Poemas

  • Tres Poemas

    INFORTUNIO

     

    No era yo en mí

    sino el miedo a desaparecer

    del interior de la serpiente

    cuando el elefante olvidara

    que alguna vez lo miré

    antes de tragarlo

    No era yo

    sino la sangre

    de angustias ondulantes

    Detrás de mí

    no era

    sino el movimiento decrépito

    en las arterias

    No era en mí

    la oscuridad

    No era yo la serpiente

    No eran mis ojos.

     

     

    EN EL SUEÑO YO MUERO

     

    En el sueño no muero, me traslado

    con la flama hacia mi cuerpo

    No hay más ruinas que levantar

    acaso la máscara que me vio partir

    rumbo a la noche blanda, eléctrica. No

    muero, me sostengo en cada paso

    que enciende la nube

    y callo

    Aquí, decía el poeta, y voy al vértice

    Hay montañas que tienden al precipicio

    soy la caída, la ondulación

    Hay gente que señala hacia las piedras

    Hay un pozo al centro de la plaza

    y cabezas lanzadas desde su brocal

    van al llanto, a la bala

    en el grito, el último

    Ayer se moría para ceder la entrada al túnel

    hoy los engranes del silencio transgreden

    una piel que me devora

    Hay un jardín de raíces pudriéndose

    en estos ojos sumergidos en el amanecer

    en la sangre de una bóveda calcinada

    He dejado de partir

    la pupila se contrae

    al centro de un cielo amniótico

    ya no atiendo a la prisa de la duda

    ni escucho al rostro disperso del muro

    ero aunque no muero sé que el viento

    me humilla al despertar en otro sol

    de claves marchitas

    de nieve azulada que brota de los poros, de la boca

    En el sueño hay un río que se lleva el cadáver

    y un árbol que sujeta el temblor

    Aquí, en el negro inmóvil, bajo un viento artificial

    la vida se demora.

     

     

     

    OUROBORUS

     

    Hoy

    Se vive así

    con el fuego en casa

    sin más

     

    Los muros blancos de mi calle

    y las reproducciones de Goya

    entre los dientes

     

    La roja ausencia del espejo

     

    Allá, el ruido impreso

    del vaivén de los hombres

     

    Aquí, el silencio roto

    la flor evaporada

    y la ceniza caída de la boca.

     

    Texto publicado en la edición 147 de Crítica


    Escrito por Ingrid Valencia

    Ciudad de México, 26 de febrero de 1983. Autora del poemario La inacabable sombra (Literalia Editores, 2009). Directora de La Manzana, arte & psique (2005-2010). Obra suya ha sido compilada en: Diez y nota (SCJ, 2010; coord. Luis Armenta Malpica), Del silencio hacia la luz, mapa poético de México (2008), La mujer rota (2008), Anuario de poesía mexicana 2006 (FCE, 2006; coord. Pura López Colomé); entre otros.

     

  • Dos Poemas

    En el norte ya no hay playas

     

    En el fondo verde de las botellas, ensortijados al vuelo de tardes y de Xanates hambrientos, de honduras de la tierra de los días, escucho la respiración del Venado azul.

    Ahora lo tengo tatuado en la piel y canta.

     

    Abro las ventanas: relámpagos de medianoche; las formas apenas nacen en la comisura de la página; desde el Níger hasta el Nazas he venido silbando la lluvia que no me cobija como una música infinita, y que taladra la cerradura de mi conciencia.

    Serpientes, chacales y escorpiones vienen a buscarme por la tarde y no me encuentran.

     

    En el norte ya no hay playas.

     

    Horas pardas sobre el desierto de las madrugadas y el embiste de vientos brujos venidos quién sabe de dónde: no se detienen hasta llegar a las aceradas puntas de unos pies sólidos…

    Entonces el flaco registro de los años se desmaya sobre la línea. Y algo me dice que continuaremos sobre la ruta incierta de las pesadillas tolvaneras; doce soles desde que decidí no esperar más y me he quedado con el aliento marítimo de tus puertos de la Imaginación.

     

    Huele a ínsula.

     

    La arcilla me ha moldeado el cuerpo y el pensamiento a través de los siglos de nubes.

     

     

     

    72 horas con mi madre

     

    para Gilberto Prado Galán

     

    Las manos de mi madre

    encontraron la sangre

    devota de la tierra

    y mis amanecidas sonrientes

    en La Paz,

    Puerto de Imaginación, Baja California Sur;

    en los descubrimientos del relámpago

    de un jueves infinito: azules y más azules agónicos:

    último aliento…

    (una oración para los que agonizan).

     

    La luz ocular fue cediendo.

     

    Mi madre tenía peces en el rostro:

    un rictus mortífero es la mañana;

    el aire huele a cuarto de hospital público

    y a orines.

    Las sábanas al fin cubrieron

    los rigores del destino.

     

     

    Ángeles cortando flores de azahar;

    cae el ataúd sobre lágrimas,

    sin sangre, sin jueves.

     

    Tus ojos dejaron de emanar su dulce brillo

    y voló tu espíritu sobre nuestras cabezas,

    sobre la casa,

    el patio,

    tu naranjo,

    entre las palmeras;

    maullaron los gatos…

     

    Y te ibas yendo…

    te fuiste

    en el mismo devenir del tiempo;

    cuando crecían los almendros de la casa.

     

    Tus manos heladas mutaron

    para ser raíz de nuestros pasos sobre el camino;

    transformación en el aire de los nogales

    y las arenas del Cortés…

    Texto publicado en la edición 147 de Crítica


    Escrito por Julio César Felix

    Nació en Navolato, Sinaloa, en 1975. Estudió Letras Hispánicas en la UNAM y actualmente radica en Torreón, Coahuila. Allí es coordinador editorial de la revista de creación literaria y pensamiento crítico Acequias de la Universidad Iberoamericana Laguna. Autor de los libros de poesía De noche los amores son pardos (Col. Tierra Adentro, CONACULTA, 1999), Al sur de tu silencio (Col.Centenario, DMC, Ayuntamiento de Torreón, 2005), De lagos, lagunas y otras danzas (Crunch editores, Mexicali, 2006) y Desierto blues (Col. La Fragua, Icocult/CONACULTA, 2006). Ha sido becario del FESCA de BCS y ganador del concurso nacional de los juegos florales de La Paz.

