

    “—Porque me voy a Roma, ¿recuerdas? Me largo. Dejo el país. Vuelvo a mis raíces, a la cuna de la civilización, al significado del significado, al alfa y el omega. Adiós a Point Dume, a los hijos, a los perros y a una mujer que nunca me entendió y nunca me entenderá.”

    John Fante, Mi perro idiota.

     

     

    Minutos antes de abordar el avión, supe que no habría marcha atrás.

    Que el instante en que los dados del azar quedan suspendidos, en que parece resumirse el curso de una vida, culmina. Pero también comprobé que es posible decidir y más: que hay una posibilidad de entregarse en su totalidad a una opción por elección voluntaria. En el último momento, para darme valor en ese trance álgido, me hice acompañar de la mejor edición de la poesía de Gabriele D’Annunzio, así como del ejemplar del día del Corriere della Sera del día, mismo que pagué carísimo en el aeropuerto de la ciudad de México. Ignoro la causa de haberlo comprado, si en el avión, con toda seguridad, habría ejemplares de cortesía. Supongo fue el nerviosismo. En mi cabeza, entre imágenes cortadas, repasaba la lírica del poeta italiano y una secuencia de impresiones fabulosas me asaltaban de manera intermitente. Era tiempo de mostrar coraje. Pensé: si acceder a una vida elegida es posible, ésta sólo se alcanzaría en el trasfondo de un escenario elegido, poblado por las ilusiones que nos alimentaron durante los años duros, o que nos resucitaron después de muertes simbólicas—tal era mi creencia. read more

  • Márgenes de Bolaño

    Padecemos el sesgo temeroso de una cultura orientada hacia la monumentalidad. Algo repercute en la historia de las formas, llega a pensarse, cuando es necesario levantar la vista para contemplar el brillo de ese acto materializado. Ecce el Acto. El suspiro de lo inalcanzable, de lo inaudito y por tanto de la santidad de la dedicación, acompaña por lo regular a la valoración de obras. Aún la fuga de una lágrima se considera el sello de una calidad sublime. Otro traspié de la crítica de cabaret. read more

  • Lecciones del otro maestro

    Con el vigor que lo define, J.G. Ballard afirmó: “la ciencia ficción es la verdadera literatura del siglo XX”, y remata: “tal vez sea la última forma literaria existente antes de la muerte de la palabra escrita y el dominio de la imagen visual.” read more

  • Poética y la palma de una mano: Kawabata

    Lector de Akutagawa y después consejero y amigo de Yukio Mishima, polígrafo y cineasta de vanguardia, solitario proverbial y acaso el glosador más entendido en La historia de Genji, organizador y principal artífice de la Escuela de la Nueva Sensibilidad, Yasunari Kawabata (1899-1972) rebasa con mucho la calidad de souvenir literario de oriente en tierras occidentales y se instala, con una delicadeza que sin ser impresionista no puede negar su trazo atmosférico, en el corazón de la modernidad literaria, amante de la pincelada y el dibujo suelto. read more