Poemas

  • Poemas

    Constantinopla

     

    Vivo en las afueras del mundo,

    soy el peor histrión del vecindario.

    Considero una ventaja estratégica estar a la sombra de la Puerta Dorada,

    colosal atea que va siempre al grano y prefiere la desolación al adorno.

    La admiro por lo mismo.

    Cuando pienso que su muerte es mi muerte

    me doy por satisfecho,

    ya puedo anunciarle a todos que estoy en una relación sentimental.

    La raza de mi querencia no es importante, lo que cuenta es su sentido del diseño.

    No odio a los chinos por ser chinos, los odio

    por ser incapaces de inventar la belleza trascendental de un

    1950 Studebacker Champion Convertible.

    La imagen de dicho auto reside en el relicario de plata que habré de arrojar dese alguna cima

    el día de mi finiquito.

    Barajeando mis opciones, me inclino por la cima de aquel puente.

    Hay que entender que el puente sufre el peso del tiempo

    como ningún mártir jamás podría

    y además sin drama o

    mácula,

    sin ensuciar los pantalones.

    Golden Gate,

    en tu nombre rutila

    una grosera promesa

    que ya pienso capitalizar

    cuando sea hora de canjear mis fichas.

    ¡Tú no eres ningún vulgar puente, oh montaña servil!

    Las pelirrojas me estimulan a tal grado, y entre más heladas y utilitarias,

    más vivo es el rojo de mi entusiasmo.

    Habría que seguir tu ejemplo, mi humilde giganta,

    y soportar el plomo de los días

    con el gris acero de tu parsimonia.

     

     

     

    2.

     

    Bruto y astroso el jamelgo

    del lúgubre hidalgo

    (no aquel Hidalgo sino el genérico, el de noble abolengo)

    renquea cual oblea, tose cual tren

    y sangra escorbuto

    parodia tísica de locomoción clásica

    que de la sedición es el fruto.

     

    Un calambre lo tuerce y le trunca

    la carrera castrense

    (la carrera de un gato y su ovillo de estambre)

    y ahora lo tienen paseando a aquel fiambre

    en carroza, también a su esposa, la momia canalla.

    Tú espera en la esquina y seguro te tira

    confeti circense

    desde el asiento de alambre

    de esta seca antigualla.

     

     

     

    Sendai

     

    Tengo un sismógrafo junto a la silla giratoria,

    un globo terráqueo traspasado de agujas

    donde las placas tectónicas se ahorcan;

    tengo un mirador cónico donde el fin del mundo es un diorama

    con partes móviles y exquisitas réplicas de trenes

    y cochecitos a escala.

     

    La aguja brinca y baila con el trompo.

    La gran ola se mueve y devora a velocidad insólita.

     

    Los muertos fluyen, se revuelven

    en un cosmos piroclástico.

     

    No hay defensa. Todo corre

    menos las piernas,

    los relojes…

     

    …las moscas son moscas desde siempre.

    De su errar derivo

    una lección pasmosa

    una modesta constante

    un frugal ultraje

    y un prismático

    temblor-abismo.

     

     

     

    El paraíso era un baluarte circular

     

    El paraíso era un baluarte circular,

    sus habitantes felizmente parapetados en la certeza binaria

    de un estado de sitio.

    Nosotros o Yo

    adentro;

    Ellos o Él

    afuera.

    Él circundaba la muralla,

    su voluntad siempre idéntica a sí misma…

    al ritmo de un caracol sus jinetes

    circundaban la muralla

    afilando en ella sus dagas

    como después el agua

    cuando erosiona las rocas.

    Su nombre es multitud

    pero entre ellos brilla la hélice

    espiral

    el remolino abismal

    y el viejo escargot que deja su baba en el álbum de la familia.

    Adentro, Nosotros

    en unísono de serpentina

    pre-serpentina

    circulábamos el único signo posible,

    y esto Nosotros

    lo hacíamos sin manos o sin bocas.

     

    Hoy con justa razón sentimos repugnancia y buscamos no hundirnos en ninguna pantanosa monomanía

    pero en aquel entonces todo era simplonamente divino.

     

     

    El primer portero

    corrupto

    fue el primer agujero

    amoroso.

    El primer agujero corrupto

    fue el primer portero amoroso.

     

     

    Hoy reina la Moneda, la Rueda y el Fuego.

     

    El fuego es la manifestación visible de una rueda invisible.

    La rueda rueda con la simplona divinidad de la moneda.

    La moneda es el baluarte circular en el que la rueda existe y es consumida por el fuego.

     

    Y lo que queda fuera de la moneda,

    o todo lo que no es moneda,

    es lo único que habilita y sostiene la existencia de la moneda.

     

    Y

    amén

    entonces

    o etcétera

    pues.

     

     

     

    4.

     

    Doroteo, arenga a las tropas,

    hazlas subir por el filo de Marte,

    da la orden, que rasguen las ropas

    y a usar los jirones para un nuevo estandarte.

     

    Ya encarriladas en demás rasgaduras

    las huestes valientes violentan los lechos

    rasgando las faldas de nenas maduras

    los muertos vivientes se arrogan derechos.

     

    Feroz centauro, cazador de la enagua,

    bigote y carisma de fatal rabble-rouser,

    aunque ayer gobernabas Chihuahua

    hoy en Texas subastan tu Mauser.

