Más allá de las relaciones estrictamente personales, que en cierto sentido no nos incumben —aunque a sus participantes, en ocasiones, no les haya importado que eso personal se convirtiera en público: así la mitológica y fastidiosa pelea entre Vargas Llosa y García Márquez, por ejemplo—, se alcanzan a ver tres ejes de actividad del boom en tanto grupo de escritores: 1. la confluencia, durante los estrictos años del boom, en la participación política (los viajes a Cuba, las firmas de desplegados y cartas abiertas, el ser jurados o asesores de Casa de las Américas, las críticas a las dictaduras sudamericanas, en fin); 2. la promoción entre amigos (elogiarse unos a otros, reseñarse unos a otros, recomendarse unos a otros con distintos editores, agentes y traductores, atacar a los enemigos comunes, glorificarse unos a otros); 3. la reflexión sobre la obra de los compañeros de grupo, que si bien se acerca peligrosamente al punto 2, podríamos con buen ánimo juzgar aparte (el libro de Vargas Llosa sobre García Márquez, el de Fuentes sobre la nueva novela, etcétera).




