  • Dos Poemas

    Voy hacia esa luz

     

    Voy hacia esa luz

    donde no hay ecos

    Sigo una línea sombría

    voy derecho por mi veta

    de caracol concéntrico

     

    Voy hacia esa luz

    y me agosto mudamente

    Retiro cada una de las capas

    una y otra y otra vez

    Después otra

    Así sucesivamente

     

    Un trabajo a contra luz

    Una ordenanza diligente

    Continúo

    Y a veces

    no sé si llegaré

    Me disuelvo y cejo en mí

     

    Intento no caer en mí mismo

    Sé de las tareas

    Sé de los intentos de otros

    Que no lo lograron

     

    Voy hacia esa luz

    como un alumno que repite

    una y otra y una vez más

    la lección complicadísima

    repito fórmulas repito nombres y fechas

     

    Repito una a una las historias

    el campo de tragedias incontenibles

    el campo mas no enhiesto

    de lamentaciones de estupores

    balidos cremaciones

     

    La tesis una vez más

    los hemistiquios del magister

    repito en la regadera

    en la cocina en la azotea

    mi campo infinito a contener

     

    Siento una vez más esa fuerza

    pienso que puede crecer acalorada

    pero cede a mí mismo a mi peso

    Cae en mi línea oculta

    En ese arrecife donde hay voces

     

    Pierdo la esperanza me disuelvo

    Como un eco que aún las aves oyen

    Me descentro voy hacia arriba

    A esa luz con mi espuma de coquille

    Como un tibísimo y húmedo cartílago

     

    Sigo encontrando ecos en mí

    ecos de esa luz sin máscaras

    sin pasos en falso que insistan

    en esa obstinación aérea

    que quiere robar un ápice de espacio

     

    Sigo en esa obstinación de morar

    esa estimación que desfallece

    por mí mismo por continuar

    los pasos en aliento centrífugo

    el devaneo como una tonadita

     

    Una música monótona

    que moja y se expande

    una tibieza de mollera

    una firmeza entre valvas

     

    Sigo ante mí y veo la luz

    La danzarina la expectante

    mientras todo a mi alrededor

    es fúnebre y umbrío

    Cede ante mí y mi obstinación

     

    ¿De dónde viene este vigor

    a qué debe su continuo rasgar

    su inequiparable deambular?

    ¿De dónde viene esta ineluctable

    esta en sí misma nave y tripulante?

     

    Voy a esa luz insisto

    si no he de llegar

    no importa el aroma a cobre

    en mis manos ni el chasquido

    de aquel látigo que es la envidia

     

    Voy a esa luz

    y quizá antes me dé alcance

    la muerte y quizá llegue a la salida

    quizá fenezca en el interior

    de mi caracola de plata

     

    Quizá haya que desmembrarme

    ante la luz quizá la luna

    sea testigo de esta muerte abisal

    quizá uno mismo sea testigo

    de su fracaso desde el cuarto verso

     

    Y sigue en su trasunto mineral

    en su declinación y caligrafía exacta

    Sigo en silencio el camino

    la senda curva herida de agua

     

    Con orugas de espuma voy a esa luz

    Que se apaga

     

     

    El ángel de la acidia

     

    Una vez más el ángel de albo peplo

    Parece consumirse en sus delicuescencias

    Con una mano posada en la pierna

    Y la otra en el atril de su barbilla

    Pierde la mirada en los lindes

    de un firmamento que nunca tocará

    Sus alas están maltrechas y aduncas

    como el día de la resurrección final

    Hay una luz crepuscular, silenciosa,

    Que lentamente se desliza, como espuma,

    Serpea detrás de todos los objetos

    proveniente de un fardo sonoro

    Una campanada que resuena en el aire

    Goza de tal fuerza, viene tan cadenciosa

    Que resquebraja el muro de aire

    Como las gotas de cera sobre un hacha

    De la escalera al mirador navega

    Con una lluvia que proviene de las estrellas

    Y ahora, cuando la notan, cede

    Sigue la fuerza como un fruto manido

    La corona riela entre sus cabellos

    Tan poderosa que zumba

    Las ondulaciones del cabello emulan

    las espirales que no tienen fin

    Como si el tiempo se detuviera

    el ángel tiene frente a sí un segundo

    Es una partícula del mañana y

    un átomo de los ayeres

    Al separarse como una gota de ámbar

    que en las manos se agita nerviosa

    Es el cuerpo del tiempo en estado puro.

     

    Publicado en la edición 147 de Crítica

    Escrito por Héctor Iván González

  • Tres poemas

    Reconstrucción de los hechos

     

    Dale, Edgar, sentido al suceso:

     

    El general en retiro

    duerme. En su catalepsia

    construye rompecabezas.

     

    Crímenes de extermino

    le provocan media sonrisa

    (nosotros —por supuesto—

    no la vemos).

     

    Está inmóvil. Mentalmente

    canturrea:

     

    That the ghastly extremes of agony are endured by man the unit, and never by man the mass— for this let us thank a merciful God!

     

     

     

    Lo dejaron por allá (en morro dos macacos).

     

    Eso que ves, Fabiola

     

    (camino a tu casa/después de la entrega/estacionado en la banqueta/partido en dos/tan mosqueado como las manos del carnicero/desnudo/putrefacto/rodeado de curiosos/entre ellos tú),

     

     

    es un policía

    dentro de un carro de supermercado.

     

     

    Tortura china

     

    La víctima

    : su hemorragia su hematoma

    casi pulcra. La

    ceremonia fue fugaz.

     

    Sólo cuando le llaman por su nombre

    —monosilábico—

    parece dar señales de vida.

     


    Escrito por Gerardo Villanueva

    (Guadalajara, 1978).Es abogado. Ha publicado fractura: rastro (Ediciones del Ornitorrinco, 2003) y Tranterra (Literal, 2009). Poemas suyos han sido publicados en diversos medios impresos y electrónicos, como “Gaceta Literal”, “Crítica” y “Metrópolis”. Actualmente vive en la Ciudad de México.