     

    Texto publicado en la edición 146 de Crítica


    Escrito por Eduardo Padilla

  • Tres poemas

    CUANDO LLEGUE el tiempo dile que aún es temprano

    que hay una fiesta diminuta bajo el zapato

    que dejaron tirado y fue pescado como ombligo

    de innacido tirano desterrado

     

    dile sin embargo que nunca será demasiado tarde

    para aliviarle resaca al espantapájaros que baila

    con los cuervos de vicente volatilizándose al ras

    de aquel apuro por llegar a tiempo a su momento

     

    las campanas tibetanas no se cansan de alzar

    la suave alegría de la mañana intocada librada

    batalla en un detalle del follaje que sacude

    tan sólo un rumor que no ha llegado

     

    cuando pienses en quien te ha mordido

    no lo mates con el relámpago de tu dolor

    lo arrancado no se encuentra suelto

    del envío abisinio del esclavo sobrevivo

     

    a la penuria con su éxtasis salado

    a la migraña desde el poso de un abismo

    a la encrucijada con hambre de espantajo

    a la mordedura de lo mismo que te abre

     

    dile al emisario del abismo que he salido

    en busca de una senda en otras manos

    camino al lugar donde borra el destino

    a su predestinado a tiempo de ser a tiempo

     

    es el espejo clásico extraviado en el ático

    es la confianza ruda de una sola mano

    es el tráfico incendiado por las horas

    es la hoja que arrancaron los que amaron

     

    cuando escuches que algo llega a enredarte

    salta hacia la capital de la alegría

    se trata de un lugar que está en tu axila

    o entre los pliegues de esa prestada camisa

     

    cuando llegue el tiempo y se haya ido

    con los ojos dados vuelta como un zombi

    sobre el hilo eléctrico de las conexiones

    en un espejismo privado hacia la hora

     

    y se haya ido tu distancia con el frío

    hasta contarte la dulzura ríspida del sonar

    de la montaña tras la montaña de los años

    ellos mismos confundidos con sus sombras

     

    ser tan rápido como el abismo que imanta

    o tan agudo al desenvolver tus agonías

    para desplegarlas en el mantel del picnic

    mientras al mirarlas las hormigas muerden

     

    cuando el tiempo traiga su ángel sin guardia

    dispense al dragón por su inocencia tácita

    por el silencio fogoso que comprende

    los breves movimientos de guadaña

     

    rasga el cereal para el futuro pan de los colores

    sopla la paja del sombrero incrustación de velas

    tu autorretrato como mortaja de tu otro

    por un camino que se vuela y se difunde

     

    al sinfondo del campo sigue el pulso

    tallando la callada espesura paralela

    una espiga enredadera en una espina

    palabra vera para aquello que no vino

     

    el destino se propague por temblarte

    dile apenas que me fui a la playa

    con la canoa y unos remos habitados

    por la marea sin peso la marejada

     

     

     

     

     

     

     

    la incierta felicidad desprende un rumor de pátinas para la llovizna

    es la mañana siempre y la noche nunca se desgarró mientras crece

    la luz vacía sin vacilar estira los brazos novia inconstante del hambre

     

    se dividen las jornadas en un arremolinarse las hojas se conciben

    las preguntas del precipicio que suele aparecer a eso de las doce

    fatiga del viento contra los amplios entretelones con sus moscas

     

    me quedo mosca contra el atrapapeles contra el rol agusanado

    manzana en la boca del divino cerdo corazón del banquete

    pierdo confianza en el tiempo para encintar los labios de apagón

     

    la soledad es un puente pulpo en todas direcciones gira el muy

    soplón y atiende a cada una de las dudas que carcomen la pieza

    de estalactita pura como el abismo maternal incluso tierno

     

    con sus mansedumbres ovejíadas me deja en la estocada

    a un palmo de certeza a media distancia de vida íntima supurada

    diseminación de bordes de botellas verdes azules transparentes

     

    sobre todo los filos agudos de la transparencia antigua de embrujar

    en la inacabable cola del cometa oroboro que rodea con espinas

    el sagrado corazón de este zancudo

     

     

     

     

     

    llegó el ángel del deterioro el gran angular de diagonales

    con las alas apagándose en una pasión de sufrimiento tal

    que a palos de ciego mortificaba la yacente carne aguzada

    por los inminentes gusanos de seda que irían a deshilarla

    en los pasillos cada vez menos hospitalarios sacudíanse

    esas alas del cabrón con su campanita al cuello y su lirio

    en especie de ojal que rechinábale el rabillo perspicaz

     

    sus melenas cambiantes como un coral en plena espuma

    se agitaron un instante para que otros ojos habitasen

    aquella inmediación entre la zona viva y la que partirá

    en cualquier momento neutro se trata de la misma bronca

    con que las luces de las distancias agujerean el pecho

    la continencia espectral de un sucedáneo entre el daño

    al correr de esas distancias con sus dioseznos apretados

     

    iba corroyendo ese filón manantial que ensordecía

    traía catástrofe a la primera línea fugaz del trampolín

    desde donde saltaban sin sentidos los tres monos

    sus partos de susurro o labia o confidencia al oído

    de ese guardiancillo desmelenado sacudiendo adornos

    en todos los cuartos del cuchicheo adonde se posaran

    alas de murciélago sobre un lago esmeralda de la sed

     

    junto al martirio del lecho el lechoso légamo invernal

    raíz arrancada de linfas poderosas que discurren

    sin más por el zarpazo suave del hálito del ángel del

    desgaste con sus oros el orate de gas haciéndose

    parte de lo que arranca la carne de su nido adentro

    o su afuera en los campos inminentes

    en los afluentes de distancias que acaparan el ansia

     

    y al correr atravesaba murallas y a su dios tragaba

    y se atracó matraca de salva entre las alas de polilla

    olor a podre de frutas acidez amurallada suspicacia

    tan suspicaz el lenguaraz desangelado

    sus ojos niebla a punto de estallar nunca

    royendo el fémur del consuelo incrustación

    de zonas que se filtran por el disfraz del exangüe

     

