Narrativa

  • Straub very feels for Eva de Carlos Velázquez

    Arte de Lulú Gíl

    Today is the greatest day I’ve ever known cantan los Smashing Pumpinks en la grabadora Paioner.

    Y Straub canta también (pinshi disco ya stá más aplaudido quel de Neil Young con Pearl Jam) mientras piensa en si existen los sueños siameses. Un sueño es como meterse coca, considera, nunca la experiencia es la misma. Algunas veces la pesadilla se repite, pero siempre con pequeñas variaciones que hacen el mundo más insoportable.

    Muy bien planshado y con camiseta, frente al espejo se aplica un generoso tratamiento antiarrugas. Una crema redentora y preciada que compra su jefa en oferta y con dinero electrónico en Soriana. Apenas tiene 22, pero stá obsesionao mal plan con sus patas de gallo.

    Atemperado, como mecotaxi recién desempacaíto de lagencia, sale a la calle a hacer gruvi. Tunait’s de nait, se dice pa que amarre. Sta esu noshi, su sabadancin. Se siente sabrosuras. Eva morderá el polvo del amor. Onque del disho al hesho haya una maquinaria, piensa que la teibolerita se derretirá diatiro como barquillo napolitano ante sus naipies. Stá en edad de Bing. Carga 5 mil varos en la cartera. Pa sacarla del congal y gozarla hastalamanecer. Quiobo reina, ya llegó tu piratón. Tu don Pedro con agua mineral.

    Son las ochoa melo y asociados. Faltan dos orejas tía rosa pa que las morras arriflen a la pista. Antesitos de llegarle a la tablita, tira pal cerro a conseguirse una grapa. Sabe que la soda siempre se requiere. Yu bi olgüeis on mai main. O no? Agüelita, soy tu nieto.

    Se mete al Sabino Gordo, no sin antes sonarse apreciativo, cauteloso, conocedor, pasesinar el tiempo. Ignora por quéso, pero recuerda las palabras de su jefita: ya no uses esa mierda. Se te va a joder el disco duro. Pos será mierda, pero ah qué sabrosa popó. Se atranca uno, dos Tecates de 16 onzas. Ya sizo, dice y se despasha un saque de 80 kilómetros por hora. Digno de Güimbledon.

    En el Infinito la onda stá detenida. Como la pausa de los dos minutos en los partidos de futbol americano. Todas las morras del teibol la rolan trepadas en las dos pistucas. Es día de privados 3 x 1. Por 50 varos puedes escoger una piel y amasarla como tortilla de harina cruda 3 rolas. Por 100 más le puedes dar su bombeada. Pero eso lo arreglas acá en corto con la morra.

    Eva no se guasha. Pos una tina de Cartas, no? Termina la barata. Última oportunidá, 9 minutos por 50 varos. Son una mini mami las que agarran cliente. La raza anda sharra. Prefiere invertir en el taxi de regreso o en cargar saldo pal celular.

    Dos morras aparecen sobre la pista 1 y son recibidas con una ovación. Hesha por los mismos batos que celebran un gol en el estadio de los Tigres. Somos un solo público. Somos todos un mismo pito que igual se levanta con el niño Maseca del Kikín que con unas tetas operadas.

    Las morras sencueran toditas y desocupan. No se permite el tráfico en la pista. Le toca a otras douglas. Imaginen si llegan a colapsar nalgas contra nalgas, podría ser un accidente como los de Formula 1.

    Para cuando suben las que siguen, el culo de Straub dice suelo. La rola que bailan es Easy Money de King Crimson. Y por primera vez, desde hace 10 años que compró el disco Siamese dream, el pendejo de Straub ntiende. Sto, se confiesa, es un sueño siamés. A sto se refiere el pinshi Billy Corgan. La unión de carne y música es el perfecto sueño siamés. Es tan certera la rola bailada por las teibols que incluso se le para el pito a pesar del ntosque de coca. Es posible que hasta unas gotas de líquido lubricante alcancen a brotarle.

    Se acaba el shou y salen dos morras más. Gemelas. Repetición instantánea. Qué nombre más atinado pa un teibol: Infinito. Entonces, Eva sale del área de privados después de como shingo mil servicios. Segurito más aplaudida quel disco de Neil Young con Pearl Jam.

    No esu turno, sin embargo se trepa a la pista. Nunca hay más de dos shavas arriba. Pero nadie la sordea. Cómo si anda hastal ful. Bien tasha. Con los ojos más vidriosos que una virgencita de guadalupe en miniatura. Por eso Eva scapa al formato. Mientras las otras morras se desprenden de sus prendas con la sórdida monotonía habitual, ella yanda por completo desnuda. Víctima de la química.

    Desafía las reglas. Los preceptos básicos y sagrados del oficio. Obsequiarse al público. Permite que un tumulto de manos la transite. Cada trozo de su carne se ha revelado al manoseo. Eva se entrega, a la trasgresión sensorial, a la auscultación vulgar, a la báscula insultante.

    Eva se reparte, democrática. No como las otras. Que al sentir un dedo más allá de la cancha permitida, se retractan, se repegan a la seguridad que proporciona el tubo. Lejos de ese proletariado rabioso e infiel que las perturba. Eva no. Eva stá perdida. Contraindicada. Straub no lo soporta no lo tolera. Que Eva se regale no es problema.