  • Poema

    Nota de Sergio Téllez-Pon y versión de Nicolás Ruiz

    El autor de este poema es, sin duda, Xavier Villaurrutia (Ciudad de México, 1903-1950). Apareció publicado sin título y sin el nombre de su autor en el primer número de Ulises, revista de curiosidad y crítica (mayo de 1927, p. 30; FCE, Colecc. Revistas Literarias Mexicanas Modernas, 1980, p. 42.), la publicación que él y Salvador Novo hicieron entre 1927 y 1928. Villaurrutia era muy adepto a estos juegos, inspirado en los que hacía otro de sus escritores franceses predilectos, André Gide, quien publicaba sus cartas sin destinatario (porque ellos sabían a quién iban dirigidas). El poema alude a las ideas sobre el viaje que tenía el escritor francés Paul Morand a quien hace un claro homenaje en este poema y quien estuvo en México a principios de 1927: a partir de esa visita escribió su libro Viaje a México (Cvltvra, 1940; Aldus, 2008), traducido por el propio Villaurrutia; también de Morand le viene la influencia por la escritura de novelas breves como fue el caso de Dama de corazones (1928) consecuencia de la lectura de Fermé la nuit (1923), que Villaurrutia cita erróneamente en el poema. En una carta también de principios de 1927, Villaurrutia le escribe a Alfonso Reyes: “Paul Morand pasó unos días entre nosotros. Yo escribí un artículo para Revista de revistas y una poesía que Morand se llevó en el bolsillo muy agradado, después de perdonar la gramática de mi francés”. Casi con las mismas palabras es presentada esa poesía en la nota que la antecede en la sección “El curioso impertinente” de Ulises, que redactaban ellos mismos: “Un poeta de México deslizó en la cartera de Morand, a modo de conocimiento y saludo, estos versos”. La afinidad por la idea del viaje que tenía Villaurrutia con Morand, como puede notarse claramente en el poema, queda de manifiesto, además, en los epígrafes que encabezaban la revista (que escogía Villaurrutia), uno de los cuales es del propio Morand y hace referencia al “viaje alrededor de la alcoba”. Nicolás Ruiz no sólo ha vertido al español este poema sino que también lo ha corregido con acentos graves y circunflejos, tan propios de la lengua francesa, que al publicarse en la revista con puras mayúsculas no podían aparecer impresos. —Sergio Téllez-Pon.

     

     

    Immobile autour de ma chambre,

    J’ai fait avec vous le tour du monde.

    Alors je fus convaincu,

    Malgré toute la géographie,

    Que la terre n’était pas ronde.

     

    Lorsque j’ouvre votre Nuit close [sic]

    —éditions Nouvelle Revue Française

    J’entre dans un hôtel cosmopolite

    Plein de chambres de bruit et de paresse

     

    Les chambres des femmes

    —barbe bleue tout à fait rassuré—

    Aurore, Delphine et Clarisse,

    Noyées dans sa propre atmosphère.

    Et depuis les chambres des villes

    Avec son grand cabaret dynamique

    Qui tourne mon cerveau lent

    Comme un cerf-volant électrique.

     

    Maintenant vous êtes au Mexique,

    L’amère mère américaine

    Qui a une nocturne flore magnifique

    Et aussi un faune humaine

    Pour épater le monde entier

    Voulez-vous un exemple simple?

     

    Notre-votre Rousseau douanier.

     

    Je ne vous serrerai la main

    Car vous avez au lieu de doigts

    Des feuilles[1] de température:

    J’ai peur de me bruler, Morand.

     

    *

     

    Inmóvil alrededor de mi cuarto, / Hago con usted la vuelta al mundo. / Entonces estuve convencido, / A pesar de toda la geografía, / Que la tierra no era redonda. // Cuando abro su Noche cerrada / —ediciones de la Nouvelle Revue Française— / Entro en un hotel cosmopolita / Lleno de recámaras de ruido y pereza // Las recámaras de las mujeres / —Barba Azul totalmente seguro de sí— / Aurora, Delfina y Clarisa, / Ahogadas en su atmósfera propia. / Y más adelante las recámaras de las ciudades / Con su gran cabaret dinámico / Que gira mi lento cerebro / Como un papalote eléctrico. // Ahora usted está en México, / La amarga madre americana / Que tiene una magnifica flora nocturna / Y también una humana fauna / Para sorprender al mundo entero / ¿Quiere usted un ejemplo simple? // Nuestro-vuestro Rousseau aduanero. // No voy a estrechar su mano / Pues usted tiene en lugar de dedos / Hojas de temperatura: / Tengo miedo de quemarme, Morand.

     

    Texto publicado en la edición 147 de Crítica   


    [1] Aquí estaba escrito “fauilles” que podría entenderse como “failles” (fallas), como faucilles (hoces) o como feuilles (hojas). Si escogí esta última traducción fue simplemente basándome en el contexto del poema. Dejo, sin embargo, abierta la posibilidad a otra interpretación.

     


    Escrito por Xavier Villaurrutia

    Xavier Villaurrutia, nació en la Ciudad de México en 1903, y murió en su ciudad natal en 1951. Fue poeta, crítico literario y dramaturgo, realizó estudios de teatro en el Departamento de Bellas Artes y escribió varios guiones de cine. Junto a Salvador Novo y Torres Bodet, de quienes fue amigo desde la preparatoria, sentaron las bases de la generación de los poetas contemporáneos, que luego reunió a numerosos intelectuales del Siglo XX mexicano.

    Abandonó sus estudios de Derecho para dedicarse a la literatura y estudió teatro en la Universidad de Yale, becado por la Fundación Rockefeller.

    En su obra poética y teatral predomina el tema de la muerte. La angustia, la impotencia y la soledad se conjugan en este poeta y dramaturgo surrealista, que tuvo la influencia de López Velarde. Son ejemplos de este género en poesía: “Reflejos” (1926), “Nocturnos” (1933), “Nostalgia de la muerte” (1938), “Décima muerte” (1941) y “Cantos a la primavera y otros poemas” (1948).