    con túnica vertebral esa prisión de costillares

    ese costado a punto de hablar por dónde llegar otro

    al correr esas fragancias con los dones agitados

    presas en combustión a través de la salina que

    suspira párpados al fondo cuando el yacente

    en brazos de este ángel se abandona al ángulo

    justo a la cabecera de la cama junto a su relojeo

     

    hecho de huecos específicos

    compuesto como una orquesta de plumajes

    desasidos de la costura de la selva carnal

    del niño rosado que se lima los dientes

    de umbral en umbral el arpista en harapos

    entonaba su cántico a la sombra

    cristalina y vitalicia en su epicentro

     

    llegó el ángel y a su cobayo le dijo eres mío

    mi servidor eres y yo tu amortajador lo dijo

    con esa gracia de peso pluma que contiene a los

    ex presos con una especie de planicie en la voz

    resonador del juicio que habrá que abolir cuando

    sea por ahora sea hay un sudario y debajo

    antropomorfo el saltamontes su antro retuerce

     

    no querría irse no querría pasar al otro lado

    del espejuelo que lo ajustaba como un traje

    aprestado como una copia del rostro hecha

    trizas sobre una superficie de brisa terminal

    con la presión de los dientes y uñas

    el puño erizándose al contacto

    el ala perseguida por el ala

     

    pieza probable de la eternidad que se comía

    sin vergüenza alguna los rincones por entonces

    surgieron motines de ángeles amontonados

    del deterioro rondando desharrapando

    como la llama hacia la borrasca del rostro

    borra en el sudario inexorable se apolilla

    al deponer su ignorada copia sobre los rasgos

     

    Texto publicado en la edición 146 de Crítica


    Escrito por Reynaldo Jiménez

    Nació en Lima en 1959. Reside en Buenos Aires. Publicó Tatuajes (1980), Eléctrico y despojo (1984), Las miniaturas (1987), Ruido incidental/El té (1990), 600 puertas (1993), La curva del eco (1988, segunda edición, 2008), Musgo (2001), La indefensión (2001), Sangrado (2006). Dos antologías breves: Shatki (2005, selección, traducción al portugués y prólogo de Claudio Daniel) y Ganga (2007, selección y edición de Andrés Kurfirst y Mariela Lupi, prólogo de Mario Arteca.)

    También ha publicado, en prosa, Por los pasillos (1988) y Reflexión esponja (2001). Como antólogo: El libro de unos sonidos. 14 poetas del Perú (1989) y su versión ampliada El libro de unos sonidos. 37 poetas del Perú (2005). Compiló con Adrián Cangi Papeles insumisos de Néstor Perlongher (2004). Del portugués tradujo parcialmente la obra de varios poetas brasileños. Desde 1995, junto a Gabriela Giusti, produjo la revista-libro (y el sello editorial) tsé-tsé. Con Fernando Aldao, bajo el nombre de Atlanticopacífico, editó el cd La indefensión (2002), y como Ex puso a circular otra parte de sus grabaciones en internet, donde también publicó recientemente algunos videopoemas.

  • Seis poemas de David Cortés Cabán

    1.

    Custodiado por el paisaje

    viajo en el cuerpo que se desliza

    como la huella de un antílope en las sombras.

     

    2.

    Regreso a la ventana de cristal

    donde mis ojos vieron volar las golondrinas

    no las que Bécquer vio sino estas otras

    que de la vida traigo y aquí dejo

    la vida que me dieron mis padres una noche

    vida que cada instante me vive y me desvive

    como esa lluvia que escapa entre los árboles

    y no vuelve jamás y es inútil quedarse y retenerla

    cuando la piel se tiñe de gris como un ocaso

    que se está yendo siempre para siempre.

     

    3.

    Entre los girasoles de un día que no existe

    quiero encontrar la vida que se escapa

    la vida que me aleja de ti cada mañana

    la que lleva los árboles que te vieron crecer

    los ríos y las playas de otras costas

    que alguna vez miramos sin mirarlas.

     

    4.

    Por las calles desiertas voy buscando

    un cuerpo que se oculta de sí mismo

    un cuerpo que se aleja y nunca alcanzas

    un tiempo sin edades que nunca se detiene.

     

    5.

    La armonía de un pájaro inventa otro paisaje

    en el que te desgarras buscando lo que ignoras

    cubriendo con tu cuerpo la impiedad del olvido.

    Ah la injusticia amada mía recorriendo las calles de mi pueblo

    los perros venerando la injusticia

    la avaricia desplegando su iniquidad.

     

    6.

    En este mismo instante

    las sílabas guardando tu inocencia

    la dureza del mundo o el leve resplandor.

    Heme aquí guiado por tus pasos

    lejos de las recompensas que infectan el alma

    con tu imagen en las profundidades del bosque.

     

    Texto publicado en la edición 146 de Crítica


    Escrito por David Cortés Cabán

    Escritor puertorriqueño (1952). Ha publicado Poemas y otros silencios (Río Piedras, Puerto Rico, 1981), Al final de las palabras (New Jersey, 1985), Una hora antes (Madrid, 1991), El libro de los regresos (Madrid, 1999) y Ritual de pájaros (Mérida, Venezuela, 2004). Sus poemas y reseñas literarias han aparecido en revistas de Estados Unidos, México, Venezuela, España y Puerto Rico

  • Cuatro poemas de Julián Herbert

     

     

     

    OSCURA

     

    a Javier Sicilia

     

    Pasé toda la noche con el brazo en una grieta.

    No era un aula de santos.

    Era un hotel a las afueras de Querétaro.

    Dos camas individuales provisionalmente pegadas

    para caber los tres (siempre tres) juntos.

    Ascésis: duermevela: Aníbal Barca, mi hijo, cayendo cada 15 minutos por el hueco.