    Pero el ultraje. El saqueo. Qué le pasa al mánayer que no cambia de pisher. Que alguien hable con el coush de pisheo. Neitamos un relevo del bulpen. Ya van doce carreras en un inin. Eva es latracción dese parque de diversiones ques el Infinito. Su cuerpo es el neón más atrayente. Así, pequeño, plano, moreno, sin shiste. Pero mejor ntrenao pal sexo que aquellos que se revuelcan en la moda de la cirugía. Un cuerpo de niñita que ni creció. Un cuerpo de 18 años endeble, blandengue, que no se derrumba, no se exhausta.

    Se crea una fila pa darle sexo oral. Y Straub se forma. Y Eva stá vi viendo su propio sueño siamés. La mezcla de contacto y la voz de Marilyn Manson que canta Sweet dreams son un mellizo al que Eva se retrae. Se re tribuye. Una mis ma matriz sensorial, receptiva a la que le ha nacido otra pero que son la misma.

    Después de musho ai va lagua, por fin Straub queda frente a ella. Ha sido tan exhaustivo el recorrido para llegar a ella, que se siente como el primer astronauta en pisar la luna. Pero Eva no lo reconoce. Anda pasada. No sacaría a flote ni a su jefa. Es una paleta clavarse con stas morras. Son como los perros. Pero ellas no huelen tu miedo. Perciben tu interés y te man dan a la shingada. Las mujeres pagan remal. Ojalá Jesús no baje pronto a la tierra. Si con los romanos le fue gasho, con las teiboleras no se la va a andar acabando.

    Straub la abraza a la altura la cadera. Eva sólo sonríe, con los ojos cerrados. Ni al casting decirle Qué onda, morrita. Te acuerdas? hace un mes te dije quiba a recibir una prima en el jale y que hoy hoy vendría por ti pa comprar un buen de polvo y enjaularlos en un cuarto hay un hotel rebara por el café Brasil te acuerdas? Me dijiste simón Straub le ponemos yorch y snifamos y snifamos y snifamos.

    Pero qué caso decirle aora Eva tudai is mai dei hace un mes que no baila el muñeco hace un mes que ni siquiera una shaquetita me disparo mestoy reservando pa tus güesos hace un mes sueño con pasarla contigo toda una noche solitos lejos del congal encuerados y todo.

    Eva se safa de los brazos que la retienen. Otra fila, más prolongada, más sensorial, la reclama. Y Straub comienza a oír en su interior una stación de ra dio conocida. El f. m. que le dice que le hace urge un pase. Una rayita. No puede digerir sus emociones sin cocaína. Entre dientes se pregunta: oye dios, qué me has dao, que todo el tiempo quiero star drogado.

    Entral baño a atenderse. Lo primero que ve es a un par de baserolos fumando piedra en unas pipas heshas con botes aplastaos de Tecate. Encimita, lee en la pared: El pinshi sueño siamés existe. Abajo hay otra frase. Dice: Como los Gremlins. Y debajo una más: Como tu shingada madre.

    Uno de los basucos le pasa a Straub la pipa y el encendedor. El otro hace lo mismo. Y Straub empieza a darse. Se quema el pulgar con el encendedor. Por las frases, se acuerda de los Gremlins. Que se reproducían con agua. Todos son siameses, no? Por qué no se parecen, pues?

    Dos saca borrashos del Infinito ntran al baño. El guarura gordo y prietote que stá en la ntrada y otro que no conozco. Quién shingados te dijo que se puede fumar eso aquí, eh puto? Algún pitorra shismeó que staban quemando en el baño. Ecuánime, casi hasta podría afirmar que elegantemente, le quitaron las pipas. Una vez concluida la transacción, comenzaron a madrearlo.

    Lo sacan a patadas en el culo. Pero los putazos ni le saben. Straub anda bien priedrólar. Prendidote. Para un taxi. A ónde va, joven? A la Nuevorepueblo. Durante el vieje tararea today is the greatest day i’ve ever know, cant’ live for tomorrow, tomorrows much to long. La pesadilla se repite. Al parecer sin variaciones. La pesadilla es la misma. No se cumple su sueño siamés. Quemar los 5000 con Eva.

    Regresa solo a casa. A tratar de masturbase sin conseguir eyacular. Hasta quedarse dormido con el miembro fláccido en la mano. Lo sabe. La pesadilla nunca se transforma. Es como una fotografía. Tal vez los sueños siameses existan, pero como otros mushos sueños, sabe que no stán a su alcance.

    Escrito por Carlos Velázquez:


    Escritor mexicano nacido en Torreón, Coahuila, en 1978. Autor de cuento, poesía y reseña; textos suyos han aparecido en revistas de Torreón, Monterrey, la Ciudad de México y Buenos Aires (Argentina). Ha traducido poemas de Jack Kerouac y William Carlos Willams.

  • Hierba quemada

    A causa de aquellos artículos en el periódico, pero sobre todo de los carteles aparecidos una mañana en su casa, Bardem dejó de fotografiar a sus hijos.

    No se sintió aludido al principio; al principio quizá fue una ligera indignación. Después estaría confundido. La más escueta ficha artística de su trabajo decía: Bardem Damiani, 1934, Génova. Las exploraciones de la niñez y de la pubertad caracterizan sus imágenes. La mayoría de sus trabajos han sido muy cuestionados.

    Según los críticos, estos retratos “capturan las emociones confusas de la identidad sexual de una edad transitoria”. El fotógrafo italiano ha redescubierto para muchos una fotografía sin estridencias ni artificios, que conecta nuestro subconsciente a través de imágenes repletas de poesía.

    Niente!, vociferó al leer la única nota decorosa; acto seguido se fue a emborrachar. Pasó mucho tiempo en los bares, viendo desde las enormes o diminutas ventanas —si las había— la marcha militar de los demás, desfilando obedientes frente a sus narices.

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