    Entre sus obras teatrales pueden mencionarse: “Autos profanos” (1943), “Invitación a la muerte” (1944), “La mulata de Córdoba” (1948) y “Tragedia de las equivocaciones” (1951).

    Entre sus novelas debemos citar “Dama de corazones” (1928).

    Tradujo autores españoles y fundó dos revistas, junto a Salvador Novo: “Ulises” en 1927-1928 y “Contemporáneos” en 1928-1931. Fundó el Teatro Ulises en 1928.

    Entre 1943 y 1946 creó la revista “El hijo pródigo” junto a José Bergamín.

    Sus obras completas se publicaron en 1953.

    Póstumamente, fue homenajeado en 1955, denominando Xavier Villaurrutia al premio establecido para distinguir escritores.

  • Poemas

    Constantinopla

     

    Vivo en las afueras del mundo,

    soy el peor histrión del vecindario.

    Considero una ventaja estratégica estar a la sombra de la Puerta Dorada,

    colosal atea que va siempre al grano y prefiere la desolación al adorno.

    La admiro por lo mismo.

    Cuando pienso que su muerte es mi muerte

    me doy por satisfecho,

    ya puedo anunciarle a todos que estoy en una relación sentimental.

    La raza de mi querencia no es importante, lo que cuenta es su sentido del diseño.

    No odio a los chinos por ser chinos, los odio

    por ser incapaces de inventar la belleza trascendental de un

    1950 Studebacker Champion Convertible.

    La imagen de dicho auto reside en el relicario de plata que habré de arrojar dese alguna cima

    el día de mi finiquito.

    Barajeando mis opciones, me inclino por la cima de aquel puente.

    Hay que entender que el puente sufre el peso del tiempo

    como ningún mártir jamás podría

    y además sin drama o

    mácula,

    sin ensuciar los pantalones.

    Golden Gate,

    en tu nombre rutila

    una grosera promesa

    que ya pienso capitalizar

    cuando sea hora de canjear mis fichas.

    ¡Tú no eres ningún vulgar puente, oh montaña servil!

    Las pelirrojas me estimulan a tal grado, y entre más heladas y utilitarias,

    más vivo es el rojo de mi entusiasmo.

    Habría que seguir tu ejemplo, mi humilde giganta,

    y soportar el plomo de los días

    con el gris acero de tu parsimonia.

     

     

     

    2.

     

    Bruto y astroso el jamelgo

    del lúgubre hidalgo

    (no aquel Hidalgo sino el genérico, el de noble abolengo)

    renquea cual oblea, tose cual tren

    y sangra escorbuto

    parodia tísica de locomoción clásica

    que de la sedición es el fruto.

     

    Un calambre lo tuerce y le trunca

    la carrera castrense

    (la carrera de un gato y su ovillo de estambre)

    y ahora lo tienen paseando a aquel fiambre

    en carroza, también a su esposa, la momia canalla.

    Tú espera en la esquina y seguro te tira

    confeti circense

    desde el asiento de alambre

    de esta seca antigualla.

     

     

     

    Sendai

     

    Tengo un sismógrafo junto a la silla giratoria,

    un globo terráqueo traspasado de agujas

    donde las placas tectónicas se ahorcan;

    tengo un mirador cónico donde el fin del mundo es un diorama

    con partes móviles y exquisitas réplicas de trenes

    y cochecitos a escala.

     

    La aguja brinca y baila con el trompo.

    La gran ola se mueve y devora a velocidad insólita.

     

    Los muertos fluyen, se revuelven

    en un cosmos piroclástico.

     

    No hay defensa. Todo corre

    menos las piernas,

    los relojes…

     

    …las moscas son moscas desde siempre.

    De su errar derivo

    una lección pasmosa

    una modesta constante

    un frugal ultraje

    y un prismático

    temblor-abismo.

     

     

     

    El paraíso era un baluarte circular

     

    El paraíso era un baluarte circular,

    sus habitantes felizmente parapetados en la certeza binaria

    de un estado de sitio.

    Nosotros o Yo

    adentro;

    Ellos o Él

    afuera.

    Él circundaba la muralla,

    su voluntad siempre idéntica a sí misma…

    al ritmo de un caracol sus jinetes

    circundaban la muralla

    afilando en ella sus dagas

    como después el agua

    cuando erosiona las rocas.

    Su nombre es multitud

    pero entre ellos brilla la hélice

    espiral

    el remolino abismal

    y el viejo escargot que deja su baba en el álbum de la familia.

    Adentro, Nosotros

    en unísono de serpentina

    pre-serpentina

    circulábamos el único signo posible,

    y esto Nosotros

    lo hacíamos sin manos o sin bocas.

     

    Hoy con justa razón sentimos repugnancia y buscamos no hundirnos en ninguna pantanosa monomanía

    pero en aquel entonces todo era simplonamente divino.

     

     

    El primer portero

    corrupto

    fue el primer agujero

    amoroso.

    El primer agujero corrupto

    fue el primer portero amoroso.

     

     

    Hoy reina la Moneda, la Rueda y el Fuego.

     

    El fuego es la manifestación visible de una rueda invisible.

    La rueda rueda con la simplona divinidad de la moneda.

    La moneda es el baluarte circular en el que la rueda existe y es consumida por el fuego.

     

    Y lo que queda fuera de la moneda,

    o todo lo que no es moneda,

    es lo único que habilita y sostiene la existencia de la moneda.

     

    Y

    amén

    entonces

    o etcétera

    pues.

     

     

     

    4.

     

    Doroteo, arenga a las tropas,

    hazlas subir por el filo de Marte,

    da la orden, que rasguen las ropas

    y a usar los jirones para un nuevo estandarte.

     

    Ya encarriladas en demás rasgaduras

    las huestes valientes violentan los lechos

    rasgando las faldas de nenas maduras

    los muertos vivientes se arrogan derechos.

     

    Feroz centauro, cazador de la enagua,

    bigote y carisma de fatal rabble-rouser,

    aunque ayer gobernabas Chihuahua

    hoy en Texas subastan tu Mauser.