    Es vulgar pero no es falso: pasé toda la noche con el brazo en una grieta.

    Me inculcaba el demonio de una negra rabia acústica, ¿para qué escribir poemas

    si todo lo que hiere tiene el tacto vacío: usura de una tumba?

    Encandilado, muy orondo y sin luz (sin otra luz y guía sino etcétera etcétera),

    escribí de memoria estos versos:

     

    “Al menos toca lo que matas.

    Siéntelo babosa lumbre negro caracol con la que marcas –meas–

    plásticos: Identidad.

    Recuerda, cuando vayas al cine a ver películas de nazis, que tú no eres judío.

    Pero si eres judío no recuerdes nada: al menos toca lo que matas.

    No te metas en dios. No vueles coches. No hagas citas sagradas. No discutas conmigo.

    No me vendas muñones. No me traigas cabezas. No me pidas que aprenda a respetar.

    Toca.

    Al menos toca lo que matas.”

     

    Son pésimos. Lo supe de inmediato.

    Hace un par de años que no logro hacer poemas.

    Lo extraño pero no lo lamento.

    Todos sabemos que la poesía no es más (ni menos) que una destreza pasajera.

    Una destreza que, perdida, se hace tú y alumbra oscura.

     

    (Igual que un padre pasará toda la noche

    con el brazo en una grieta

    procurando que la cabeza de su hijo

    no toque nunca el suelo.)

     

     

     

    SE HACE TÚ Y ALUMBRA OSCURA

    (CHISMÓGRAFO)

     

    [3]

    Noli me tangere

    Juan 20:17

     

    Poesía eres tú.

    Miguel Gaona

    Maricela Guerrero

    Efraín Velasco [3]

    María Salgado

    Ricardo Castillo

     

    Esto es lo que veo:

    hay alguien, en la ciudad de roma, que ignora el arte de amar

    : afila sus caballos, besa sus herraduras.

    Un lago con gaviotas famélicas y la fábrica de sosa.

    [3] ___________________________________________________________.

    entre como entre gotas negro

    Otra grieta dentro de la grieta.

     

    Este verso es lo que no veo:

    sujeta por el mármol, una herida:la bala blanca, su dispersión de cincel,

    ni los caramelos chiclosos ni las venas ni el ojo en el ala de la monarca macho

    [3] ______________________________________________________________

    como entre gotas como negro, etc.

    la silla nueva de los niños.

     

    Pero aquí es cualquier otra cosa:

    una túnica herida, por ejemplo; el mármol en sus venas.

    cosas sin resolverse como una herida o la pata de la mesa coja: derrames

    [3] ______________________________________________________________.

    Orillamar.

    Por ejemplo un ladrón que grita indignado: ¡al ladrón!

     

    Se habla de un desayuno que actuaba como foca,

    de una comida frugal, y de una cena última como el último panda

    de un parque temático,

    y de los dientes amarillos que no mejoran ni con la cal,

    se habla también de los calibres de las piolas,

    [3] ______________________________________________________________,

    e a a e u e a u o ue a u a a o o o a,

    un esqueleto vocal; no rima

    De una cena de la que no se dejará de hablar jamás,

     

    se habla de una

    causa opaca en la sonora, pero es falso.

     

    (respuesta sorteada)

     

    Serviciales agujas

    cervicales: y alguna lanza no lo es?

    enhebrar la o por lo redondo.

    [3] __________________________________.

    las marcan presas horas de la obediencia.

    Válvulas, poleas, engranajes y rictus colaboracionistas.

     

    Al menos toca lo que matas.

     

    La Muerte es una maestra del correveidile.

    La Muerte es una maestra de geometría y pericia.

    La Muerte es una maestra de [3] _______________

    La Muerte es una maestra de orillamar.

    La Muerte es una maestra de primer grado

     

    La Muerte es una subsecretaria de qué estado gaseoso.

    La Muerte es una subsecretaria de economía.

    La Muerte es una subsecretaria de [3] __________________.

    La Muerte es una subsecretaria de Ventas & Tracciones.

    La Muerte es una subsecretaria de otra subsecretaria.

     

    Estamos hasta la

    rabadilla: qué fosa tan común,

    Amazonia con semillas de cardamomo,

    [3] __________________________,

    Anilla

    boina de esta vaina.

     

    A continuación, el niño Dios; pase a recoger su diploma. A continuación,

    el niño Billy;acribille por favor a ese hijoeputa.

    lávese las manos y recoja sus semillas.

    [3] _____________________; ___________________________________.

    decanta Marcel su salto; unos milímetros deciden.

    El niño Dios mira el diploma y se clava en la grieta.

     

    Se hace tú y alumbra oscura:

    alguien – roma: ignora el arte de amar.

    y la sosa escuece, gaviotas famélicas: derrames.

    [3] ____________________________________________________.

    valedera de valiosa.

    Chocolate y atole negro por la mañana.

     

    Se hace tú y alumbra oscura.

    alguien —western:instruido por tus versos

    amará

    una suculenta sopa de águilas y los calibres de las piolas.

    [3] ____________________________________________________.

    Al río de mortal, ¡valiente!

    [4] ____________________________________________________.

     

     

    SPLENDOR IN THE WRAP

     

    Deseoso es aquel que huye de su madre.

