Narrativa

  • Los cuadernos de la Petite Dame | Maria van Rysselberghe

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    Traducción de Armando Pinto

     

    1. Pierre regresó temprano esta mañana; con él las entrevistas se traman de inmediato, sin preámbulos. Leyó extractos de un gran artículo aparecido hace unos diez días en Pravda; artículo no sólo duro para Gide, sino que parece negar todo lo que él reprocha a la urss. Pierre agrega: “Esta defensa es lamentable, grotesca, y eso va a permitirme tomar una posición clara en mi artículo: que uno no siga a Gide en su conclusión, pase, pero que uno niegue lo que ha visto, eso no”. Está también muy perturbado por la nueva actitud de la urss, esta adhesión espontánea al proyecto de mediación anglo-francesa. Cree que los rusos sabotean la Revolución española. Gide tiene un día muy cargado –vista a Rivet para el joven Queneau–, salida con Catherine (a ver no sé qué exposición) y a las seis visita a Magdeleine Paz, a la que asiste Pierre. Salen de ahí sin haberla encontrado de interés; en el fondo, ella no viene sino para tener una entrevista con Gide para Le Populaire. Después de la comida, conversación sobre las mismas cuestiones palpitantes. Creo que después de la nueva actitud adoptada por la urss el deseo de Pierre de retornar a España se ha derrumbado (él habría sido corresponsal en España para el asunto de la propaganda). Gide muestra un montón de cartas interesantes; una le dice a Gide: “Usted ha ayudado a liberar a algunas víctimas de Hitler, considere a todas aquellas que gimen en los campos de concentración de la Rusia soviética”. Lo que hace decir a Pierre con un tono amargo: “Cree usted, Gide, que será en la prisión dónde encontraremos a nuestros verdaderos hermanos?”

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  • Los cuadernos de la Petite Dame | Maria van Rysselberghe

    (1 de 4)

    Traducción de Armando Pinto

     

    París, del 21 de octubre al 12 de noviembre de 1936

     

    Gide regresó a París el miércoles 21. Tiene muy buen aspecto, como rejuvenecido. Sabe que es el día en que los Groet comen conmigo; él comerá con nosotros pero nos dejará inmediatamente después para ir a Vendredi. Pero hacia las seis pasa Alix a decirme que han recibido un pequeño telegrama de Malraux invitándolos a comer. Malraux viene de España y espera regresar de inmediato. Acordamos que por la noche Gide y yo los alcanzaremos. Cuando Gide llega a comer me dice que acaba de estar justamente un buen rato con Malraux en la nrf y que no tiene la intención de acompañarme esta noche. Me dice también que viene de llevar sus notas a la imprenta y que serán impresas en cinco o seis días a partir de ahora. read more

  • Juan Silvestre: forjado al rojo vivo | Laura C. Rosales

    El periódico me solicitó esta nota hace aproximadamente tres semanas. Me encontré a Jimmy –o Señor Chávez, como lo ubican en la redacción– en una conocida cocina económica del centro y, después de ponernos al corriente con sus chismes de editor y mis chismes de novelista, dijo:

    –Hazme un favor, Huguito. Chútate una notita sobre algún escritor para el feature cultural del próximo mes. Ándale. Puedes escribir de quien tú quieras: del Joyce, del Faulkner, o hasta sobre uno de los poetas brasileños raros que te gustan. read more

  • Joñiqui  | Homero Carvalho Oliva

    La resolana ocupaba sin prisa los lugares cobijados por la sombra, se esparcía como un charco gigante de agua que se extiende a punto de soltarse y se va quedando adentro, en el fondo del suelo de los llanos. Suelo que al mediodía parece seco, sólo basta penetrarlo unos pocos metros para saber que no es así. La resolana descendía a los rincones más frescos para tomar impulso y llegar a las paredes altas, invadiéndolo todo. La resolana es así, es ese aire caliente cargado de penas y lamentos que inmoviliza a la población después del almuerzo, manteniéndola en un tiempo sin vida, entre sonoros ronquidos y besos fugaces que se pierden en el sueño. Hombres y animales se aletargan en esta hora cuando el calor de la selva expira su aliento sobre cosas y casas. read more

  • Hermanos | Javier Caravantes

    I

    La insistencia con que golpea la puerta da miedo.

    Abro.

    Parece un mapache, las ojeras se hicieron costras; es un monstruo. Tiembla al hablar:

    –Tu hermano me rogó que lo ayudara. Durante tres días intenté salir de la casa, me desmayé dos veces en el trayecto del taxi hasta aquí. No puedo, tú debes encontrar a Pablo. read more

  • Vida y obra de Umar Pasini | Juan Pablo García

    Nacer en un barco a mitad del Océano Atlántico fue lo que hizo de Pasini un hombre de todas partes, un hombre que, más que hombre, era agua y, como el agua, no tenía pelo. No fue un impedimento ser lampiño al cumplir los 19 años para proponerse una tarea inacabable: escribir la Historia Universal de la Barba. Tampoco era su verdadera ambición escribir un libro de historia según dictaban los cánones, Pasini imaginaba una historia de la espiritualidad guiada por las barbas más sabias que ha dado el mundo. read more

  • De nuevo Edipo y otros textos | Mariana Bernárdez

     

    ¿Gota o piedra?

    –¿Antes del antes o desde siempre? No lo sé, no importa, en nuestra piel brillan signos que al caer van quemando las palabras que se guardan, las que no se dicen por ser umbral hacia lo terrible. read more

  • Ese-nene-ahí | Juliano Garcia

    Traducción de Tatiana Faria, Luisa Domínguez, Ignacio Montoya y Juan Revol

     

    Meteoro incandescente en la tierra caído por desastre oscuro.

    Mallarmé

     

    Mi mamá se “enamoró” de mi papá porque usaba medias 3/4 y tenía una “beca de hígado” para eeuu. Fueron asesorados por un grupo de psicoanálisis en los sesenta, grupo dirigido por un hombre llamado Marcos Piva. read more

  • Por una cabeza | Alejandro Badillo

     

    Adelanto de la novela Por una cabeza de próxima publicación por Ficticia Editorial y la Universidad Autónoma de Nayarit. Premio Nacional de Novela Breve Amado Nervo 2016. read more

  • La maternidad suspendida | Gael Montiel

     

    El niño muerto no pasa el plato.

    Está recargado con un brazo sobre la mesa, como si fingiera dormir. Hace unos días empezó a hacer eso cuando no tenía ganas de ir a la escuela ¿ahora ya también lo hacía en sábado? Un hilito de baba helada cuelga de su boca al mantel, acurrucado frente a su cereal a medio acabar. read more