     

    Texto publicado en la edición 146 de Crítica


    Escrito por Eduardo Padilla

  • Tres poemas

    CUANDO LLEGUE el tiempo dile que aún es temprano

    que hay una fiesta diminuta bajo el zapato

    que dejaron tirado y fue pescado como ombligo

    de innacido tirano desterrado

     

    dile sin embargo que nunca será demasiado tarde

    para aliviarle resaca al espantapájaros que baila

    con los cuervos de vicente volatilizándose al ras

    de aquel apuro por llegar a tiempo a su momento

     

    las campanas tibetanas no se cansan de alzar

    la suave alegría de la mañana intocada librada

    batalla en un detalle del follaje que sacude

    tan sólo un rumor que no ha llegado

     

    cuando pienses en quien te ha mordido

    no lo mates con el relámpago de tu dolor

    lo arrancado no se encuentra suelto

    del envío abisinio del esclavo sobrevivo

     

    a la penuria con su éxtasis salado

    a la migraña desde el poso de un abismo

    a la encrucijada con hambre de espantajo

    a la mordedura de lo mismo que te abre

     

    dile al emisario del abismo que he salido

    en busca de una senda en otras manos

    camino al lugar donde borra el destino

    a su predestinado a tiempo de ser a tiempo

     

    es el espejo clásico extraviado en el ático

    es la confianza ruda de una sola mano

    es el tráfico incendiado por las horas

    es la hoja que arrancaron los que amaron

     

    cuando escuches que algo llega a enredarte

    salta hacia la capital de la alegría

    se trata de un lugar que está en tu axila

    o entre los pliegues de esa prestada camisa

     

    cuando llegue el tiempo y se haya ido

    con los ojos dados vuelta como un zombi

    sobre el hilo eléctrico de las conexiones

    en un espejismo privado hacia la hora

     

    y se haya ido tu distancia con el frío

    hasta contarte la dulzura ríspida del sonar

    de la montaña tras la montaña de los años

    ellos mismos confundidos con sus sombras

     

    ser tan rápido como el abismo que imanta

    o tan agudo al desenvolver tus agonías

    para desplegarlas en el mantel del picnic

    mientras al mirarlas las hormigas muerden

     

    cuando el tiempo traiga su ángel sin guardia

    dispense al dragón por su inocencia tácita

    por el silencio fogoso que comprende

    los breves movimientos de guadaña

     

    rasga el cereal para el futuro pan de los colores

    sopla la paja del sombrero incrustación de velas

    tu autorretrato como mortaja de tu otro

    por un camino que se vuela y se difunde

     

    al sinfondo del campo sigue el pulso

    tallando la callada espesura paralela

    una espiga enredadera en una espina

    palabra vera para aquello que no vino

     

    el destino se propague por temblarte

    dile apenas que me fui a la playa

    con la canoa y unos remos habitados

    por la marea sin peso la marejada

     

     

     

     

     

     

     

    la incierta felicidad desprende un rumor de pátinas para la llovizna

    es la mañana siempre y la noche nunca se desgarró mientras crece

    la luz vacía sin vacilar estira los brazos novia inconstante del hambre

     

    se dividen las jornadas en un arremolinarse las hojas se conciben

    las preguntas del precipicio que suele aparecer a eso de las doce

    fatiga del viento contra los amplios entretelones con sus moscas

     

    me quedo mosca contra el atrapapeles contra el rol agusanado

    manzana en la boca del divino cerdo corazón del banquete

    pierdo confianza en el tiempo para encintar los labios de apagón

     

    la soledad es un puente pulpo en todas direcciones gira el muy

    soplón y atiende a cada una de las dudas que carcomen la pieza

    de estalactita pura como el abismo maternal incluso tierno

     

    con sus mansedumbres ovejíadas me deja en la estocada

    a un palmo de certeza a media distancia de vida íntima supurada

    diseminación de bordes de botellas verdes azules transparentes

     

    sobre todo los filos agudos de la transparencia antigua de embrujar

    en la inacabable cola del cometa oroboro que rodea con espinas

    el sagrado corazón de este zancudo

     

     

     

     

     

    llegó el ángel del deterioro el gran angular de diagonales

    con las alas apagándose en una pasión de sufrimiento tal

    que a palos de ciego mortificaba la yacente carne aguzada

    por los inminentes gusanos de seda que irían a deshilarla

    en los pasillos cada vez menos hospitalarios sacudíanse

    esas alas del cabrón con su campanita al cuello y su lirio

    en especie de ojal que rechinábale el rabillo perspicaz

     

    sus melenas cambiantes como un coral en plena espuma

    se agitaron un instante para que otros ojos habitasen

    aquella inmediación entre la zona viva y la que partirá

    en cualquier momento neutro se trata de la misma bronca

    con que las luces de las distancias agujerean el pecho

    la continencia espectral de un sucedáneo entre el daño

    al correr de esas distancias con sus dioseznos apretados

     

    iba corroyendo ese filón manantial que ensordecía

    traía catástrofe a la primera línea fugaz del trampolín

    desde donde saltaban sin sentidos los tres monos

    sus partos de susurro o labia o confidencia al oído

    de ese guardiancillo desmelenado sacudiendo adornos

    en todos los cuartos del cuchicheo adonde se posaran

    alas de murciélago sobre un lago esmeralda de la sed

     

    junto al martirio del lecho el lechoso légamo invernal

    raíz arrancada de linfas poderosas que discurren

    sin más por el zarpazo suave del hálito del ángel del

    desgaste con sus oros el orate de gas haciéndose

    parte de lo que arranca la carne de su nido adentro

    o su afuera en los campos inminentes

    en los afluentes de distancias que acaparan el ansia

     

    y al correr atravesaba murallas y a su dios tragaba

    y se atracó matraca de salva entre las alas de polilla

    olor a podre de frutas acidez amurallada suspicacia

    tan suspicaz el lenguaraz desangelado

    sus ojos niebla a punto de estallar nunca

    royendo el fémur del consuelo incrustación

    de zonas que se filtran por el disfraz del exangüe

     

    con túnica vertebral esa prisión de costillares

    ese costado a punto de hablar por dónde llegar otro

    al correr esas fragancias con los dones agitados

    presas en combustión a través de la salina que

    suspira párpados al fondo cuando el yacente

    en brazos de este ángel se abandona al ángulo

    justo a la cabecera de la cama junto a su relojeo

     