    José Lezama Lima

     

    Anoche el Espíritu de las Navidades Futuras me hablaba

    sin hacer pausas para respirar

    como si lo hubiera poseído el espíritu de mi madre. Decía:

    “una limosina en la alfalfa / mira cómo la perra

    se desnuda / posesionarios

    de terrenos federales / tímidas, sedentarias, solitarias, caníbales

    y nocturnas /

    Tóxico Sólido No Peligroso / agujeritos

    que hace la muerte en el muro del kindergarten / el

    amor de mi vida has sido tú /

    el amor de mi vida sigues siendo tú”. Era un

    baldío y lo llamábamos

    la alfalfa: ahora han puesto un Soriana y quinceañeras

    cruzan el estacionamiento saludando

    desde sosos quemacocos

    a la gente y los carritos en sus

    nubosas ropas (las quinceañeras): acarreo

    de mortadela: acarreo

    de votantes: acarreo

    de pensionados a la fiesta. Queda (pero dónde) lo que no se compara: la metáfora de

    sí.

    “La pobre: cinco meses de salario tirados en una noche,

    y el marido la engaña, el amante la engaña, la mujer

    con la que tiene cibersexo la engaña”, decía (el voto, la pensión, la

    mortadela: olor a muerto sin bañar) el Espíritu de las

    Navidades Futuras poseído por

    el espíritu de mi madre: “Habráse visto: una

    limosina en la alfalfa,

    una limosina en la alfalfa, una

    limosina en la alfalfa”.

     

     

     

    CRISTO NO TE AMA

     

    They shoot horses, don´t they?

    Horace McCoy

     

    Entonces abre la ventana

    y tírate

    Los Tres

     

    Te estás poniendo fea y Cristo no te ama,

    gorda,

    lo gritan las paredes del gimnasio,

    musa gorda,

    no bajes (se refieren

    a la caminadora), no bajes

    que así bajarás mejor (Cfr.

    Juan de Yépez; qué

    creías, también yo

    cursé licenciatura).

    No bajes que así bajarás mejor: están hablando

    de ti

    diciendo: Cristo

    no te ama.

    Cristo no te ama. Todavía

    te invita a pasear

    a solas:

    te lleva a las afueras,

    te tumba en cobertizos,

    la mete a tus espaldas,

    murmura entre los grillos

    la cantinela esa de los años 80:

    “ya no te quiero, pequeña,

    ahora amo a los caballos”,

    engolfando la voz

    con calculado aprendizaje de Misterios;

    un circo de pulgas castálidas.

    No te ama.

    Cristo no te ama. Persigue

    en las inauguraciones

    a las entecas novias

    de los raperos

    y los diseñadores

    y los ciberotómanos

    y los aduladores–

    niñas que tienen todo el look

    pero jamás se dejarían

    sacar un ojo por el goce;

    pergeña números

    que son Su Nombre

    en las comandas de los

    Vip´s con la esperanza

    de que las nietas del dinero

    le manden un sms; patea botes (oscuro

    bajo la noche sola) con tal

    de no llamarte, de no

    saltar borracho a tu piscina

    tan sucia de hojas secas:

    tan égloga en asilo.

    Te estás poniendo fea,

    fétida, malsana, pretenciosa,

    musa gorda,

    y Cristo no te ama:

    ahora ama a los caballos.

    Escúchame: ¿acaso no

    matan a los caballos?…

    No luches.

    No me escupas.

    Te estoy haciendo un favor.

     

    Publicado en la edición 146 de Crítica


    Escrito por Julián Herbert

    Desde 1989, radica en Coahuila en cuya universidad estudió la licenciatura en Letras Españolas. Es profesor de literatura, editor y promotor de cultura infantil en el Instituto Coahuilense.

    Ha publicado el libro de cuentos Soldados muertos (1993) y el poemario Chili Hardcore (1994). Su segundo libro de poesía El nombre de esta casa (1999), recibió mención honorífica en el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 1998.

  • Tres poemas de Jorge Ortega

    SUBIDA AL MONTE URGULL

     

    Al fondo el mar,

    el sobrio mar de fondo

    que se nos desdibuja.

     

    Entre robles y helechos

    la espiral de piedra no pulida,

    las furtivas

    y onduladas

    terrazas del musgo.

     

    La espuma de la hiedra

    trepando por los troncos,

    los cauces de hojarasca

    crujiendo bajo una pisada en falso.

     

    Rampas. Escalones

    pacientemente relamidos

    por el inofensivo alud del vaho.

     

    Y el final en dónde o para cuándo:

    la cumbre se escabulle a nuestros ojos,

    pirámide borrada por la selva

    en una distracción.

     

    A mayor esfuerzo, menor la extenuación,

    mejor la claridad de los confines

    o pronta la llegada.

     

    El poema se hace en el trayecto,

    trata lo que tardamos

    en alcanzar la cima

    y descubrir ahí lo perseguido en vano,

    la veleidad del aire, el resbaloso pez de las alturas.

     

     

    HORTUS CONCLUSUS

     

    He mirado de cerca al colibrí

    y se ha puesto a flotar, activo en la quietud,

    con la velocidad de una milésima.

     

    En cada uno de sus aleteos

    caben las rotaciones de la luz y el tañido remoto

    de la cítara homérica en el jardín de Alcínoo;

     

    los viajes del reflejo en la piscina

    y las secretas músicas del día

    en las hondas cañadas de la hierba,

    lo que imaginas y percibes sin levantar un dedo.

     

    Qué podría añadir a su destreza

    sino estas apostillas, a manera de elogio,

    a lo que habla por sí con el hecho de ser.

     

    Afuera arde la épica de la sobrevivencia,

    marchan las multitudes, discurren los inventos

    y la historia se escribe con estruendo.

     

    Lejos de perecer en dicho intento

    me detengo a observar el picaflor

    cuya vivacidad baraja y aglutina los enigmas

    de todo el universo.

     

     

    BOSQUE DE NIEBLA

     

    Desescribir, borrar la exuberancia de esta línea

    hasta volver a lo blanco

    para decir la selva

    de otro modo.

     

    Para nombrar sin prodigar sus dones

    o tener que acabar de enumerarlos

    antes de que la lluvia nos alcance.

