Narrativa

  • Contrasentido | Sara P. Mateos

     

    Tan tenaz es la esperanza en el corazón humano.

    Albert Camus

     

    Llegó un momento de la historia en que las cosas se cansaron de ser cosas, y las palabras, palabras. No es que estuviera mal ser piedra. En realidad, se vivía muy bien; nada se necesitaba excepto algunos soplos fríos para no tornarse polvo bajo el Sol. Lo molesto era que el hombre topara con ella, la levantara, mirara y tocara por todos lados para al fin descubrir el símbolo de un obstáculo, freno o limitación, una metáfora de su propio camino, a la vez que su máximo contrario. A los que tropezaban dos veces con la misma se les llamaba “necios”, como si ella tuviera algo que ver con esa obstinación y encuentros desafortunados. Luego le hablaban para presumir de su conciencia –que la piedra no tenía–, como si fuera un defecto no poseer lo que no se necesita. read more

  • El desperfecto | Alejandro Badillo

     

    Un trago. El preludio de una burbuja. Una nota ámbar en la garganta del hombre. La espuma que corona el tarro es sólida en la penumbra. El trago ámbar se retuerce en la garganta y él puede observar, a través del tarro, la deteriorada cristalería del bar. Hace calor y siente que invoca –cada vez que se enjuga la frente con el dorso de la mano– parvadas de ratas, insectos que, seguramente, pululan en los mosaicos del piso y que le hacen pensar en uñas sucias, calambres, bestias ciegas. read more

  • Diario de la pradera: el cuento, el ozono y la memoria | Sergio Pitol

    (Publicado originalmente en Crítica 109)

    12 de mayo 2004, miércoles

    Ayer al mediodía me interné en el Centro Internacional de Salud “La Pradera”, a media hora de La Habana; por la tarde exámenes y visita a los doctores. Me explicaron el tratamiento al que me deberé someter; por las mañanas me extraerán sangre, la enriquecerán con ozono en un recipiente al alto vacío y la reintegrarán al organismo por la misma vena. Esa operación no demorará más de una hora. Tendré pues todo el día para descansar, leer, hacer ejercicio en un inmenso jardín, y recapacitar sobre mis males y sus posibles remedios. Estoy atrasado en todos mis trabajos; procuraré escribir y leer con entera tranquilidad. read more

  • Chéjov: Las piezas cortas | Antón Arrufat

    (Rescate)

    Terminé de andar por la casa, asomarme al balcón, lanzar una despaciosa mirada a la ciudad, y tras un largo bostezo me senté a la mesa, delante de mi máquina, dispuesto a escribir, cuando en ese preciso instante tocaron en la puerta. “Salvado”, me dije con una alegría interior y un tono fingido de molestia, pero me levanté de un salto y fui a abrir. En el umbral estaba mi amigo. Pensé que, como ocurrió cuando Coleridge fue interrumpido en la redacción de un poema, el mundo había perdido otra página imperecedera. Nos sentamos, mi amigo y yo, cerca de la mesa y apreté suavemente el botón. read more

  • El encuentro | Tom Lee

    Traducción de Víctor Roberto Carrancá

     

    La última vez que vi a mi hijo fue en la Estación de Waterloo. Había pasado como un año desde nuestro encuentro anterior, una situación que, ordinariamente, no terminaba bien. En aquella ocasión me envió una postal, una fotografía arrugada de un vulgar resort de playa español, timbrada en Bath, con un breve mensaje en el que anunciaba que pasaría por Londres y me preguntaba si podíamos vernos ahí. Esto era algo común para él –ni una llamada, correo electrónico o dirección para responder–. Su presunción me irritaba. Reconocí todo aquello que solía molestarme sobre su persona: esa mezcla de mansedumbre y arrogancia, la perversidad y la probable petición de dinero prestado que vendría después. Consideré llamar a su madre para obtener más información al respecto; pero estas situaciones no solían ameritar tal agravio y decidí acudir al encuentro. read more

  • Insomnios | Edgardo Cozarinsky

     

    para Rafael Ferro

    El mundo y la ciudad donde todo ocurrió estaban saturados de historias.

