Narrativa

  • Diario de los hermanos Goncourt

    Traducción de Armando Pinto

     

    AÑO 1869

    Nos damos el abrazo en el jardín de nuestra casa, al claro de luna de un año nuevo.

    Durante la jornada, llevar nuestro manuscrito a Lacroix, apuntarnos con la Princesa, ese ha sido nuestro primer día del año.

    He visto por primera vez a niños llevar plantas exóticas y pequeñas palmeras como regalos de año nuevo.

    2 de enero

    A propósito de M. de Nieuwerkerke, convertido en blanco y San Sebastián de los pequeños periódicos, me parece que este gobierno echa a sus ministros y altos funcionarios como comida a la oposición, como un ruso en trineo, perseguido por una jauría de lobos amplia y creciente, le echa para detenerla y ganar tiempo, sus provisiones, sus cobijas y sus botas. read more

  • Meteórica | Eduardo Sabugal

     

    Siempre el miedo, porque no se había ido nunca, desde aquel lejano 5 de mayo de una infancia nunca olvidada. A sus siete años el mundo era una inmensidad inofensiva, pero después de aquel día ya el miedo se le había alojado en el cuerpo para no dejarla. La bicicleta, atorada con la enorme raíz de un árbol, había hecho que ella saliera disparada violentamente contra el asfalto de la calle. read more

  • Citrato de sildenafilo | Jorge Morteo

     

    A la farmacia llegas con una especie de camuflaje septuagenario que consta –entre otras cosas- de una gabardina caqui a media pantorrilla y una de esas narices con bigotes postizos a la que el dependiente se le queda viendo sin disimulo, mientras parpadea y esboza una sonrisa estoica. read more

  • Las orillas del mundo | Balam Rodrigo

     Unos días antes habíamos cruzado el río […]

     

    (Veo la canoa, la veo, de dos remos,

    y al canoero de los muertos,

    con la mano en la pértiga).

     

    […] Delante de tu tumba no veo

    el agua que corre como lavatorio en la puerta de los muertos.

    Óscar Oliva

     

    1.

     

    La tarde moría y era una madre de niebla con la cabeza recostada en el temblor del mundo. El bus descendía sin freno hachando valles de serpiente y galerías de helechos arborescentes. read more

  • Tres cuentos tres | José Lorenzo Fuentes

     

    Otelo y la escalera de caracol

     

    Al fin Tulio accedió a contar una buena parte verdadera de su vida:  la forma en que conoció a su mujer y el lugar donde vivió con ella en Paramaribo, en una casa pintada de verde que era un hotel que era una mansión  con todas sus habitaciones desfondadas que era una buhardilla donde únicamente cabían los dos de pie, y esa era la razón  por la cual hacían el amor solo cuando iban al bosque y se sentaban a la sombra de los álamos y los flamboyanes, porque en aquel desván  que era un closet que era una gaveta que era un sobre amarillo con la huella de todos los matasellos de numerosas estaciones de correos no cabía ni el beso furtivo de dos adolescentes. read more

  • En tránsito | Rosana Ricárdez

    Corrimos. Corrimos tanto. Pensamos que habíamos corrido tanto y eran apenas unas cuadras, aunque lo suficiente para sentirnos a salvo. La niña y yo estábamos tan cansadas que, por un momento, me sentí libre. Corrijo, ella estaba asustada. Yo, en cambio, libre. Me sentí libre y enseguida culpable, de esas ocasiones en que dos sentimientos forman un continuum, pensamientos inmediatos, de ésos de indeleble pero delgadísimo borde que se suceden, fronterizos y de difícil distinción. Pero no era un sentimiento de libertad, era una facultad conferida, facultad que sentí momentáneamente mía. Decidí escapar y creí sentir el poder de esa decisión. Decidimos escapar corriendo. read more

  • Los elegidos | Roberto A. Cabrera

     

    Gregorio: Esperaremos la llamada.

    Simón: ¿Y si no telefonea?

    G.: Esperaremos.

    S.: ¿Y si llama cuando hayamos salido? read more

  • Fragmentos sin futuro | D. R. Mourelle

    [Durante los últimos tiempos, distintos fragmentos —voces de ninguna parte bien cercana— me dieron plenamente en la cara; algunos son principios de historias, otros son finales, y los más: interrupciones a la mitad; historias todas ellas que nunca escribiré. Imágenes vagas, incompletas, bajas. Corazones de sangre apagada, detrás de unas risas, o de una burla. Para pasar y olvidar. Como los cardones de la ruta.]

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  • Embarcadero  | Mercedes Álvarez

     

    Temprano, en el embarcadero, había sol. Hacía tiempo que el hombre no recordaba un día como ese. El fulgor se extendía sobre el agua, volviéndola brillante como un manto de estrellas en pleno día. Resplandecía arriba, llenando de oro las casas de las personas, los edificios y los monumentos. Era posible creerse afortunado con un día así –o al menos eso pensaba el hombre–, desde su bote amarrado al poste en el club de remo, con los anteojos de sol puestos y a punto de empezar su entrenamiento de todos los días. El ejercicio era mejor que la obsesión, la obsesión mejor que la tristeza. Pero con un día así, valía la pena ser feliz. read more

  • Muerte anticipada: ahí donde comienza la hoja | Natalia Trigo

     

    Nosotras te traíamos las mujeres. Nosotras te ayudábamos a desmembrarlas. Era cosa de todos los días, mientras tú te sentabas en tu sillón, mientras tú mirabas hacia la bahía de Ensenada, nosotras mirábamos la fila de cuerpos. No las matabas. Las conservabas vivas porque, decías, era la única forma de ayudarlas. “La muerte y yo no nos llevamos, no es el trato que tenemos”. Llegábamos temprano e íbamos en busca de mujeres aunque, a veces, ellas venían a buscarte directamente: “Me dijeron que tú me puedes sacar este dolor que traigo”. “Me contaron que si me cortas aquí se me acabará la angustia”. La gente contaba cosas. La gente hablaba de lo que hacíamos. read more