     

    Como si el lenguaje,

    como si la escritura nos bastara

    para impedir que el agua.

     

    Para reconocer las aves por su canto

    o la vegetación

    de golpe, a simple vista.

     

    Andamos sobrados de nombres

    o faltos de saber.

     

    Cómo decir lo verde

    y no hacerlo brotar en un color.

     

    Igual que la belleza, la magnitud del bosque

    cabe en la renuncia a proclamarlo.

     

    Texto publicado en la edición 145 de Crítica


    Escrito por Jorge Ortega

    Es poeta y ensayista mexicano. Nació en Mexicali, Baja California, en 1972. Es doctor en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Barcelona. El año de 2007 fue incorporado al Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA) en la disciplina de letras. Obtuvo el Premio Estatal de Literatura de Baja California en 2000 y 2004 en los géneros de poesía y ensayo literario, respectivamente; el Premio Nacional de Poesía Tijuana en 2001; y en 2005 resultó finalista único del XX Premio Hiperión de poesía convocado en España.

    Durante los períodos 2000-2001 y 2002-2003 fue becario en la especialidad de poesía del programa de Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.

    Colabora en diversos medios especializados de Iberoamérica, entre los que cabe destacar las revistas Alforja, Crítica, La Tempestad, Letras Libres, Luvina, Mandorla, Nexos, Quimera y Revista de Occidente.

    Actualmente es catedrático del centro de enseñanza técnica y superior CETYS en México.

     

  • Extinciones de Josu Landa

    Hundo la azada en la misma tierra donde tantos cosecharon tantos frutos.

    Un pedazo de lata, una pila oxidada, girones de una bolsa de plástico, algún hueso indescifrable, es lo que desentraño ahora.

    Demasiadas cosas recordándome la muerte.

    ***

    Tiene que venir el crepúsculo, para descubrir que he estado todo el día en medio de la luz, sin percatarme de ello.

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  • Tres poemas de Agustín Calvo Galán

    DESNUDAR NOMBRES

    I. LA ESPERA

     

    Los muchachos del polígono

    son de plumaje

    oscuro

     

    se acallan silbidos, oraciones en voz baja

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  • Tres poemas de Luis Alberto Arellano

     

    EFECTO NOCTURNO

    No mire a sus espaldas/ no hay nadie

    No camine a sus espaldas/ no hay nadie

    No entienda las voces a sus espaldas/ no hay nadie

    No finja conocer el barrio a sus espaldas/ es de Nadie

    No mire de frente a los hombres a sus espaldas/ se llaman Nadie

    No esconda sus plumas en el puño cerrado a sus espaldas/ el muro es de Nadie

    No escriba su nombre completo a sus espaldas/ es lectura de Nadie

    No escuche consejos de viajeros a sus espaldas/ es tierra de Nadie

    No pague con billetes en público a sus espaldas/ nada es el valor de Nadie

    No vaya a lugares públicos a sus espaldas/ el festejo es de Nadie

    No se quede en casa solo a sus espaldas/ lo visitará Nadie

    No encienda aparatos electrónicos durante el despegue a sus espaldas/ el vuelo lo pilota Nadie

    No recline su asiento antes de que se encienda la luz roja a sus espaldas/ caemos por culpa de Nadie

    No registre su teléfono a sus espaldas/ es trabajo de Nadie

    No espera detrás de la puerta a sus espaldas/ la escucha es para favorecer a Nadie

    No intente esto en casa a sus espaldas/ usted vive en casa de Nadie

    No discuta cuando le pidan sus objetos de valor a sus espaldas/ Todo pertenece a Nadie

    No exponga a sus hijos al fuego a sus espaldas/ la materia es porosa como Nadie

    No se deje al alcance de los niños a sus espaldas/ la precaución es objeto de estudio de Nadie

    No contesté el teléfono a cualquiera a sus espaldas/ su posición en el mapa es saber de Nadie

    No camine por calles sin iluminación a sus espaldas/ la oscuridad es premisa de Nadie

    No finja que sabe la respuesta a sus espaldas/ la pregunta la formula Nadie

    No negocie con terroristas a sus espaldas/ no tiene permiso de Nadie

     

    CELEBRACIÓN

    Es particular entre las normas oraculares que se tome el dicho de un hígado multiforme por bueno

    No importa si el ganado ha sido sometido a estulticia vegetal o se ha impedido de la acción heroica de la guerra entre iguales

    Ni las sustancias prohibidas son todo lo prohibidas que dice la propaganda comunista Ni el ardor en los ojos es consecuencia de la lluvia química producto del desaseo moderno

    Toda ola contienen en sí misma su reflejo e índice como un pequeño manual de instrucciones Es compromiso de los ciegos tomar partido por todo lo escrito en ellas De lo contrario la furia de los ciclos hará que los elementos desbocados no reconozcan origen ni celebración alguna

    Sometidos a este rigor de creencias el ayuno cobra sentido de responsabilidad cívica y el castigo corporal es una minucia para quejosos sin vocación de servicio

    Mal visto por sus pares el amor entre miembros de la familia debe ser reconocido como un elemento de distrofia muscular avanzada a fin de que la población someta sus deseos a la delirante producción masiva de glosolalías en público

     

    TIPOS DUROS

    Usted llegará esa noche temprano a casa.

    Festejo, emergencia o flujo hormonal.

    Encontrará todo dispuesto.

    Festejo, emergencia o flujo hormonal.

    Cada evento tiene su lenguaje que lo distingue de los otros eventos.

    Cada evento tiene sus protagonistas y sus antagonistas. Unos buenos, otros malos.

    Así funciona el entretenimiento masivo.

    Signos reconocibles: el color de la ropa, el tipo de peinado, si tiene vello facial o carece de lo mínimo varonil.