    hecho de huecos específicos

    compuesto como una orquesta de plumajes

    desasidos de la costura de la selva carnal

    del niño rosado que se lima los dientes

    de umbral en umbral el arpista en harapos

    entonaba su cántico a la sombra

    cristalina y vitalicia en su epicentro

     

    llegó el ángel y a su cobayo le dijo eres mío

    mi servidor eres y yo tu amortajador lo dijo

    con esa gracia de peso pluma que contiene a los

    ex presos con una especie de planicie en la voz

    resonador del juicio que habrá que abolir cuando

    sea por ahora sea hay un sudario y debajo

    antropomorfo el saltamontes su antro retuerce

     

    no querría irse no querría pasar al otro lado

    del espejuelo que lo ajustaba como un traje

    aprestado como una copia del rostro hecha

    trizas sobre una superficie de brisa terminal

    con la presión de los dientes y uñas

    el puño erizándose al contacto

    el ala perseguida por el ala

     

    pieza probable de la eternidad que se comía

    sin vergüenza alguna los rincones por entonces

    surgieron motines de ángeles amontonados

    del deterioro rondando desharrapando

    como la llama hacia la borrasca del rostro

    borra en el sudario inexorable se apolilla

    al deponer su ignorada copia sobre los rasgos

     

    Texto publicado en la edición 146 de Crítica


    Escrito por Reynaldo Jiménez

    Nació en Lima en 1959. Reside en Buenos Aires. Publicó Tatuajes (1980), Eléctrico y despojo (1984), Las miniaturas (1987), Ruido incidental/El té (1990), 600 puertas (1993), La curva del eco (1988, segunda edición, 2008), Musgo (2001), La indefensión (2001), Sangrado (2006). Dos antologías breves: Shatki (2005, selección, traducción al portugués y prólogo de Claudio Daniel) y Ganga (2007, selección y edición de Andrés Kurfirst y Mariela Lupi, prólogo de Mario Arteca.)

    También ha publicado, en prosa, Por los pasillos (1988) y Reflexión esponja (2001). Como antólogo: El libro de unos sonidos. 14 poetas del Perú (1989) y su versión ampliada El libro de unos sonidos. 37 poetas del Perú (2005). Compiló con Adrián Cangi Papeles insumisos de Néstor Perlongher (2004). Del portugués tradujo parcialmente la obra de varios poetas brasileños. Desde 1995, junto a Gabriela Giusti, produjo la revista-libro (y el sello editorial) tsé-tsé. Con Fernando Aldao, bajo el nombre de Atlanticopacífico, editó el cd La indefensión (2002), y como Ex puso a circular otra parte de sus grabaciones en internet, donde también publicó recientemente algunos videopoemas.

  • Seis poemas de David Cortés Cabán

    1.

    Custodiado por el paisaje

    viajo en el cuerpo que se desliza

    como la huella de un antílope en las sombras.

     

    2.

    Regreso a la ventana de cristal

    donde mis ojos vieron volar las golondrinas

    no las que Bécquer vio sino estas otras

    que de la vida traigo y aquí dejo

    la vida que me dieron mis padres una noche

    vida que cada instante me vive y me desvive

    como esa lluvia que escapa entre los árboles

    y no vuelve jamás y es inútil quedarse y retenerla

    cuando la piel se tiñe de gris como un ocaso

    que se está yendo siempre para siempre.

     

    3.

    Entre los girasoles de un día que no existe

    quiero encontrar la vida que se escapa

    la vida que me aleja de ti cada mañana

    la que lleva los árboles que te vieron crecer

    los ríos y las playas de otras costas

    que alguna vez miramos sin mirarlas.

     

    4.

    Por las calles desiertas voy buscando

    un cuerpo que se oculta de sí mismo

    un cuerpo que se aleja y nunca alcanzas

    un tiempo sin edades que nunca se detiene.

     

    5.

    La armonía de un pájaro inventa otro paisaje

    en el que te desgarras buscando lo que ignoras

    cubriendo con tu cuerpo la impiedad del olvido.

    Ah la injusticia amada mía recorriendo las calles de mi pueblo

    los perros venerando la injusticia

    la avaricia desplegando su iniquidad.

     

    6.

    En este mismo instante

    las sílabas guardando tu inocencia

    la dureza del mundo o el leve resplandor.

    Heme aquí guiado por tus pasos

    lejos de las recompensas que infectan el alma

    con tu imagen en las profundidades del bosque.

     

    Texto publicado en la edición 146 de Crítica


    Escrito por David Cortés Cabán

    Escritor puertorriqueño (1952). Ha publicado Poemas y otros silencios (Río Piedras, Puerto Rico, 1981), Al final de las palabras (New Jersey, 1985), Una hora antes (Madrid, 1991), El libro de los regresos (Madrid, 1999) y Ritual de pájaros (Mérida, Venezuela, 2004). Sus poemas y reseñas literarias han aparecido en revistas de Estados Unidos, México, Venezuela, España y Puerto Rico

  • Cuatro poemas de Julián Herbert

     

     

     

    OSCURA

     

    a Javier Sicilia

     

    Pasé toda la noche con el brazo en una grieta.

    No era un aula de santos.

    Era un hotel a las afueras de Querétaro.

    Dos camas individuales provisionalmente pegadas

    para caber los tres (siempre tres) juntos.

    Ascésis: duermevela: Aníbal Barca, mi hijo, cayendo cada 15 minutos por el hueco.

    Es vulgar pero no es falso: pasé toda la noche con el brazo en una grieta.

    Me inculcaba el demonio de una negra rabia acústica, ¿para qué escribir poemas

    si todo lo que hiere tiene el tacto vacío: usura de una tumba?

    Encandilado, muy orondo y sin luz (sin otra luz y guía sino etcétera etcétera),

    escribí de memoria estos versos:

     

    “Al menos toca lo que matas.

    Siéntelo babosa lumbre negro caracol con la que marcas –meas–

    plásticos: Identidad.

    Recuerda, cuando vayas al cine a ver películas de nazis, que tú no eres judío.

