Narrativa

  • Por una cabeza | Alejandro Badillo

     

    Adelanto de la novela Por una cabeza de próxima publicación por Ficticia Editorial y la Universidad Autónoma de Nayarit. Premio Nacional de Novela Breve Amado Nervo 2016. read more

  • La maternidad suspendida | Gael Montiel

     

    El niño muerto no pasa el plato.

    Está recargado con un brazo sobre la mesa, como si fingiera dormir. Hace unos días empezó a hacer eso cuando no tenía ganas de ir a la escuela ¿ahora ya también lo hacía en sábado? Un hilito de baba helada cuelga de su boca al mantel, acurrucado frente a su cereal a medio acabar. read more

  • Rasgo | Gabriel Wolfson

     

    Puedo también soñar del mismo modo cómo aprendí a caminar,

    pero esto no es cosa que me sirva de mucho. Ahora sé caminar;

    no podré aprenderlo nunca más.

    W. Benjamin

     

    Alguien habla de algún otro. Alguien cruza la pierna y habla. Alguien está sentado frente a una mesa, por qué no, como si a la mitad de algo importante lo hubieran interrumpido. Alguien es interrumpido y alza la cara de lo que lo absorbía. Alguien alza la cara, cruza la pierna y habla, en todo caso para sí mismo. Habla de otro. Dice por ejemplo que ahora el otro está sentado en un banco no pensado en realidad para sentarse sino para subirse en él y así alcanzar los estantes superiores. Está sentado, recargado en los estantes medios y fumando, las cosas normales, la imagen normal. read more

  • La secta del prepucio | Antonio Moreno

     

    para Carlitos Marx, cuyas ideas siempre anticiparán algo.

     

    De Esmirna a Alejandría, y de allí a Ascalón, tierra de Herodes el Grande. Y de Ascalón, el grupo de hombres se desplazó a caballo por diez días con sus noches hacia las legendarias llanuras de los amonitas, descendientes de Amón, hijo menor de Lot. En esas llanuras fue edificado el palacio de Abdul-Rahman Ibn Abi Tálib, imponente por su tamaño y majestuosidad en el decorado, con un jardín interior que también servía de laberinto para los animales exóticos que amenizaban las tardes prolongadas y calurosas de sus inquilinos. read more

  • Contrasentido | Sara P. Mateos

     

    Tan tenaz es la esperanza en el corazón humano.

    Albert Camus

     

    Llegó un momento de la historia en que las cosas se cansaron de ser cosas, y las palabras, palabras. No es que estuviera mal ser piedra. En realidad, se vivía muy bien; nada se necesitaba excepto algunos soplos fríos para no tornarse polvo bajo el Sol. Lo molesto era que el hombre topara con ella, la levantara, mirara y tocara por todos lados para al fin descubrir el símbolo de un obstáculo, freno o limitación, una metáfora de su propio camino, a la vez que su máximo contrario. A los que tropezaban dos veces con la misma se les llamaba “necios”, como si ella tuviera algo que ver con esa obstinación y encuentros desafortunados. Luego le hablaban para presumir de su conciencia –que la piedra no tenía–, como si fuera un defecto no poseer lo que no se necesita. read more

  • El desperfecto | Alejandro Badillo

     

    Un trago. El preludio de una burbuja. Una nota ámbar en la garganta del hombre. La espuma que corona el tarro es sólida en la penumbra. El trago ámbar se retuerce en la garganta y él puede observar, a través del tarro, la deteriorada cristalería del bar. Hace calor y siente que invoca –cada vez que se enjuga la frente con el dorso de la mano– parvadas de ratas, insectos que, seguramente, pululan en los mosaicos del piso y que le hacen pensar en uñas sucias, calambres, bestias ciegas. read more

  • Diario de la pradera: el cuento, el ozono y la memoria | Sergio Pitol

    (Publicado originalmente en Crítica 109)

    12 de mayo 2004, miércoles

    Ayer al mediodía me interné en el Centro Internacional de Salud “La Pradera”, a media hora de La Habana; por la tarde exámenes y visita a los doctores. Me explicaron el tratamiento al que me deberé someter; por las mañanas me extraerán sangre, la enriquecerán con ozono en un recipiente al alto vacío y la reintegrarán al organismo por la misma vena. Esa operación no demorará más de una hora. Tendré pues todo el día para descansar, leer, hacer ejercicio en un inmenso jardín, y recapacitar sobre mis males y sus posibles remedios. Estoy atrasado en todos mis trabajos; procuraré escribir y leer con entera tranquilidad. read more

  • Chéjov: Las piezas cortas | Antón Arrufat

    (Rescate)

    Terminé de andar por la casa, asomarme al balcón, lanzar una despaciosa mirada a la ciudad, y tras un largo bostezo me senté a la mesa, delante de mi máquina, dispuesto a escribir, cuando en ese preciso instante tocaron en la puerta. “Salvado”, me dije con una alegría interior y un tono fingido de molestia, pero me levanté de un salto y fui a abrir. En el umbral estaba mi amigo. Pensé que, como ocurrió cuando Coleridge fue interrumpido en la redacción de un poema, el mundo había perdido otra página imperecedera. Nos sentamos, mi amigo y yo, cerca de la mesa y apreté suavemente el botón. read more

  • El encuentro | Tom Lee

    Traducción de Víctor Roberto Carrancá

     

    La última vez que vi a mi hijo fue en la Estación de Waterloo. Había pasado como un año desde nuestro encuentro anterior, una situación que, ordinariamente, no terminaba bien. En aquella ocasión me envió una postal, una fotografía arrugada de un vulgar resort de playa español, timbrada en Bath, con un breve mensaje en el que anunciaba que pasaría por Londres y me preguntaba si podíamos vernos ahí. Esto era algo común para él –ni una llamada, correo electrónico o dirección para responder–. Su presunción me irritaba. Reconocí todo aquello que solía molestarme sobre su persona: esa mezcla de mansedumbre y arrogancia, la perversidad y la probable petición de dinero prestado que vendría después. Consideré llamar a su madre para obtener más información al respecto; pero estas situaciones no solían ameritar tal agravio y decidí acudir al encuentro. read more

  • Insomnios | Edgardo Cozarinsky

     

    para Rafael Ferro

    El mundo y la ciudad donde todo ocurrió estaban saturados de historias.

    Fogwill, La experiencia sensible.

     

    Hay noches de verano en que poco antes de amanecer una brisa fresca alivia el calor de Buenos Aires. Los árboles parecen despertar y el follaje se mece perezoso. Todavía no ha aclarado pero ya se siente en el aire una levedad, una promesa, algo indefinido. Poco más tarde el cielo irá iluminándose sin prisa; una vez más, la mañana confirmará que aquella promesa había sido ilusoria, y poco a poco el calor se insinuará hasta imponerse. Pero antes de que el día se afirme, durante esa hora en que la noche parece frágil pero no claudica, el hombre que no ha querido volver a su casa porque sabe que el sueño no lo espera, que las siluetas fugaces que cruza en su errancia son menos temibles que los fantasmas instalados en su dormitorio, ese hombre busca un bar aun abierto. read more