    La música incidental es propia de las producciones caras.

    Usted llegará temprano esa noche a casa.

    Celebración, apuro o líbido.

    Los colores ocres y las combinaciones chillonas señalan culpable.

    Usted llegará esa noche temprano a casa y encontrará un objeto costoso decorado con grandes piedras que sean signo de la entrega al capital y sus ciclos.

    Ese objeto decorado será un arma o una joya o un instrumento de placer destinada al ocio contemplativo.

    Usted recibirá una llamada que lo apure a llegar a casa.

    Amable, cínica o provocadora.

    Una llamada que haga que tome todo por perdido y se dirija con premura a su casa.

    La voz en el teléfono es la organización material del evento.

    La voz en el aparato es la consecuencia práctica del evento.

    Todos los eventos serán organizados de acuerdo a los flujos de personal que se adecúen a la sociedad en curso.

    Usted llegará a casa con tiempo para resolver imprevistos.

    Cosas que no son de uso cotidiano.

    Como joyas o armas o dildos. Usted llegará a casa con tiempo.

    La fantasía confirma la regla: todos somos puntuales.

     

    Texto publicado en la edición 145 de Crítica


    Escrito por: Luis Alberto Arellano

    (Querétaro, México, 1976) es poeta y editor. Sus poemas, traducciones y ensayos han aparecido en una veintena de revistas y periódicos nacionales y en el extranjero. Autor de dos plaquettes, Nómina de huesos, y La doctrina del fuego; del libro Erradumbre (Mantis editores, 2003). Coautor de la antología de poesía en Querétaro, Esos que no hablan pero están (fondo editorial del estado, 2003). Miembro del consejo editorial de Mantis editores. Becario por el Fondo estatal para la cultura y las artes en tres ocasiones, además coordina el Seminario de Creación literaria del Centro de formación artística y cultural del CENCA Querétaro.

  • Tres poemas de Mario Arteca

    FAIBLE INFLUENCE D’UN POÈME D’UN TEXTE NON-COMMUNISTE CHINOIS (UNE ÉTAPE AU COURS DE LA “BABEL HÔTEL”)

     

    Su suerte sólo le pertenece
    a él, pero él pertenece a lo
    que expresa. La desaparición
    de cierta unidad es incluso
    presentada cuando percibimos
    lo que no logramos saber.
    Quiero intervenir sobre ese
    problema. Quiero conocer
    lo que se aparta. Lo que sin
    discusión pertenece a la
    experiencia, sin daño alguno
    para eludir todo poder central.
    Una manera de pronunciar será
    una sentencia al parecer definitiva:
    “el desciframiento de las estructuras”.
    Porque este momento está tanto
    más ausente de nuestro presente
    cuanto que no está integrado
    a la memoria. Sin embargo,
    estamos lejos del uso único
    del lenguaje. Tracción de fárrago;
    el prisma en tanto secuencia
    que pacta su latencia. Así,
    fueron días, noches, semanas.
    La mirada, detenida, por el agua
    muerta. Una manera de pronunciar
    será definitiva: “Estaban solas
    en la casa, dos personas y la lluvia.”
    Imagino lo que viene: somos tres.

    ԺԱՄԱՅԻՆ ԳՈՏԻՆ (ՄԻՆՉԵՒ ԿՏՈՒՐ ՄԻ ՇԱՏ ԱՂՔԱՏ ՀՅՈՒՐԱՆՈՑՈՒՄ BABEL)*

    Estamos en plena estación, el sol
    mengua, y nuestros especialistas
    deambulan a determinada hora,
    en calle y número, cuadra y región.
    No reconozco el momento en que
    enloqueció por ese ceceo. Antes
    había cancelado dos bodas propias
    y abortado cinco ajenas. Y todo
    por adquirir ese tono impertinente,
    que a nadie hacía gracia salvo
    a personas dispuestas a salvar
    sus vidas y perderlas en el mismo
    instante de ganarlas. Por eso huía
    de la tierra prometida de la literatura.
    El silbido le reportaba cierta
    cartografía europea, una piel
    momentánea. Era el soporte ideal
    para un grupo de mujeres que
    caminaba a ambos lados de él,
    tragando asimismo cada palabra
    suya. Ya está, c’est fini.
    Lo imagino de rodillas, pegado
    a un arcón repleto de materia
    irrelevante, con el objeto de leer
    en voz alta lo que le dicta una sola
    luz posible. Es una instantánea
    del siglo xix. Nada habrá que decir:
    le gusta el olor de los libros antiguos.
    Lo que sucedió por aquel entonces
    fue movido por una duda repentina.

    *En armenio : Huso horario (desde la terraza de un pobrísimo “Hotel Babel”)

    ESTE UN ADEVĂR PE ACEST SILOGISM DIAVOLUL (UN TEST DE “HOTEL BABEL”, VREAU SA SPUN)*

    Un poema encerrado en un film de Terence
    Fisher. Un film de Terence —encerrado—
    Fisher, o bien un lobo temeroso en la bahía
    de San Lorenzo. Nada habrá en la bahía
    de San Lorenzo porque no está habitada,
    y su fotograma expresa un nudo que celebra,
    d’annunziano, d’annunziano, d’annunziano,
    “el grande, el inefable goce de vivir”.
    Celebra: el inefable goce de vivir. Inefable,
    tachado. De ser joven, hincaría los dientes
    “ávidos y blancos”; no soy tal para cual.
    Tal para cual. Entiendo el estupor, cosa
    palpable, hacia una movilidad que anticipa
    el jubileo de un poema y encima de un poema
    en un film de Terence Fisher. Dificulta
    la celebración: tal para cual. En un poema,
    los mismos silogismos. No se despeguen
    del habla; no se aparten de las palabras.
    ¿Cuándo sentiste que pegaba duro el llamado
    de la barricada? El sonido de un ave de pantano
    cuenta con ventaja: su alfabeto no es traducible.
    Sin embargo, son de las pocas cosas que
    conocemos. Otra, muy diferente, es el lenguaje
    envenenado, herido de muerte cuyo antídoto
    está a la vuelta de la esquina ¿Pero de cuál?