    Pero si eres judío no recuerdes nada: al menos toca lo que matas.

    No te metas en dios. No vueles coches. No hagas citas sagradas. No discutas conmigo.

    No me vendas muñones. No me traigas cabezas. No me pidas que aprenda a respetar.

    Toca.

    Al menos toca lo que matas.”

     

    Son pésimos. Lo supe de inmediato.

    Hace un par de años que no logro hacer poemas.

    Lo extraño pero no lo lamento.

    Todos sabemos que la poesía no es más (ni menos) que una destreza pasajera.

    Una destreza que, perdida, se hace tú y alumbra oscura.

     

    (Igual que un padre pasará toda la noche

    con el brazo en una grieta

    procurando que la cabeza de su hijo

    no toque nunca el suelo.)

     

     

     

    SE HACE TÚ Y ALUMBRA OSCURA

    (CHISMÓGRAFO)

     

    [3]

    Noli me tangere

    Juan 20:17

     

    Poesía eres tú.

    Miguel Gaona

    Maricela Guerrero

    Efraín Velasco [3]

    María Salgado

    Ricardo Castillo

     

    Esto es lo que veo:

    hay alguien, en la ciudad de roma, que ignora el arte de amar

    : afila sus caballos, besa sus herraduras.

    Un lago con gaviotas famélicas y la fábrica de sosa.

    [3] ___________________________________________________________.

    entre como entre gotas negro

    Otra grieta dentro de la grieta.

     

    Este verso es lo que no veo:

    sujeta por el mármol, una herida:la bala blanca, su dispersión de cincel,

    ni los caramelos chiclosos ni las venas ni el ojo en el ala de la monarca macho

    [3] ______________________________________________________________

    como entre gotas como negro, etc.

    la silla nueva de los niños.

     

    Pero aquí es cualquier otra cosa:

    una túnica herida, por ejemplo; el mármol en sus venas.

    cosas sin resolverse como una herida o la pata de la mesa coja: derrames

    [3] ______________________________________________________________.

    Orillamar.

    Por ejemplo un ladrón que grita indignado: ¡al ladrón!

     

    Se habla de un desayuno que actuaba como foca,

    de una comida frugal, y de una cena última como el último panda

    de un parque temático,

    y de los dientes amarillos que no mejoran ni con la cal,

    se habla también de los calibres de las piolas,

    [3] ______________________________________________________________,

    e a a e u e a u o ue a u a a o o o a,

    un esqueleto vocal; no rima

    De una cena de la que no se dejará de hablar jamás,

     

    se habla de una

    causa opaca en la sonora, pero es falso.

     

    (respuesta sorteada)

     

    Serviciales agujas

    cervicales: y alguna lanza no lo es?

    enhebrar la o por lo redondo.

    [3] __________________________________.

    las marcan presas horas de la obediencia.

    Válvulas, poleas, engranajes y rictus colaboracionistas.

     

    Al menos toca lo que matas.

     

    La Muerte es una maestra del correveidile.

    La Muerte es una maestra de geometría y pericia.

    La Muerte es una maestra de [3] _______________

    La Muerte es una maestra de orillamar.

    La Muerte es una maestra de primer grado

     

    La Muerte es una subsecretaria de qué estado gaseoso.

    La Muerte es una subsecretaria de economía.

    La Muerte es una subsecretaria de [3] __________________.

    La Muerte es una subsecretaria de Ventas & Tracciones.

    La Muerte es una subsecretaria de otra subsecretaria.

     

    Estamos hasta la

    rabadilla: qué fosa tan común,

    Amazonia con semillas de cardamomo,

    [3] __________________________,

    Anilla

    boina de esta vaina.

     

    A continuación, el niño Dios; pase a recoger su diploma. A continuación,

    el niño Billy;acribille por favor a ese hijoeputa.

    lávese las manos y recoja sus semillas.

    [3] _____________________; ___________________________________.

    decanta Marcel su salto; unos milímetros deciden.

    El niño Dios mira el diploma y se clava en la grieta.

     

    Se hace tú y alumbra oscura:

    alguien – roma: ignora el arte de amar.

    y la sosa escuece, gaviotas famélicas: derrames.

    [3] ____________________________________________________.

    valedera de valiosa.

    Chocolate y atole negro por la mañana.

     

    Se hace tú y alumbra oscura.

    alguien —western:instruido por tus versos

    amará

    una suculenta sopa de águilas y los calibres de las piolas.

    [3] ____________________________________________________.

    Al río de mortal, ¡valiente!

    [4] ____________________________________________________.

     

     

    SPLENDOR IN THE WRAP

     

    Deseoso es aquel que huye de su madre.

    José Lezama Lima

     

    Anoche el Espíritu de las Navidades Futuras me hablaba

    sin hacer pausas para respirar

    como si lo hubiera poseído el espíritu de mi madre. Decía:

    “una limosina en la alfalfa / mira cómo la perra

    se desnuda / posesionarios

    de terrenos federales / tímidas, sedentarias, solitarias, caníbales

    y nocturnas /

    Tóxico Sólido No Peligroso / agujeritos

    que hace la muerte en el muro del kindergarten / el

    amor de mi vida has sido tú /

    el amor de mi vida sigues siendo tú”. Era un

    baldío y lo llamábamos

    la alfalfa: ahora han puesto un Soriana y quinceañeras

    cruzan el estacionamiento saludando

    desde sosos quemacocos

    a la gente y los carritos en sus

    nubosas ropas (las quinceañeras): acarreo

    de mortadela: acarreo

    de votantes: acarreo

    de pensionados a la fiesta. Queda (pero dónde) lo que no se compara: la metáfora de

    sí.

    “La pobre: cinco meses de salario tirados en una noche,

    y el marido la engaña, el amante la engaña, la mujer

    con la que tiene cibersexo la engaña”, decía (el voto, la pensión, la

    mortadela: olor a muerto sin bañar) el Espíritu de las

    Navidades Futuras poseído por

    el espíritu de mi madre: “Habráse visto: una

    limosina en la alfalfa,

    una limosina en la alfalfa, una

    limosina en la alfalfa”.