    Fogwill, La experiencia sensible.

     

    Hay noches de verano en que poco antes de amanecer una brisa fresca alivia el calor de Buenos Aires. Los árboles parecen despertar y el follaje se mece perezoso. Todavía no ha aclarado pero ya se siente en el aire una levedad, una promesa, algo indefinido. Poco más tarde el cielo irá iluminándose sin prisa; una vez más, la mañana confirmará que aquella promesa había sido ilusoria, y poco a poco el calor se insinuará hasta imponerse. Pero antes de que el día se afirme, durante esa hora en que la noche parece frágil pero no claudica, el hombre que no ha querido volver a su casa porque sabe que el sueño no lo espera, que las siluetas fugaces que cruza en su errancia son menos temibles que los fantasmas instalados en su dormitorio, ese hombre busca un bar aun abierto. read more

  • El mono que escribió el Quijote | Alejandro Vázquez Ortiz

     

    Aquestos testos un estrato sintético son –que izen que más valen dos bocados de vaca que siete de patata– de el esperimeto iniciado en los laboratorios de el CSIC3 en el año 2104 del edad Christiana.

    Materia pública es que el investigación terminó durante la Semana Roxa de la Guerra de los 40 lustros. Un bombardeo interrumpiólo cuando lleuaba trabaxando –salvo paralización por la muerte de el suxeto hacia el año 2343– más de 5500 rondhelios. read more

  • La brevedad de la ficción | Juan Carlos Reyes

     

    Hoja de contactos

    Disparaste muy rápido. No me sentí enojado, más bien regañado. Lo consideraba mi maestro y tenía razón. No me digas maestro, ya te dije que aquí vienes a trabajar, no a tomar clases. Parecía sostener en las manos una cinta métrica estirada. Una mano tomándola por encima de su cabeza, lo más alto que su brazo permitía, y el otro extremo entre el índice y el pulgar a la altura del cinturón. Deberían haber enviado a alguien con más experiencia. read more

  • Una pura brasa | Rodrigo Flores Sánchez

    No con el deseo neroniano de gozarnos en la desgracia ajena…

     

    19 de marzo de 2012

    Claudio: te cuento algo y no dices nada?

    César: Cuenta

    Claudio: el sábado fui a la casa de juan rulfo y fue de huevísima

    🙁

    ya no volveré

    César: Neta? Rulfo rifa. Además, a ti te gusta mucho

    Claudio: yo pensaba lo mismo

    César: Qué pasó? Por qué?

    Claudio: ya lo había visto una vez

    pero había sido muy informal

    un día le envié mi cuento La llama

    dije chicle y pega

    y que me contesta read more

  • Tres cuentos parisinos  | Rodolfo Hinostroza

    (Aparecido en Crítica 129)

     

    El sueño americano

     

    Cuando conocí a Jacques, él era lo que se llama un guapo mozo, salido de la Legión Extranjera, lo que le daba una aureola medio maldita que no dejaba de explotar, estaba embarcado en una de esas historias de arribismo social que hacen girar al mundo, y alimentan el romanticismo de las jóvenes burguesas, y se abría paso a empellones y braguetazos en el árido y fascinante terreno social de las altas clases parisinas.

    Acababa de salir, no sin copiosos moretones espirituales y heridas de amor propio, de una hermosa marquesa que lo había mantenido durante años, pero que nunca se había querido divorciar de su marido el marqués, y me anunció que se largaba a Irlanda con su nueva amiga, a criar ovejas Merino en una granja por el lado de Cork. Evidentemente el hombre estaba harto de Paris y sus miserias, donde había fracasado ampliamente en los negocios inmobiliarios que solía emprender. Para decirlo de una vez, estaba quemado en París, y lo mejor para él era hacerse olvidar, en el fondo de una granja de ovejas, en la Verde Erín de los Poetas. read more