    * En rumano: Es una verdad relativa este silogismo del demonio (a las pruebas de “Ho­tela Babel”, me refiero)

     


    Escrito por Mario Arteca

    La Plata, 1960. Es un poeta reconocido como uno de los más sutiles miembros del grupo de la generación de los 90 argentina.

    Publicó: “Guatambú” (Tsé- Tsé, 2003), “La impresión de un folleto” (Siesta, 2003), “Bestiario búlgaro” (Vox, 2004), “Cinco por uno” (Vox, 2008), “Horno” (Al Margen, 2009), “Cuando salí de La Plata” (CILC, 2009), “Nuevas impresiones” (La Calabaza del Diablo, Santiago de Chile, 2010) y “La orquesta de bronces” (Goles Rosas, Mar del Plata, 2010). En antologías: “Jardim de Camaleões” (Iluminuras, San Pablo, Brasil, 2004); “Actual Triantología argentina, peruana y brasileña” (Homúnculus, Lima, 2004)); “Naranjos de fascinante música” (Libros de la talita dorada, City Bell, 2005), “Pulir huesos” (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 2007), “Antología de la nueva poesía argentina” (Perceval Press, Santa Mónica, CA, EE.UU, 2009), “Traverseés. Une anthologie de poètes nés en Argentine entre 1960 et 1978” (Editions Apogeé, Rennes, Francia, 2009), “El verso toma la palabra. 33 poetas argentinos de hoy” (Homoscriptum. Universidad Autónoma de Nueva León, Monterrey, México, 2010), y “Neue Argentinische Dichtung” (Luxbooks.lati)

  • Lobos para un amor que se despide y otros poemas

    NO TE OLVIDES de los viejos amores. En los campos
    la primera flor de los rosales es un pasado vivo.

    No te olvides de mí.

    Tengo el corazón repleto de caballos
    que antes dormían en mi respiración.

    No te olvides mucho menos de las viejas palabras de la tribu.

    Las palabras perdidas dormitan en el aire.
    Su música especial que ya no conocemos
    se habrá ido, modesta, humilde, deslizándose
    por la oreja de un dios que ha quedado en silencio.

    EL FRUTO que da el árbol es pan elaborado.
    Y el agracejo, el cabrahígo, el acebuche

    y el peruétano aun, se han convertido en vid,
    higuera, olivo y peral.

    Quédate por aquí.

    Ándate por estas tierras que son tuyas,
    como tuyos son los capones
    que tienen a sus gallinas; y el agua, los abonos,
    los animales útiles.

    Quédate por favor.

    Estos prados no tienen más rey que el sol en el verano.
    Se acabaron los ilotas, los siervos, los vasallos,
    fenecieron a dicha los repartimientos,
    y sola se siembra y crece la hierba.

    Mírate en igualdad con la tierra y la lluvia,
    con el trigo y la uva.
    Quédate a conjurarme de otra prueba de hambre,
    de otra muestra de sed.

    TENGO EN MI corazón en arresto a la muerte.
    Mujer también como tú, pero ligada
    de otro modo al ángel que es la dicha.

    El filo del amor que ya no hiere
    ella sabrá recobrarlo para mí.

    Quién sino ella
    tan similar al corazón que es ciego en lo que busca.

    Así ha de ser mi espíritu: el último vapor
    de una seca rivera.

    Suena un laúd en Languedoc. Escucha.
    Queda un poco de aquel remoto cielo, todavía,

    bajo la luz presente.

    TÚ QUE ERES una puesta de sol y su salida
    guárdame la esperanza.

    Detente en los castillos,
    descorre los cendales,
    pregunta a los romeros adónde fue la amada.

    ¿Quién la tendrá en su aduar?
    ¿Quién otro en su cabaña?
    Las tiendas del amor acogen cualquier forma.

    No te afanes, me dice
    un dios sólo palabra,
    en sortear el destino que es mi esclavo:

    el barro vive aun en sus pedazos.

    LOBOS PARA UN AMOR QUE SE DESPIDE

    Oh mujer que te alejas de mí para matarme,
    no te apartas con ello del amor que lastima.
    No hay mejores amores, no hay seguros caminos.
    No olvidará tu paso
    ese modo de andar cuando vivíamos.
    Mujer por ti crecían como selvas los árboles
    y al pie de los sembrados murmuraban los ríos.
    Ay mujer tú sabías:
    en nuestras humedades dios estaba formándose.
    Ay mujer tú sabías
    que a la duda no llegan los sentidos.
    Ay mujer tú veías
    que en mi presa los peces son rebaño y pastor.
    Oh mujer que despiertas los lobos de mi alma,
    escúchalos aullar en la noche incesante.
    Mujer que comparaba con el trigo y la uva
    como un niño que juega en el país de los víveres.
    Aya de la esperanza, ajena a toda culpa,
    del bosque recogía para ti sus leyendas.
    Oh espejismo de flores que en el erial de mi alma,
    tenías por centinela a un lobo que no duerme.
    Hermana de la piedra que construye el hogar,
    dama de la semilla que trabaja el mendrugo.
    Oh espejismo de flores, oh fronda de esmeraldas.
    Ay mujer que despiertas los lobos de mi alma
    y que han de morderte un día.

    Por: Juan José Macías


    Arte de Lulú Gíl