     

     

     

    CRISTO NO TE AMA

     

    They shoot horses, don´t they?

    Horace McCoy

     

    Entonces abre la ventana

    y tírate

    Los Tres

     

    Te estás poniendo fea y Cristo no te ama,

    gorda,

    lo gritan las paredes del gimnasio,

    musa gorda,

    no bajes (se refieren

    a la caminadora), no bajes

    que así bajarás mejor (Cfr.

    Juan de Yépez; qué

    creías, también yo

    cursé licenciatura).

    No bajes que así bajarás mejor: están hablando

    de ti

    diciendo: Cristo

    no te ama.

    Cristo no te ama. Todavía

    te invita a pasear

    a solas:

    te lleva a las afueras,

    te tumba en cobertizos,

    la mete a tus espaldas,

    murmura entre los grillos

    la cantinela esa de los años 80:

    “ya no te quiero, pequeña,

    ahora amo a los caballos”,

    engolfando la voz

    con calculado aprendizaje de Misterios;

    un circo de pulgas castálidas.

    No te ama.

    Cristo no te ama. Persigue

    en las inauguraciones

    a las entecas novias

    de los raperos

    y los diseñadores

    y los ciberotómanos

    y los aduladores–

    niñas que tienen todo el look

    pero jamás se dejarían

    sacar un ojo por el goce;

    pergeña números

    que son Su Nombre

    en las comandas de los

    Vip´s con la esperanza

    de que las nietas del dinero

    le manden un sms; patea botes (oscuro

    bajo la noche sola) con tal

    de no llamarte, de no

    saltar borracho a tu piscina

    tan sucia de hojas secas:

    tan égloga en asilo.

    Te estás poniendo fea,

    fétida, malsana, pretenciosa,

    musa gorda,

    y Cristo no te ama:

    ahora ama a los caballos.

    Escúchame: ¿acaso no

    matan a los caballos?…

    No luches.

    No me escupas.

    Te estoy haciendo un favor.

     

    Publicado en la edición 146 de Crítica


    Escrito por Julián Herbert

    Desde 1989, radica en Coahuila en cuya universidad estudió la licenciatura en Letras Españolas. Es profesor de literatura, editor y promotor de cultura infantil en el Instituto Coahuilense.

    Ha publicado el libro de cuentos Soldados muertos (1993) y el poemario Chili Hardcore (1994). Su segundo libro de poesía El nombre de esta casa (1999), recibió mención honorífica en el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 1998.

  • Tres poemas de Jorge Ortega

    SUBIDA AL MONTE URGULL

     

    Al fondo el mar,

    el sobrio mar de fondo

    que se nos desdibuja.

     

    Entre robles y helechos

    la espiral de piedra no pulida,

    las furtivas

    y onduladas

    terrazas del musgo.

     

    La espuma de la hiedra

    trepando por los troncos,

    los cauces de hojarasca

    crujiendo bajo una pisada en falso.

     

    Rampas. Escalones

    pacientemente relamidos

    por el inofensivo alud del vaho.

     

    Y el final en dónde o para cuándo:

    la cumbre se escabulle a nuestros ojos,

    pirámide borrada por la selva

    en una distracción.

     

    A mayor esfuerzo, menor la extenuación,

    mejor la claridad de los confines

    o pronta la llegada.

     

    El poema se hace en el trayecto,

    trata lo que tardamos

    en alcanzar la cima

    y descubrir ahí lo perseguido en vano,

    la veleidad del aire, el resbaloso pez de las alturas.

     

     

    HORTUS CONCLUSUS

     

    He mirado de cerca al colibrí

    y se ha puesto a flotar, activo en la quietud,

    con la velocidad de una milésima.

     

    En cada uno de sus aleteos

    caben las rotaciones de la luz y el tañido remoto

    de la cítara homérica en el jardín de Alcínoo;

     

    los viajes del reflejo en la piscina

    y las secretas músicas del día

    en las hondas cañadas de la hierba,

    lo que imaginas y percibes sin levantar un dedo.

     

    Qué podría añadir a su destreza

    sino estas apostillas, a manera de elogio,

    a lo que habla por sí con el hecho de ser.

     

    Afuera arde la épica de la sobrevivencia,

    marchan las multitudes, discurren los inventos

    y la historia se escribe con estruendo.

     

    Lejos de perecer en dicho intento

    me detengo a observar el picaflor

    cuya vivacidad baraja y aglutina los enigmas

    de todo el universo.

     

     

    BOSQUE DE NIEBLA

     

    Desescribir, borrar la exuberancia de esta línea

    hasta volver a lo blanco

    para decir la selva

    de otro modo.

     

    Para nombrar sin prodigar sus dones

    o tener que acabar de enumerarlos

    antes de que la lluvia nos alcance.

     

    Como si el lenguaje,

    como si la escritura nos bastara

    para impedir que el agua.

     

    Para reconocer las aves por su canto

    o la vegetación

    de golpe, a simple vista.

     

    Andamos sobrados de nombres

    o faltos de saber.

     

    Cómo decir lo verde

    y no hacerlo brotar en un color.

     

    Igual que la belleza, la magnitud del bosque

    cabe en la renuncia a proclamarlo.

     

    Texto publicado en la edición 145 de Crítica


    Escrito por Jorge Ortega

    Es poeta y ensayista mexicano. Nació en Mexicali, Baja California, en 1972. Es doctor en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Barcelona. El año de 2007 fue incorporado al Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA) en la disciplina de letras. Obtuvo el Premio Estatal de Literatura de Baja California en 2000 y 2004 en los géneros de poesía y ensayo literario, respectivamente; el Premio Nacional de Poesía Tijuana en 2001; y en 2005 resultó finalista único del XX Premio Hiperión de poesía convocado en España.

    Durante los períodos 2000-2001 y 2002-2003 fue becario en la especialidad de poesía del programa de Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.

    Colabora en diversos medios especializados de Iberoamérica, entre los que cabe destacar las revistas Alforja, Crítica, La Tempestad, Letras Libres, Luvina, Mandorla, Nexos, Quimera y Revista de Occidente.

    Actualmente es catedrático del centro de enseñanza técnica y superior CETYS en México.